Me siento culpable ante las relaciones sexuales

... Yo nunca he tenido tenido relaciones porque siempre se me dijo que era malo, todo esto me ha llenado de dudas en mi cabeza... Resulta que cuando quiero intentar algún acercamiento no puedo, me siento mal y culpable y no seporque, entonces comienzo a cortarme para sentirme mejor... Porque no puedo con la culpa, yo sé que esta mal que me corteen las muñeca... Pero realmente no se porque lo hago, entonces había decido no tener ese tipo de acercamiento (me refiero a relaciones sexuales)... Mi pregunta a que se deberá esto...
La verdad trato tomarlo con toda la madurez posible, pero no logro entender porque me sucede eso...

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Respuesta
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La sexualidad humana no está hecha para usarla como una forma de pasarlo bien, ni para rebajar tensión, ni para
"liberarse". La sexualidad incluye un componente físico, pero también un componente psicológico y afectivo. La
sexualidad de la mujer en su componente profundo y mental le requiere amor al hombre que tiene relaciones sexuales
con ella, deseo de permanencia con él, deseo de que ese momento tan íntimo dure para siempre.
También la psicología femenina está preparada por la Naturaleza para el amor a los demás, para el servicio, para
sacrificarse por los demás, para ser útil a los seres que ama. Especialmente esta preparada y desea servir a su
hijo, al niño pequeño que ha crecido en sus entrañas y que necesita de todo su amor y cariño para venir al mundo y,
después, para desarrollarse como persona.
El problema con que te enfrentas ahora es consecuencia de la cultura en que vivimos, en que existe un fuerte
componente económico con la industria del sexo. La industria del sexo es una de las más lucrativas a nivel mundial,
junto con la droga y las industrias de la guerra. Esta cultura propone que hay que "liberarse", que hay que
"disfrutar", que hay que tener relaciones sexuales de forma frívola e incompleta, cuanto más frecuentes mejor, y
con cuanta más gente mejor. Así ganamos "experiencia".
Te has creído que la sexualidad es sexo (copular, semen, pene, piel, etc.: o sea: todo lo externo, lo superficial,
lo mecánico, lo que vale menos). La industria del sexo tiene muchos medios materiales a a su alcance. Tiene
expertos en marketing que venden la esclavitud con mensajes atractivos.
Das importancia a lo que menos vale. El amor es algo espiritual, profundo. Tener relaciones genitales o de "lío" es
una cosa superficial, de roce. También tienen relaciones de ese tipo los artistas en las películas, aunque no se
amen, También Judas traicionó a Jesús con un beso. Hay mucha gente que besa a otro y no le ama.
Ojo amor no es el acto sexual. Hay actos sexuales que llevan amor y otros que no lo llevan. Por ejemplo violar a
otra persona contra su voluntad no lleva nada de amor. El amor es espiritual y esta en otro nivel que el cuerpo.
Los mentirosos te pretenderán engañar diciendo que hay que hacer el amor; (ya me entiendes a qué se refieren). ES
MENTIRA. El amor va con tu espíritu no con actos corporales que son comunes con los animales.
Los animales no aman, copulan. Las personas pueden amar y copular a la vez (y entonces actúan como personas) o
pueden copular sólo (y entonces están rechazando la dignidad a que han estado llamados cuando fueron creados
distinto de los animales).
Por eso tienes que aprender a saber si amas o no analizando tu espíritu, tu conciencia. No si tuviste relaciones o
no, si diste un beso o te lo dejaron de dar, o si tocas o si dejas de tocar.
También observa si el hombre al que amas te ama o no te ama: analizando su espíritu. No solo porque tengas
relaciones con un hombre te ama. Eres para él un pasatiempo sin valor. Tu persona, tus sentimientos, tu espíritu,
no valen nada para é l. Se aprovecha de tu cuerpo para pasar el rato, pero no existe ningún vínculo emocional
contigo.
Desde luego dos enamorados se aman independientemente si se besan o no. También es propio del amor verdadero el
procurar amar al amado en privado, no delante de amigos o amigas en que se busca más el egoísmo propio de decir a
los demás con gestos y actitudes: Fíjate bien qué cacho de tío (o de tía) me he ligado;. Los que hacen eso se
buscan a sí mismos y utilizan al otro como el cazador muestra sus trofeos de caza delante de sus amistades.
Lo que cuentas de que a veces buscas de tener relaciones con uno y con otro tipo "lío" demuestra que no tienes
madurez sexual y sólo te fijas en los hombres desde el punto de vista físico. Te falta buena formación. La
sexualidad plena requiere el compromiso psicológico además del corporal. Establecer un vínculo de afectividad que
busque el bien integral del otro como persona. La fidelidad, el compromiso firme con el amado, hace madurar la
personalidad del que ama así. Tú aunque seas una mujer apuesta y atractiva y adulta de cuerpo eres como una niña de
tres años en cuanto a madurez sexual se refiere. No te enfades conmigo porque te lo diga así de claro. Analiza lo
que me dices: no tienes control sobre tus impulsos animales. Tu espíritu no manda sobre tu cuerpo y por eso ahora
te sientes mal. Para ser feliz, el espíritu ha de dominar al cuerpo y no ser esclavos del cuerpo, sus pasiones y
sus egoísmos.
DEMUESTRA que tu espíritu y tus fueras psicológicas se están resistiendo y rebelando contra ti, pues dudas en no
tener en cuenta las necesidades de amor que te reclama tu espíritu, y perder el tiempo con muchos y diversos
hombres teniendo relaciones carnales con ellos, "divirtiéndote".
Resumiendo: no te fijes en lo accesorio, fíjate en lo fundamental. Analiza el espíritu tuyo y el espíritu del otro
por ver si hay en la relación amor o egoísmo. Cuando ames de verdad estarás feliz y no tendrás ningún problema. Lo
verás todo muy claro. El malestar que sientes ahora es porque tu alma nota que lo que te propone la cultura del mal
y del pecado, no es la verdadera felicidad.
Te recomiendo que te compres el libro PARA SALVARTE; del P. Jorge Loring. Aquí se explican muchas cosas de las
relaciones entre hombres y mujeres, desde el punto de vista del verdadero amor. También cómprate algún libro de la
Madre Teresa de Calcuta, y te enterarás de lo que es el amor. Puedes consultar sobre el P. Loring en
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de verdad
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sexo.
Un cordial saludo con los mejores deseos para tu felicidad.
Sexo y sentimientos: ¿Es necesario aprender?
>> Cuanto más vacío
Está un corazón,
más pesa.
Madame Amiel Lapeyre
El amor y el sexo
El amor es la realización más completa de las posibilidades del ser humano. Es lo más íntimo y más grande, donde
encuentra la plenitud de su ser, lo único que puede absorberle por entero.
Y el placer que se deriva de su expresión en el amor conyugal, es quizá el más intenso de los placeres corporales,
y también quizá el que más absorbe.
El entusiasmo que produce un enamoramiento limpio y sincero saca al hombre o a la mujer de sí mismos para
entregarse y vivir en y para el otro: es el entusiasmo mayor que tienen en su vida la mayoría de los seres humanos.
Cuando el placer y el amor se unen a la entrega mutua, es posible entonces alcanzar un alto grado de felicidad y de
placer. En cambio -como ha escrito Mikel Gotzon Santamaría-, cuando prima la búsqueda del simple placer físico, ese
placer tiende a convertirse en algo momentáneo y fugitivo, que deja un poso de insatisfacción. Porque la
satisfacción sexual es en realidad solo una parte, y quizá la más pequeña, de la alegría de la entrega sexual con
alma y cuerpo propia de la entrega total del amor conyugal.
-Pero no siempre es fácil distinguir lo que es cariño de lo que es hambre de placer.
A veces es muy claro. Otras, no tanto. En cualquier caso, en la medida en que se reduzca a simple hambre de placer,
se está usando a la otra persona. Y eso no puede ser bueno para ninguno de los dos. Cuando se usa a otra persona,
no se la ama, ni siquiera se la respeta, porque se utiliza y se rebaja su intimidad personal.
El terreno sexual ofrece, más que otros, ocasiones de servirse de las personas como de un objeto, aunque sea
inconscientemente. La dimensión sexual del amor hace que este pueda inclinarse con cierta facilidad a la búsqueda
del placer en sí mismo, a una utilización sexual que siempre rebaja a la persona, pues afecta a su más profunda
intimidad.
Al ser el sexo expresión de nuestra capacidad de amar, toda referencia sexual llega hasta lo más hondo, al núcleo
más íntimo, e implica a la totalidad de la persona. Y precisamente por poseer tan gran valor y dignidad, su
corrupción es particularmente perniciosa. Cada uno hace de su amor lo que hace de su sexualidad.
Aprender a amar
El hombre, para ser feliz, ha de encontrar respuesta a las grandes cuestiones de la vida. Entre esas cuestiones que
afectan al hombre de todo tiempo y lugar, que apelan a su corazón, que es donde se desarrolla la más esencial trama
de su historia, está, incuestionablemente, la sexualidad.
Por eso es preciso encontrar respuesta a preguntas capitales como: ¿Qué debo hacer para educar mi sexualidad, para
ser dueño de ella?, pues el cuerpo de la otra persona se presenta a la vez como reflejo de esa persona y también
como ocasión para dar rienda suelta a un deseo de auto satisfacción egoísta.
-¿Consideras entonces la sexualidad un asunto muy importante?
El gobierno más importante es el de uno mismo. Y si una persona no adquiere el necesario dominio sobre su
sexualidad, vive con un tirano dentro.
La sexualidad es un impulso genérico entre cualquier macho y cualquier hembra. El amor entre un hombre y una mujer,
en cambio, busca la máxima individualización.
Y para que el cuerpo sea expresión e instrumento de ese amor individualizado, es necesario dominar el cuerpo de
modo que no quede subyugado por el placer inmediato y egoísta, sino que actúe al servicio del amor.
Porque, si no se educa bien la propia afectividad, es fácil que, en el momento en que tendría que brotar un amor
limpio, se imponga la fuerza del egoísmo sexual. En el momento en que la sexualidad deja de estar bajo control,
comienza su tiranía. Chesterton decía que pensar en una desinhibición sexual simpática y desdramatizada, en la que
el sexo se convierte en un pasatiempo hermoso e inofensivo como un árbol o una flor, sería una fantasía utópica o
un triste desconocimiento de la naturaleza y la psicología humanas.
Un cierto "entrenamiento"
Solo las personas pueden participar en el amor. Si una persona permite que su mente, sus hábitos y sus actitudes se
impregnen de deseos sexuales no encaminados a un amor pleno, advertirá que poco a poco se va deteriorando su
capacidad de querer de verdad. Está permitiendo que se pierda uno de los tesoros más preciados que todo hombre
puede poseer.
Si no se esfuerza en rectificar ese error, el egoísmo se hará cada vez más dueño de su imaginación, de su memoria,
de sus sentimientos, de sus deseos. Y su mente irá empapándose de un modo egoísta de vivir el sexo.
Tenderá a ver al otro de un modo interesado. Apreciará sobre todo los valores sensuales o sexuales de esa persona,
y se fijará mucho menos su inteligencia, sus virtudes, su carácter o sus sentimientos. El señuelo del placer
erótico antes de tiempo suele ocultar la necesidad de crear una amistad profunda y limpia.
Además, una relación basada en una atracción casi solo sensual, tiende a ser fluctuante por su propia naturaleza, y
es fácil que al poco tiempo -al devaluarse ese atractivo- aquello acabe en decepción, o incluso en una reacción
emotiva de signo contrario, de antipatía y desafecto.
-¿Y consideras difícil de rectificar ese deterioro en el modo de ver el sexo?
Depende de lo profundo que sea el deterioro. Y, sobre todo, de si es firme o no la decisión de superarlo. Lo
fundamental es reconocer sinceramente la necesidad de dar ese cambio, y decidirse de verdad a darlo. Es como un
reto: hay que purificar, llenar de luz la imaginación, de limpidez la memoria, de claridad los sentimientos, los
deseos.
Es -en otro ámbito mucho más serio- como entrenarse para recuperar la frescura y la agilidad después de haber
perdido la buena forma física.
-¿Y no suena un poco artificial eso de "entrenarse"? ¿No basta con tener las ideas claras?
En el amor, como sucede en la destreza en cualquier deporte, o en la mayoría de las habilidades profesionales, o en
tantas otras cosas, si no hay suficiente práctica y entrenamiento, las cosas salen mal.
Para aprender a leer, a escribir, a bailar, a cantar, o incluso a comer, hace falta proponérselo, seguir un cierto
aprendizaje y adquirir un hábito positivo. Si no, se hace de manera tosca y ruda. Para expresar bien cualquier cosa
con un poco de gracia conviene entrenarse, cultivarse un poco. Cuando una persona no lo hace, le resulta difícil
expresar lo que desea. Siente la frustración de no poder comunicar lo que tiene dentro, de no poder realizar sus
ilusiones. Y eso sucede tanto al expresarse verbalmente como al expresar el amor. Si no educamos nuestra capacidad
de amar y de entregarnos por entero, en lugar de expresar amor nos comportaremos de forma ruda, como sucede a quien
no sabe hablar o no sabe comer.
Cultivarse así es un modo de aproximarse a lo que uno entiende que debe llegar a ser. Con ese esfuerzo de
automodelado personal, de autoeducación, el hombre se hace más humano, se personaliza un poco más a sí mismo.
Educar la sexualidad
Es una lástima que muchos limiten la educación sexual a la información sobre el funcionamiento de la fisiología o
la higiene de la sexualidad. Son cosas indudablemente necesarias, pero no las más importantes, y además son cosas
que casi todos hoy saben ya de sobra.
En cambio, el autodominio de la apetencia sexual, y por tanto, de la imaginación, del deseo, de la mirada, es una
parte fundamental de la educación de la sexualidad a la que pocos dan la importancia que tiene.
-¿Y por qué le das tanta importancia?
Si no se logra esa educación de los impulsos, la sexualidad, como cualquier otra apetencia corporal, actuará a
nivel simplemente biológico, y entonces será fácilmente presa del egoísmo típico de cualquier apetencia corporal no
educada. La sexualidad se expresará de forma parecida a como bebe o come o se expresa una persona que apenas ha
recibido educación.
Necesitamos una mirada y una imaginación entrenadas en considerar a las personas como tales, no como objetos de
apetencia sexual. Por eso, cuando en la infancia o la adolescencia se introduce a las personas a un ambiente de
frecuente incitación sexual, se comete un grave daño contra la afectividad de esas personas, un atentado contra su
inocencia y su buena fe.
-¿No exageras un poco?
Aunque suene quizá un poco fuerte, pienso que no exagero, porque todo eso tiene algo como de ensañamiento con un
inocente. Romper en esos chicos y chicas el vínculo entre sexo y amor es una forma perversa de quebrantar su
honestidad y su sencillez, tan necesarias en esa etapa de la vida. Los primeros movimientos e inclinaciones
sexuales, cuando aún no están corrompidos, tienen un trasfondo de entusiasmo de amor puro de juventud. Irrumpir en
ellos con la mano grosera de la sobre excitación sexual daña torpemente la relación entre chicas y chicos. En
palabras de Jordi Serra, "no se les maltrata atándolos con una cadena, pero se les esclaviza sumergiéndoles en un
mundo irreal".
Tihamer Toth decía que la castidad es la piedra de toque de la educación de la juventud. Por la intensidad y
vehemencia del instinto sexual, esta virtud es de las que mejor manifiesta el esfuerzo personal contra el vicio.
Quizá por eso la historia es testigo de que el respeto a la mujer siempre ha sido un índice muy revelador de la
cultura y la salud espiritual de un pueblo.
Autodominio sobre la imaginación y los deseos
Igual que el uso inadecuado del alcohol conduce al alcoholismo, el uso inadecuado del sexo provoca también una
dependencia y una sobre excitación habitual que reducen la capacidad de amar.
Y de manera semejante a como el paladar puede estragarse por el exceso de sabores fuertes o picantes, el gusto
sexual estragado por lo erótico se hace cada vez más insensible, más ofuscado para percibir la belleza, menos capaz
de sentimientos nobles y más ávido de sensaciones artificiosas, que con facilidad conducen a desviaciones extrañas
o a aburrimientos mayúsculos.
Sobrealimentar el instinto sexual lleva a un funcionamiento anárquico de la imaginación y de los deseos. Cuando una
persona adquiere el hábito de dejarse arrastrar por los ojos, o por sus fantasías sexuales, su mente tendrá una
carga de erotismo que disparará sus instintos y le dificultará conducir a buen puerto su capacidad de amar.
-¿Y no hay otra solución que reprimirse?
Pienso que no es tanto cuestión de reprimir ese impulso como de encauzar bien los sentimientos. Basta que la
voluntad se oponga y se distancie de los estímulos que resultan negativos para la propia afectividad.
Es preciso frenar los arranques inoportunos de la imaginación y del deseo, para así ir educando esas potencias, de
manera que sirvan adecuadamente a nuestra capacidad de amar. Entender esto es decisivo para captar el sentido de
ese sabio precepto cristiano que dice "no consentirás pensamientos ni deseos impuros".
Quien se esfuerza en esa línea, poco a poco aprenderá a convivir con su propio cuerpo y con el de los demás, y los
tratará conforme a la dignidad que poseen. Gozará de los frutos de haber adquirido la libertad de disponer de sí y
de poder entregarse a otro. Vivirá con la alegría profunda de quien disfruta de una espontaneidad madura y
profunda, en la que el corazón gobierna a los instintos.
¿Hay algo malo en el placer?
>> Si las acciones humanas
Pueden ser nobles, vergonzosas o indiferentes,
lo mismo ocurre con los placeres correspondientes.
Hay placeres que derivan de actividades nobles,
y otros de vergonzoso origen.
Aristóteles
Una ansiosa búsqueda
«Buscaba el placer, y al final lo encontraba -cuenta C. S. Lewis en su autobiografía.
»Pero enseguida descubrí que el placer (ese u otro cualquiera) no era lo que yo buscaba. Y pensé que me estaba
equivocando, aunque no fue, desde luego, por cuestiones morales; en aquel momento, yo era lo más inmoral que puede
ser un hombre en estos temas.
»La frustración tampoco consistía en haber encontrado un placer rastrero en vez de uno elevado.
»Era el poco valor de la conclusión lo que aguaba la fiesta. Los perros habían perdido el rastro. Había capturado
una presa equivocada. Ofrecer una chuleta de cordero a un hombre que se está muriendo de sed es lo mismo que
ofrecer placer sexual al que desea lo que estoy describiendo.
»No es que me apartara de la experiencia erótica diciendo: ¡Eso no! Mis sentimientos eran: bueno, ya veo, pero ¿no
nos hemos desviado de nuestro objetivo?
»El verdadero deseo se marchaba como diciendo: ¿Qué tiene que ver esto conmigo?»
Así describe C. S. Lewis sus errores y vacilaciones en el camino de la búsqueda de la felicidad. La ruta del placer
había resultado infructuosa. Llevaba años rastreando tras una pista equivocada: «Al terminar de construir un templo
para él, descubrí que el dios del placer se había ido».
La seducción del placer, mientras dura, tiende a ocupar toda la pantalla en nuestra mente. En esos momentos, lo
promete todo, parece que fuera lo único que importa. Sin embargo, muy poco después de ceder a esa seducción, se
comprueba el engaño. Se comprueba que no saciaba como prometía, que nos ha vuelto a embaucar, que ofrecía mucho más
de lo que luego nos ha dado. Seguíamos de cerca el rastro, pero lo hemos vuelto a perder.
Basta un pequeño repaso por la literatura clásica para constatar que esa ansiosa búsqueda del placer sexual no
tiene demasiado de original ni de novedoso. En la vida de pueblos muy antiguos se ve que habían agotado ya bastante
sus posibilidades, que por otra parte tampoco dan mucho más de sí. La atracción del sexo es indiscutible,
ciertamente, pero el repertorio se agota pronto, por mucho que cambie el decorado.
Placer y felicidad
Hay unas claras notas de distinción entre el placer de la felicidad:
* La felicidad tiene vocación de permanencia; el placer, no. El placer suele ser fugaz; la felicidad es duradera.
* El placer afecta a un pequeño sector de nuestra corporalidad, mientras que la felicidad afecta a toda la persona.
* El placer se agota en sí mismo y acaba creando una adicción que lleva a que las circunstancias estrechen más aún
la propia libertad; la felicidad, no.
* Los placeres, por sí solos, no garantizan felicidad alguna; necesitan de un hilo que los una, dándoles un
sentido.
Las satisfacciones momentáneas e invertebradas desorganizan la vida, la fragmentan, y acaban por atomizarla.
Quevedo insistía en la importancia de tratar al cuerpo "no como quien vive por él, que es necedad; ni como quien
vive para él, que es delito; sino como quien no puede vivir sin él. Susténtale, vístele y mándale, que sería cosa
fea que te mandase a ti quien nació para servirte".
Por su parte, Aristóteles aseguraba que para hacer el bien es preciso esforzarse por mantener a raya las pasiones
inadecuadas o extemporáneas, pues las grandes victorias morales no se improvisan, sino que son el fruto de una
multitud de pequeñas victorias obtenidas en el detalle de la vida cotidiana. La felicidad se presenta ante nosotros
con leyes propias, con esa terquedad serena con que presenta, una vez y otra, la inquebrantable realidad.
¿Evitar el placer?
El placer y el dolor tienen un innegable protagonismo en la vida de cualquier hombre, condicionan siempre de alguna
manera sus decisiones.
-Pero ni el placer ni el dolor son malos o buenos de por sí.
En efecto. Lo que sí es malo es dejarse vencer por el placer o por el dolor. Lo malo es obrar mal por disfrutar de
un placer o por evitar un dolor.
Se puede sentir placer sin ser feliz, y también se puede ser feliz en medio del dolor. De ahí la necesidad -lo
decía Platón- de haber sido educado desde joven "para saber cuándo y cómo conviene sufrir o disfrutar", pues igual
que hay acciones nobles y acciones indignas, podemos decir que hay placeres nobles y placeres indignos. La
adecuación de la conducta a este criterio es objeto de la educación moral.
El peaje de la renuncia
Son muchas las cosas que el hombre desea, y para alcanzar cada una de ellas ha de renunciar a otras, aunque esa
renuncia le duela. Aristóteles decía que no hay nada que pueda sernos agradable siempre.
Toda elección conlleva una exclusión. Por eso, cuando se elige, es importante acertar, sin demasiado miedo a la
renuncia, pues detrás de lo atractivo no siempre está la felicidad. Tanto el placer como la felicidad llevan
siempre consigo asociada alguna renuncia.
La solución tampoco está en la supresión de todo deseo, porque sin deseos la vida del hombre dejaría de ser
propiamente humana. El hombre se humaniza cuando aprende a soportar lo adverso, a abstenerse de lo que puede
hacerse pero no debe hacerse. Este es el precio que debe pagar nuestra inexorable tendencia a la felicidad, si
queremos alcanzar lo que de ella es posible en esta vida. Lo sensato es dejarse conducir por la razón para no
asustarse ante el dolor ni dejarse atrapar por el placer.
Igual que guardar la salud exige un cierto esfuerzo y una cierta disciplina, pero gracias a eso te sientes mucho
mejor, la castidad fortalece el interior del hombre y le proporciona una honda satisfacción. Cuando no se cede al
egoísmo sexual, se alcanza una mayor madurez en el amor, en el que la castidad sublima la intensidad de los
sentimientos. Surge una luz transparente en los ojos y una alegría radiante en la cara, que otorgan un atractivo
muy especial.
-¿Y no suele hablarse demasiado de prohibiciones en la ética sexual?
Hasta ahora apenas hemos hablado de prohibiciones, sino de un modelo y un estilo de vida positivos, que son la
clave de todo.
De todas formas, aunque la clave de la ética no son las prohibiciones, tampoco puede obviarse que toda ética supone
mandatos y prohibiciones. Cada prohibición custodia y asegura unos determinados valores, que de esa forma se
protegen y se hacen más accesibles. Esas prohibiciones, si son acertadas, ensanchan los espacios de libertad de
valores importantes para el hombre. Así sucede en cualquier ámbito moral o jurídico: proteger el derecho a la vida,
a la propiedad, al medio ambiente, a la intimidad, etc., supone prohibiciones y obligaciones para uno mismo y para
los demás; de lo contrario, todo quedaría en una ingenua e ineficaz manifestación de intenciones.
La moral no puede verse como una simple y fría normativa que coarta, y mucho menos como un mero código de pecados y
obligaciones. Hay ciertamente prohibiciones y mandatos, pero se remiten a unos valores que así se protegen y
fomentan. Las exigencias de la moral vigorizan a la persona, la aúpan a su desarrollo más pleno, a su más auténtica
libertad.
¿Una obsesión inducida?
>> El amor casto
Engrandece a las almas.
Víctor Hugo
La omnipresencia del sexo
Es cierto que, desde que el mundo es mundo, el sexo ha tenido siempre una gran presencia en todas las
civilizaciones. El instinto de conservación y el instinto sexual (que es como el instinto de conservación de la
especie) son los impulsos más fuertes a los que el hombre, desde siempre, ha estado sometido.
Sin embargo, estamos quizá ahora en una época un tanto especial. Como afirma Julián Marías, "el sexo ocupa un
espacio absolutamente incomparable con el que le correspondía en cualquier otra época". Es un reclamo comercial que
se difunde masivamente, y la presencia de imágenes y estímulos sexuales en la vida del hombre de hoy no tiene
comparación con ningún otro tiempo ni cultura.
Un alto porcentaje de los impulsos eróticos del hombre o la mujer de hoy son consecuencia directa de alguna
incitación artificial, casi siempre mediante imágenes en los medios de comunicación o de entretenimiento, o bien
del recuerdo de esas imágenes que permanece en la memoria y alimenta la imaginación. Y casi todas proceden de
imágenes de televisión, vídeo, cine, internet, videojuegos, ilustraciones de revistas..., que son medios que hace
no muchas décadas no existían, o al menos se tenía a ellos un acceso muy limitado. Y son imágenes que se presentan,
por lo general, de modo incitante o provocador.
No quiero con esto caer en esa queja un tanto simple, que se ha repetido en todos los tiempos, acerca de la
inmoralidad dominante en comparación con épocas anteriores. No estoy a favor de ese tópico que hace a tantos a
agrandar los males presentes e idealizar lo pasado, entre otras cosas porque no sería serio pensar que nuestra
época es mucho peor que otras en las que se dijo exactamente lo mismo. Pienso que unas cosas habrán mejorado
respecto a épocas pasadas, y otras, lo contrario. Pero es un hecho que en la actualidad el estímulo sexual está
hipertrofiado en muchos ambientes y muchas personas, porque ese aluvión de imágenes incitantes conduce con
facilidad a una cierta obsesión, en buena parte inducida y, desde luego, poco favorable para el sano desarrollo de
la psicología y la moralidad de cualquiera. Cuando se ve que para muchos el sexo se convierte en tema recurrente de
sus conversaciones, objeto constante de sus deseos y ansiedad enfermiza de sus pensamientos, no sería muy
aventurado decir que la genitalidad ha invadido sus mentes y ha dejado baldías grandes áreas de sus potencialidades
humanas.
-Bueno, es que ha habido una etapa de represión sexual, y es lógico que ahora venga un poco de obsesión por el
sexo.
Me parece que hay que ser comprensivos con los efectos pendulares, que llevan a veces a extremos erróneos como
reacción a otras etapas en el error contrario. Pero no puede decirse que sea conducta propia de mentes
esclarecidas. La obsesión sexual no es el tratamiento más adecuado para curar a nadie de unos años de represión.
La sobreexposición a lo erótico supone un perjuicio notable para la afectividad y la moralidad del hombre, y quizá
hasta ahora la sociedad no lo ha valorado suficientemente. Por eso es tan grave el daño que producen quienes hacen
negocio explotando las pasiones más bajas de los demás, pues se enriquecen a costa de atropellar la moral de las
personas y del ambiente social.
Un daño para la afectividad
Muchas personas se encuentran con que la imagen que en su interior tienen del sexo está distorsionada. Notan que
sus ojos se han enturbiado. Que se ha dañado su afectividad, y su imagen del sexo no es precisamente la de un modo
de expresar amor tierno y profundo a la persona amada. Que su imaginación y su memoria están artificial y
enfermizamente polarizadas hacia el deseo sexual.
-¿Y qué crees que deben hacer?
Para descubrir la riqueza del amor pleno, para llegar a conocer y a enamorarse de verdad, y no simplemente desear a
otro para saciar el afán de sexo, necesitarán un notable esfuerzo para que su atención no quede absorbida por los
aspectos externos y meramente sexuales de la otra persona.
De entrada, conviene no asombrarse demasiado al ver lo intenso que puede llegar a ser el instinto sexual
sobrealimentado por esa omnipresencia de lo erótico. Ese tirón puede ser en efecto muy fuerte, y por momentos
presentarse incluso de modo agobiante. Encauzarlo rectamente será indudablemente costoso, pero no un esfuerzo
permanente, pues se presenta solo en algunos momentos puntuales. Para quien aprende a mantenerse a una prudente
distancia de las ocasiones más claras, puede decirse que es solo un pequeño conjunto de esfuerzos aislados que no
cuestan tanto.
Además, abandonarse al mal uso del sexo suele resultar aún más fatigoso, y con facilidad lleva a angustias y
conflictos psicológicos. Basta pensar, por ejemplo, en la ansiedad del chico o la chica que, en vez de disfrutar de
la amistad o del noviazgo, pasa la noche probando estrategias diversas, con todo su cortejo de tensiones y
frustraciones, hasta conseguir seducir a su presa..., para comprobar después que aquel placer tan anhelado... no
era para tanto.
En cambio, la lucha por vivir la castidad brinda al hombre una oportunidad de ganar mucho precisamente en su
dignidad como persona, pues una de las cosas que nos distinguen de los animales es que somos capaces de educar
nuestros impulsos.
¿Y cómo Dios nos lo ha puesto tan difícil?
-¿Y por qué Dios ha puesto en el hombre ese deseo tan intenso, si luego resulta que es malo?
Ya hemos dicho que el deseo sexual no es malo de por sí, ni mucho menos. La lujuria -el mal uso del sexo- es una
deformación de la legítima apetencia sexual humana, igual que el cáncer de hígado es una alteración del hígado,
órgano que nada tiene de innoble. Confundir el deseo sexual con la lujuria sería como confundir un órgano con el
tumor que lo está destruyendo.
De la misma manera que un tumor destruye un órgano cuando sus propias células tienen un desarrollo ajeno a su
función natural, puede decirse que la búsqueda del placer sexual fuera de sus leyes naturales produce una
alteración en la función sexual natural del hombre.
Las grandes energías (como el impulso sexual, sin el que la persona no puede madurar como tal), si se desconectan
de su unidad humana originaria, pueden desplegar un gran poder de destrucción. La sexualidad bien vivida en el
matrimonio es algo estupendo, pero fuera de sus límites naturales es algo realmente peligroso: igual que es
estupendo hacer fuego un día de invierno en la chimenea, pero es peligroso encenderlo encima de la moqueta o del
sofá.
Arte y pornografía
-¿Y no se exagera un poco a veces con lo que supone el desnudo? No siempre tiene que considerarse pornográfico,
puede ser una expresión artística.
En todas las épocas, y sobre todo desde el arte clásico griego, existen obras cuyo tema es el cuerpo humano
desnudo. Y si son verdadero arte, esas obras ayudan a comprender el misterio personal del hombre, y no incitan a
rebajar al hombre o la mujer a un mero objeto de placer. El arte verdadero ennoblece todo lo que es humano,
mientras que la pornografía convierte la intimidad humana en un objeto de deseo público.
La enseñanza de la Iglesia católica no está en contra del desnudo artístico, sino en contra de la desnaturalización
del sexo mediante su utilización comercial o su deliberada exhibición ante terceras personas, porque tales
conductas degradan la dignidad de la comunicación sexual y envilecen a las personas. Hay multitud de obras de arte
cuyo tema es el cuerpo humano en su desnudez, y su contemplación nos permite centrarnos, en cierto modo, en la
verdad total del hombre, en la dignidad y belleza de la masculinidad y feminidad. Estas obras tienen en sí, como
escondido, un elemento de sublimación, que conduce al espectador, a través del cuerpo, a todo el misterio personal
del hombre. En contacto con estas obras -que por su contenido no inducen a la lujuria-, de alguna forma captamos el
significado esponsal del cuerpo, que corresponde y es la medida de la pureza del corazón.
Sin embargo, hay otras ocasiones en que el desnudo suscita objeciones en la sensibilidad personal del hombre, no
por causa de su objeto -pues el cuerpo humano, en sí mismo, tiene siempre su inalienable dignidad-, sino por la
cualidad o modo en que se reproduce artísticamente, se plasma o se representa. Si la intencionalidad fundamental
que subyace supone una reducción del cuerpo humano a rango de objeto destinado a la satisfacción de la
concupiscencia, esto colisiona con la dignidad del hombre, incluso en el orden intencional del arte.
Hay que pensar, además, que si la cultura ha mostrado a lo largo de la historia una tendencia clara a cubrir la
desnudez del cuerpo, no ha sido solo por exigencias climáticas, sino también como fruto de un proceso de
crecimiento de la sensibilidad personal: el hombre no quiere convertirse en objeto para los demás, y la necesidad
de velar por la intimidad del propio cuerpo refuerza la profundidad misma del sujeto como persona. Se puede
recordar cómo, por ejemplo, en los campos de exterminio la violación del pudor era un método usado conscientemente
para destruir la sensibilidad personal y el sentido de la dignidad humana. No es una cuestión de mentalidad
puritana ni de moralismo estrecho. Es una cuestión que afecta a la misma dignidad de la persona.
¿Un respiro de vez en cuando en cuestión de sexo?
>> Cuando el amor desenfrenado
entra en el corazón,
va royendo todos los demás sentimientos;
Vive a expensas del honor,
De la fe y de la palabra dada.
Alejandro Dumas
Somos humanos...
-Todo el mundo tiene deseos y apetencias sexuales. Y como somos humanos, no podemos ignorar que lo natural es que
tengamos debilidades. Muchos piensan que no se le debe dar mayor importancia.
Cuando se dice "somos humanos", muchos parecen querer justificar que lo natural en el hombre es no tener dominio
sobre las pasiones y los instintos.
Sin embargo, debemos esperar algo más de nosotros mismos. Somos seres dotados de inteligencia, voluntad y libertad.
Dios nos ha otorgado el don de la sexualidad no para deshonrarlo, abusar de él y degradarlo, sino para darle un uso
conforme a nuestra naturaleza de personas racionales.
Decir "somos humanos", en ese sentido, conduce a un lenguaje equívoco:
* He estado viendo una película pornográfica cuando mi mujer estaba fuera. ¿Qué quieres que te diga...? Somos
humanos.
* Mi novio me dice... lo que dicen todos. Que si es verdad que le quiero, que se lo demuestre. Que "eso" es
necesario para el conocimiento mutuo. Que es muy importante para enamorarse de una persona "saber cómo funciona en
eso". Somos humanos.
* La otra noche, en un congreso en otra ciudad, coincidí en el hotel con una rubia encantadora. Todo el mundo lo
hace. Las cosas son diferentes hoy día. Somos humanos.
* Muchas revistas traen algunas páginas un poco fuertes. Las lee todo el mundo. Es verdad que son bastante
morbosas, pero me gusta estar en lo que pasa y en lo que se ve en la sociedad de hoy. Somos humanos.
Dices que "lo hace todo el mundo", que "somos humanos", que todo eso no te afecta tanto, que ya eres adulto, que
eres capaz de asimilarlo. No te engañes. Porque serás tú mismo quien recoja las consecuencias en tu propio corazón.
Porque esas claudicaciones van levantando en tu interior un muro que va endureciéndose más y más, hasta que al
final no hay piqueta que lo derribe. Un dique en el que, aunque te cueste reconocerlo, muchos bloques no son otra
cosa que egoísmo, y el egoísmo es un refugio equivocado, que acabará por oscurecer esa relación tuya quizá antes
transparente.
Algunos dicen que es imposible vivir hoy sin concederse de vez en cuando "un respiro" en cuestión de sexo. Parece
una forma poco razonable de justificarse. Además, con ese planteamiento, a esas personas no debería molestarles que
se dudara de la honestidad de sus padres, de su mujer, o de su marido. Considerar la lujuria o la infidelidad como
unos simples caprichos que no se pueden dejar es una triste forma de engañarse.
Vidas arruinadas por la lujuria
Todos hemos conocido o hemos oído hablar de personas cuya vida ha quedado destrozada por el mal uso del sexo. Quizá
en el arranque de sus desdichas hubiera mucho de pretendida ingenuidad. Y en el asentarse de la adicción, un
silencioso alimentar las propias debilidades.
Eran "pequeñas tonterías", "cosillas sin importancia". "Probar, que no pasa nada". "Nuevas emociones". "Una simple
concesión sin más trascendencia, que no hace mal a nadie. Además, lo hace todo el mundo... Somos humanos".
Sin embargo, como ha señalado la Madre Angélica, los frutos de ese dejarse arrastrar por la adicción al sexo tienen
un coste, para ti y para tu alma. Son errores personales que nada tienen de inofensivos. A partir del momento en
que se sucumbe, ese error -el pecado- deja de ser algo imaginario para entrar en la propia vida. Ahora se trata de
mi error, de mi pecado. Está en mi memoria. Es real. No es algo de lo que pueda desentenderme fácilmente.
Quien se haya dejado llevar por el desorden sexual debe pararse a pensar, y decidirse a tomar una ducha fresca,
intelectualmente hablando, que le despierte de los engaños consigo mismo, y así valore debidamente esos actos, esos
programas de televisión, esas películas, esas páginas de internet, esas revistas o libros que acostumbra a ver o a
leer. Dicen que no tiene importancia, pero en el fondo saben bien que el pecado siempre tiene importancia.
¿Pecado?
-Pero mucha gente no cree en el pecado...
La historia de la humanidad muestra con claridad que la conciencia del pecado es algo que siempre ha pesado sobre
el hombre, pues el hombre es un ser que necesita remedio al sentimiento de culpa que le producen sus errores
personales. Todas las religiones, e incluso los cultos más antiguos de la época precristiana, hablan del perdón y
la expiación de los pecados, y todos los sistemas de pensamiento se plantean de una forma u otra el problema de la
liberación del pecado.
Todo hombre comete errores. Unos serán más graves que otros, y unos más culpables que otros, pero todos comprometen
en cierta manera su felicidad. El pecado siempre produce un daño a uno mismo, se quiera reconocer o no. De la misma
manera que, por ejemplo, la droga destruye la salud del cuerpo, podría decirse que el pecado, si no hay
arrepentimiento y rectificación, va deteriorando la salud del espíritu y arruinando la vida entera del hombre.
-¿Y consideras importante la castidad para la fe de una persona?
Bernanos decía que si no había perdido la fe era porque Dios había tenido a bien guardarle de la lujuria. Me parece
una afirmación acertada, porque en el arranque de todo alejamiento de Dios suele haber una claudicación en esta
materia.
Concretando un poco
No se debe eludir ni tergiversar la realidad. Por más que se intente disfrazar, el adulterio es pecado. La unión
sexual antes del matrimonio, la masturbación, la actividad homosexual, las películas y revistas pornográficas, todo
eso, cuando se admite y se consiente, es pecado.
-Pero nadie está exento del pecado...; ¿Es qué, entonces, nadie puede ser feliz?
Es cierto que nadie puede evitar totalmente el pecado. Pero, ante su natural acoso, caben dos actitudes: el
afincamiento en él, o el arrepentimiento y el perdón.
Cuando uno se empeña en ignorar el pecado, acaba sucediendo lo mismo que cuando la basura se acumula dentro de casa
y no se echa fuera. Al principio esa dejadez parece más cómoda, pero acaba por convertir la vida en algo muy
desagradable.
Cada vez que se te presenta una ocasión de pecar, se te ofrece también una oportunidad de elegir el camino de la
verdad. Mientras no consientas, mientras digas "no" -no importa cuantas veces tengas que repetir ese "no"-, no
habrá pecado. Lo que importa es resistir la tentación, no acercarse a ella temerariamente, esforzarse con
determinación.
Cada vez que se imponga tu debilidad y caigas en el mal, estás haciéndote daño a ti mismo, y quizá también a otros,
y además estás rechazando a Dios. Te instalas en la mentira, una mentira quizá satisfactoria a corto plazo, pero
que acabará por atraparte en la soledad o en la desesperación si no sales pronto de ella. Si es ahí donde te
encuentras en estos momentos, sabes bien de lo que te estoy hablando y debes rogar a Dios que te conceda valor para
cambiar.
Debes decirle a Dios que le necesitas, para salir del pecado o para no caer en él. No es necesario que recites una
larga oración formal. Una súplica de ayuda será oída, pero debes seguir rezando hasta salir de aquello. Dios está
junto a ti. No hace falta que le expliques tu caso. Ha sido testigo de todo.
¿Confesar los propios pecados a otro hombre?
-¿Y no es demasiado pedir que haya que confesarse y manifestar los propios errores ante otro hombre?
Cuando un hombre se arrodilla en el confesonario porque ha pecado -escribe George Weigel-, en aquel preciso momento
contribuye a aumentar su propia dignidad como hombre. Aunque esos pecados pesen mucho en su conciencia, y hayan
disminuido gravemente su dignidad, el acto en sí de volverse hacia Dios es una manifestación de la especial
dignidad del hombre, de su grandeza espiritual, de la grandeza del encuentro personal entre el hombre y Dios en la
verdad interior de su conciencia.
Los no creyentes se preguntan si es apropiado revelar los más íntimos secretos a alguien que tal vez sea un
extraño. La confesión fue, sin duda, una innovación audaz de la fe cristiana. Es un mandato del propio Jesucristo a
su Iglesia, cuando dio a los apóstoles ese poder para perdonar los pecados: "a quienes perdonéis los pecados, les
quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos". La confesión es una de las innovaciones más
impresionantes del Evangelio.
Por otra parte, cuando el sacerdote confiesa, además de perdonar los pecados, actúa de alguna manera como
acompañante del drama de la vida de otro hombre. Acompaña a otro ser humano como él, estimula su criterio
espiritual, le ayuda a hacer más profunda su fe y a mejorar su discernimiento cristiano, que no ha de quedar en una
mera letanía de prohibiciones morales. En el confesonario, el sacerdote se encuentra con el hombre en lo más hondo
de su humanidad, ayuda a cada persona a internarse en el drama cristiano de su propia vida, única e irrepetible. Un
drama lleno de paz y esperanza, pero presidido por la inevitable tensión dramática de la vida: la tensión entre la
persona que soy y la que debo ser.
La Iglesia busca reconciliar al hombre con Dios, con los otros hombres, con toda la creación. Y una de las maneras
que tiene de hacerlo es recordar al mundo la realidad del pecado, porque esa reconciliación es imposible sin
nombrar el mal que origina la división y la ruptura.
El pecado es una parte esencial de la verdad acerca del hombre. El hombre puede hacer el mal, y lo hace. Y abre con
ello una doble herida: en él mismo y en sus relaciones con su familia, amigos, vecinos, colegas y hasta con la
gente que no conoce. Llamar por su nombre al bien y al mal es el primer paso hacia la conversión, el perdón, la
reconciliación, la reconstrucción de cada hombre y de toda la humanidad. Tomarse en serio el pecado es tomarse en
serio la libertad humana. Cuanto más se acercan los hombres a Dios, más se acercan a lo más profundo de su
humanidad y a la verdad del mundo.
Dios no desea sino nuestro propio bien. Desobedecer sus mandatos es ir contra nuestra verdad como hombres,
causarnos daño a nosotros mismos. "El pecado -ha escrito Javier Echevarría- no se queda en algo periférico que deja
inmutado al que lo realiza. Precisamente por su condición de acto contra nuestra verdad, contra lo que
verdaderamente somos y contra lo que verdaderamente estamos llamados a ser, incide en lo más íntimo de nuestra
naturaleza humana, deformándola. Todo pecado hiere al hombre, descompone el equilibrio entre la dimensión sensible
y la espiritual, y genera en el alma un desorden íntimo entre las diversas facultades: la inteligencia, la
voluntad, la afectividad. Después, y como consecuencia del pecado, nuestras potencias operativas aparecen
debilitadas y, frecuentemente, en conflicto entre sí: a la mente, sometida al influjo de las pasiones, le resulta
arduo acoger la luz de la verdad y separarla de las nieblas de lo falso; la voluntad encuentra dificultad para
elegir el bien, y se siente tenazmente atraída por la búsqueda de la autoafirmación y del placer, aun cuando se
opongan al bien y a la justicia; nuestros afectos y deseos tienden a centrarse con egoísmo en nosotros mismos".
Pecar es dar la espalda a Dios. A partir del momento en que reconozcas la verdad -esa verdad sencilla y liberadora,
bien presente y clara cuando no nos resistimos a verla-, a partir de ese momento en que -en palabras de Lloyd
Alexander- "has tenido el valor de mirar al mal cara a cara, de verlo por lo que realmente es y de darle su
verdadero nombre, a partir de entonces carece de poder sobre ti y puedes superarlo".
¿Se puede superar la adicción al sexo?
>> El amor consiste
En sentir que el ser sagrado
Tiembla dentro del ser querido.
Platón
Adictos al sexo
En un estudio reciente sobre la adicción sexual, Patricia Matey comenzaba diciendo: "La adicción al sexo es una de
las dependencias menos confesadas y visibles de todas las que existen. No obstante, ha aumentado el número de
pacientes que pide ayuda debido a las consecuencias de su trastorno: ruina económica, matrimonios rotos, problemas
laborales, ansiedad y depresión".
Los expertos señalan que este trastorno no es nuevo, aunque solo recientemente ha sido reconocido como un serio
problema social, con consecuencias semejantes a las de otras adicciones más conocidas, como el alcohol, las drogas
o la ludopatía.
A diferencia de otras adicciones -señala José Ramón Ayllón-, la dependencia sexual puede adoptar múltiples formas:
Desde la masturbación compulsiva a los abusos sexuales, pasando por relaciones con múltiples parejas heterosexuales
u homosexuales, encuentros con personas desconocidas, recurso continuo a la pornografía, prostitución o líneas
eróticas, exhibicionismo, pedofilia, turismo sexual, etc. El comportamiento compulsivo sexual se gesta, en la
mayoría de los casos, en la mente, donde las fantasías sexuales y los pensamientos eróticos se convierten en
engañosas válvulas de escape de los problemas laborales, las relaciones rotas, la baja autoestima o la
insatisfacción personal.
Los adictos al sexo son hábiles en el disimulo, porque su problema les avergüenza. Pero, con frecuencia, su
dependencia se acaba sabiendo. "Algunos acuden a la consulta -explica Roselló Barbera- cuando las facturas del
teléfono de líneas eróticas o los contactos con prostitutas les han arruinado económicamente o su cónyuge les ha
descubierto. Otros deciden pedir ayuda porque quieren poner fin a una adicción que está haciendo naufragar su
matrimonio, les ha causado problemas legales o les está empujando al suicidio. O porque su dependencia les lleva a
hacer cosas que nunca hubieran imaginado, y eso les causa un sufrimiento insoportable."
Siempre alguien paga por ello
La incontinencia sexual suele traer, después de los primeros momentos de goce, una pesada impresión de
insatisfacción, de error, de disgusto. Sabes que has hecho algo indebido. Es fácil que te sientas descontento,
culpable, degradado. Después, con el tiempo, quizá llegues a racionalizarlo de alguna manera y consigas olvidarlo,
o considerarlo normal, o incluso positivo, pues cuando el pecado se convierte en hábito, su dependencia dificulta
cada vez más discernir lo bueno y lo malo. Cuando se antepone el placer a la responsabilidad, siempre hay un precio
que pagar. Los que creen poder conseguir lo uno y lo otro se dejan engañar con demasiada facilidad.
La obsesión por la satisfacción de los propios deseos ciega a quien la sufre. Impide ver el efecto perjudicial que
ese comportamiento tiene sobre los demás. Pero alguien, en algún momento, tendrá que pagar por esas claudicaciones.
Puede que sea una persona con cuyos sentimientos más íntimos has jugado; o una criatura aún no nacida que acabará
sus días en un cubo de basura, condenada porque fue el resultado de un "error"; o un matrimonio, y quizá unos
hijos, destrozados por una relación adúltera frívola y absurda. Un egoísmo disfrazado de amor que ha roto un
compromiso, ha allanado los derechos de otro, o ha convertido a unos niños en víctimas inocentes.
Siempre hay alguien que paga por ello. Entre otras cosas, porque quien nunca falta en esa cadena de quebrantos es
uno mismo. Tolstoi aseguraba que el hombre que ha conocido a varias mujeres para solo su placer, ya no es un hombre
normal, sino alguien que difícilmente dejará de ver a la mujer como a un objeto. Será un hombre que necesitará,
para volver a ser normal, todo un proceso de rehabilitación. Un hombre que pagará un alto precio por haberse dejado
seducir por esa máscara del amor.
Una sensación de inquietud
Cuando la Iglesia católica dice que hay que ser generoso, preocuparse de los demás, o acordarse de los pobres, la
mayoría de la gente lo escucha con aire distraído. Pocos se sienten interpelados.
Sin embargo, sorprendentemente, cuando la Iglesia habla sobre la castidad, muchos se rasgan las vestiduras y dicen
que es una especie de represión absurda e intolerable, un resto de antiguos puritanismos y anacronismos ridículos.
-¿Y por qué crees que hay una reacción tan diferente ante unos temas y otros?
No lo sé. La Iglesia se limita a hablar, no les está forzando a nada. Pero se ve que ante este tema experimentan
una profunda inquietud. Quizá haya algo de mala conciencia, si reaccionan de modo tan crispado y vehemente.
Los engaños más habituales
-Muchos dicen que nadie puede dictarles lo que tienen que hacer con su sexualidad. Que para ellos "vale todo".
Desde luego, yo no voy a dictarles nada. Pero me parece que ese modo de hablar es una forma un poco tosca de eludir
la realidad moral.
En cualquier análisis sobre lo que debe o no hacerse, decir que "vale todo", es como decir que nada vale, pues, al
hablar así, todo diálogo y todo uso de la inteligencia pierden su sentido. No parece un buen enfoque para hablar de
valores ni para llevar una vida razonable.
De todas formas, pienso que es una actitud que, como todas, hay que procurar comprender. No creo que haya que
responder a esas personas con prepotencia ni menosprecio, pues todos esos planteamientos suelen responder a una
crisis personal que cuesta superar, y lo más sensato es manifestar una comprensión sincera, y no enfrentarse sino
ofrecer ayuda.
Como ha escrito Carmen Martín Gaite, para muchos el sexo es "un intento de remediar el aislamiento personal, pero
que solo lo proyectan fuera de sí. Y aunque, en el mejor de los casos, pueda coincidir con la proyección fuera de
sí que desencadena el aislamiento del otro, siempre se tratará de individuos que, si comparten algo, es un estado
de crisis. La crisis más intensa que se pueda imaginar, pero al mismo tiempo la más insignificante. Lo mismo que
las olas: perseguirse, gozar y luego deshacerse por separado".
Esas personas deberían comprender que desentenderse de la ley moral acaba tarde o temprano en serios disgustos. Así
queda reflejado con brillantez, por poner un ejemplo, en la película "Infiel", de Liv Ullmann, que aborda con
cierta profundidad el drama del adulterio. Cuando dos personas inician una relación adúltera, piensan quizá que es
como un juego para adultos. Los principios morales desaparecen. Amémonos al límite, seamos felices juntos,
olvidémonos de qué es bueno y qué es malo, que no pasa nada.
Sin embargo, tarde o temprano descubren que no da igual olvidarse de la naturaleza y de sus leyes. Querían hacer
como que eran dioses que se dan a sí mismos su naturaleza y sus leyes, y no tardan mucho en comprobar que se han...
BUENO respecto mucho tu opinión, pero creo que te fuiste por otro lado, la cuestión o el punto realmente aquí es "un miedo en tener relación", la cual mi mente canaliza de esa forma, no es que me guste eso al contrario el sexo no es parte de mi vida, nunca lo ha sido y nunca lo será... mi forma de verlo es distinta para mi el sexo es nada corrompe a la sociedad misma... más bien nunca debió haber existido, pero vamos al hecho que Dios lo hizo para reproducirnos...
La verdad tu respuesta me ha dejado en "nada", pero no importa tu intenciones son buena...
Se despides de ti princes
Vale. Tómate tu tiempo para leer con atención la respuesta que te dí.
Hola como estas quería perdiste disculpa porque no había leído bien el texto, parece interesante y además puedo aprender mucho..!
Gracias por tu información me es de gran ayuda"""

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