No sé si aún estoy enferma de depresión

Soy mujer de 43 años. Tengo tres hijos y no vivo en mi país desde hace cinco años.
Hasta hace cinco años era una mujer felizmente casada, con una familia esplendorosa. Yo era una mujer sana: activa, positiva, fuerte, deportista, creativa, ambiciosa -en el buen sentido de la palabra-, participativa, muy responsable, a pesar de que muchas veces sentía que mi esposo no me era fiel (tal vez era mi imaginación, aunque no lo creo...). Me había casado muy joven con un hombre mayor que yo. Sin darme cuenta sufría un trato un tanto abusivo por parte de él.
Después de 19 años de casada y de haberme volcado en cuerpo y alma a mi familia, conocí a una persona fuera de ese ámbito de la que me enamoré. Con él pude contrastar la vida de pareja que yo llevaba, la cual pude comprobar que no era muy humana. Lo malo de todo es que esta persona me rechazó cuando le cuestioné sobre lo nuestro. Él respondió que no había tal, que él estaba bien en su matrimonio, y adiós. Nunca tuvimos relaciones físicas, todo fue idealista platónico.
El caso es que después de haber sido una buena madre, y todo lo demás, caí en una profunda depresión (de caballo, eso dijo el médico) a causa de esta decepción, aunada a las consecuentes decepciones que sufrí de la gente que me rodeaba -amigos- fuera de mi familia. Todo se vino abajo: mi persona, mi autoestima, en general, mi familia, pues mi esposo se dio cuenta de que estaba enamorisqueada y se puedo como loco el pobre...
Yo no podía hacer nada. Las cosas se me caían de la manos, me tropezaba, me golpeaba en la cabeza, en el cuerpo, no podía dormir, mi memoria no funcionaba y otros tantos etcéteras.
Fui al psiquiatra porque intuía que algo pasaba (no me daba cuenta de lo que tenía, sólo padecía las consecuencias o sólo somatizaba). Me recetó Prozac que me sentó muy mal. Me descompuso más el estado de ánimo. Después vino el Cipralex maravilloso, que fue el que me curó en corto tiempo, tal vez ¿tres meses?, ya no recuerdo, aunado al Lexatín. Tomaba las dosis mínimas, pues mi organismo estaba limpio y es muy susceptible a cualquier químico que no tenga que ver con mi química natural.
Cuando dejé el medicamento, comencé como con paranoias, angustias, mal humor, me sentía extraña, no era yo. O sí era yo, pero como si me viera en un espejo de los que deforman la imagen. No quiero ni acordarme. Creo que ya no soy la misma. Que en lugar de curarme, me podría, que me quedó como una cicatriz, pero queloide, horrorosa.
Han pasado tres o cuatro años de esto. Hoy comienzo a sentirme un poco mal. Inquieta, triste, sin ganas de levantarme, sin expectativas de futuro. Veo que mi matrimonio es alegre, bonito, vital, como antes. Hago las cosas porque las tengo que hacer. Pero pienso en terminarlas pronto para no hacer nada más. Siempre estoy como angustiada. A veces me despierto a media noche con una preocupación muy fuerte que hace levantarme de la cama como si tuviera un resorte en el estómago. Me entran angustias por todo. Tengo miedo a enfermarme, a que a mi familia le suceda algo. Siento que ya no quiero vivir porque la gente, yo misma, no vale la pena. Pienso así porque me doy cuenta de que cuando hablo con la gente me siento irritada si no comparten mi opinión. Me he vuelto intolerante con la gente. No la soporto. Siento que toda la gente está de malas, con caras largas -vivo en europa-, que es fría. Creo que la vida es difícil aquí. Y también en mi país y en cualquier lugar en el que yo esté. No puedo estar conmigo misma porque siento que no podría subsistir yo sola. Me siento débil.
Perdone(n) tanto pesimismo, pero es lo que hay.
Tengo miedo de volver a tomar pastillas.
Me gustaría conquistar mi cuerpo y mente sana curándome con la naturaleza, tal vez con Dios, por qué no. Si es que existe algo así. Tal vez yo tenga derecho a la vida, a pesar de todo.

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El síntoma más característico de la depresión es que el paciente se siente como hundido, con un peso agobiante sobre su existencia, sobre su vitalidadque cada vez lo entorpece más y más para vivir en plenitud.
Los síntomas principales que la definen son:
Tristeza patológica: Se diferencia de la tristeza, que puede ser un estado de ánimo normal como la alegría, cuando alcanza un nivel tal que interfiere negativamente en la vida cotidiana, tanto en lo social como en lo familiar y lo sexual. Aarece sin motivos o tras un acontecimiento significativo. Es una sensación muy profunda, arrasadora. Tanto, que el paciente se siente "en baja", tal como si hubiera perdido el sabor, el placer de vivir. Se considera incapaz de brindar amor o afecto, lo cual aumenta sus sentimientos de culpa. Un dato tremendo: el 15% de los deprimidos termina suicidándose.
Desgano y anhedonia: el sujeto se torna apático, no tiene ganas de nada (ni siquiera de vivir) y nada le procura placer
Ansiedad: es la acompañante habitual del deprimido, que experimenta una extraña desazón, como un trasfondo constante. Cuando la ansiedad prima en el cuadro clínico, estamos frente a una depresión ansiosa. Por lo contrario, cuando predomina la inhibición, se trata de una depresión inhibida; quienes la padecen son personas malhumoradas, irritables, agresivas.
Insomnio: al paciente le cuesta conciliar el sueño y, además, se despierta temprano y de mal talante.
En algunos casos, que constituyen minoría, puede presentarse la hipersomnia (exceso de horas de sueño).
Alteraciones del pensamiento: imagina tener enfermedades de todo tipo; surgen ideas derrotistas, fuertes sentimientos de culpa, obsesiones. El pensamiento sigue un curso lento y monocorde, la memoria se debilita y la distracción se torna frecuente.
Alteraciones somáticas: por lo común surgen dolores crónicos o erráticos así como constipación y sudoración nocturna. Se experimenta una persistente sensación de fatiga o cansancio.
Alteraciones del comportamiento: el paciente tiene la sensación de vivir arrinconado, rumiando sus sinsabores. Puede estar quieto, de manos cruzadas, o explotar en violentas crisis de angustia o en ataques de llanto por motivos insignificantes. Le resulta difícil tomar decisiones y disminuye su rendimiento en el trabajo.
Modificaciones del apetito y del peso: la mayoría de los pacientes pierde el apetito y, en consecuencia, provoca la disminución de peso.
Pérdida del placer: en lo sexual, se llega a la impotencia en el hombre o a la frigidez en la mujer; también disminuye y tiende a desaparecer el contento en el trabajo, en el deporte y en los juegos y otras actividades que anteriormente le eran gratificantes.
Culpa excesiva: siente con exceso la carga de una culpa inexistente, lo cual puede desembocar en delirios.
Pensamiento suicida: los pacientes presentan una preocupación exagerada por la muerte y alimentan sentimientos autodestructivos.
Disminución de la energía: se produce un cansancio injustificado, a veces con variaciones durante el día, muy a menudo más acentuado por la mañana. Las personas afectadas suelen sentirse más fatigadas por la mañana que por la tarde.
Las 10 claves para superar la depresión
1. Actívate, haz todo ese tipo de cosas que antes te generaban ilusión.
2. Positiva tus pensamientos, busca con todo tu interés el lado positivo que todas las cosas tienen.
3. Desarrolla tu autoestima, acéptate como eres, no necesitas ser "más", ríndete, cuanto más quieres cambiarte, más te criticas y más disminuyes la autoestima.
4. Desarrolla tu asertividad y mejora las relaciones personales en tu entorno, con mayor capacidad para defender tus derechos e intereses personales.
5. Vive tus emociones y desarrolla tu inteligencia emocional, aprendiendo a reconocer y aceptar tus emociones aunque no sean agradables, como la tristeza, la soledad o el abandono.
6. Afronta las situaciones y actividades desagradables pendientes, que has tratado de evitar y te ocasionan estrés e inquietud.
7. Establece objetivos en tu vida, aunque sean modestos. Haz una lista y empieza a caminar hacia ellos ¡Ya!
8. Dedica un tiempo al día a relajarte, con actividades como respirar profundamente o practicar relajación.
9. Deja en silencio tu mente, no le des más vueltas a tus pensamientos, es inútil, no luches contra corriente, déjate fluir.
10. Aprende a solucionar tus problemas, mejorando tu capacidad de discernimiento y toma de decisiones.
Consejos para superar una depresión
Si estás deprimido, lo mejor es que hagas algo al respecto. La depresión no se cura sola.
Aparte de pedir ayuda a un médico o terapeuta, hay cinco cosas que puedes hacer para encontrarte mejor.
1. Ejercicio físico.
Anda a paso ligero de 15 a 30 minutos cada día -o baila, haz footing o coge la bicicleta, si lo prefieres. A las personas deprimidas no les suele apetecer estar activas. Pero, de todos modos, fuérzate un poco (pídele a un amigo que te acompañe si lo necesitas para estar motivado). En cuanto hagas del ejercicio un hábito, no tardarás mucho en percibir un cambio a mejor en tu estado de ánimo.
Además del ejercicio aeróbico, algunas posturas de yoga ayudan a aliviar los sentimientos depresivos. Prueba la postura del perro con la cabeza hacia abajo o la de piernas arriba contra la pared (puedes encontrar estas dos posturas en páginas de Internet sobre yoga).
Hay otros dos aspectos del yoga -las técnicas de respiración y la meditación- que también pueden ayudar a encontrarse mejor a las personas con depresión.
2. Cuídate alimentándote bien.
La depresión puede repercutir sobre el apetito. Cuando están deprimidas, a algunas personas no les apetece nada comer, mientras que otras lo hacen en exceso. Si la depresión ha afectado a tus hábitos alimentarios, tendrás que tener muy presente la necesidad de alimentarte bien, ya que la alimentación puede influir sobre el estado de ánimo y el nivel de energía de una persona. O sea que come abundante fruta y verdura y sigue un horario de comidas regular (aunque no tengas hambre, intenta comer algo ligero, como una pieza de fruta, para mantener un buen nivel de energía durante todo el día).
3. Identifica los problemas, pero no les des vueltas.
Intenta identificar las circunstancias que han contribuido a tu depresión. Cuando sepas qué es lo que te ha hecho sentirte triste y decaído y por qué, habla sobre ello con un amigo que te aprecie. Hablar es una forma de dar rienda suelta a los sentimientos y de recibir un poco de comprensión. Si no tienes a quién contárselo, abrir tu corazón escribiendo en un diario te irá igual de bien.
Una vez hayas aireado esos pensamientos y sentimientos, centra la atención en algo positivo. Toma medidas para solucionar tus problemas. Pide ayuda si la necesitas. Sentirse unido a los amigos y la familia puede ayudar a aliviar los sentimientos depresivos. (Y tú también puedes ayudar a tus allegados a sentir que pueden hacer algo por ti en vez de limitarse a ver lo trise que estás.)
4. Exprésate.
Cuando uno está deprimido puede tener la sensación de que tiene bloqueadas la creatividad y la capacidad para disfrutar de las cosas. Pero ejercitando la imaginación (pintando, dibujando, haciendo garabatos, cosiendo, escribiendo, bailando, componiendo música, etc.) no sólo podrás mantener tus jugos creativos fluyendo sino que tal vez te ayude a experimentar emociones positivas. Dedica tiempo a jugar con un amigo o con tu mascota o haz algo divertido a solas. Encuentra algo de qué reírte. La risa ayuda a levantar el ánimo.
5. Ve el lado positivo de las cosas.
La depresión repercute sobre los pensamientos de las personas, haciendo que todo parezca negro, triste y negativo. Si la depresión te está hacienda ver solamente lo malo de la vida, haz un esfuerzo por ver las cosas buenas. Primero concéntrate en ver una cosa positiva, luego intenta buscar otra más. Considera tus puntos fuertes, tus dones y lo afortunado que eres en algunos aspectos. Y, sobre todo, no te olvides de tener paciencia contigo mismo. La depresión no se cura de la noche a la mañana.
Te agradezco el tiempo que tomaste en responderme. Sin embargo siento que la respuesta es una plantilla, una información que no es personalizada. Cuando te refieres a mi lo haces en masculino cuando sabes que soy mujer. No es que sea feminista, pero me esperaba algo más, digamos, personal y no sentirme como un número más en la estadística de la depresión.
En fin, que gracias mil por tratar de ayudar a la gente.

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