¿Es verdad que si a un hombre se le toca el pene cuando esta dormido se excita y se le erecta?

Quisiera preguntar que tanto hay de verdad y de mentira en lo que dicen sobre que si a un hombre le tocas el pene, cuando el esta dormido se le para, (se excita), y si es cierto,¿por qué sucecede si se supone que el duerme?, y ¿Por qué no despierta enseguida?.
Gracias por tomarse la molestia de atender mi duda. Abrazos.

3 respuestas

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Te contestaré con un ejemplo:
Estás dormido y, de repente, la alarma de tu despertador comienza a sonar. Tú continúas durmiendo; pero, al escuchar la alarma, empiezas a soñar que te levantas, tomas una ducha, te vistes y sales de tu casa para tomar el bus que te llevará al colegio o al trabajo. Después de unos minutos, despiertas y te das cuenta de que sólo estabas soñando y que, en realidad, sigues en cama y que, para colmo de males, el despertador estuvo sonando por más de veinte minutos. Obviamente, llegarás tarde y debes apurarte.
Algo similar sucede en la situación que describes:
La excitación no comienza en el pene, sino en el cerebro a través de un estímulo real o imaginario. Si, mientras duermes, alguien toma tu verga y comienza a masturbarte, lo más probable es que tu cerebro cree imágenes de una ficticia relación sexual y que las proyecte en forma de sueño, provocándote una erección.
Lo más seguro es que, si el sueño es profundo, tardes unos segundos (e incluso varios minutos) en despertar y darte cuenta que la fuente de excitación es real.
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La verdad creo que cuando un hombre está dormido no puede sentir excitación cuando tocas su pene o acaricia alguna parte de su cuerpo, suena extraño que la persona no despierte y se ponga erecto su miembro, tal vez sólo se hacen los dormidos, una vez toqué a alguien dormido y no pasó nada, todo seguía igual, pero hace unos días toqué a alguien más yo estaba simbrado, pero él no y se puso erecto y cada que movía mi cabeza para acomodarla él acomodo sus manos de manera tierna, pero nunca abrió sus ojos, algo me decía que él estaba despierto pero no quería que lo supiese

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Uno de los grandes aportes de los griegos -del periodo clásico- al pensamiento universal es, sin duda, el arte de la retórica que, como recordaremos, es un método que nos permite realizar aseveraciones válidas. Dicho en facilito: nos ayuda a no cometer errores lógicos o formales cuando emitimos juicios de valor sobre algo o sobre alguien, es decir, cuando más que opinar queremos expresar una verdad, condición o estado sobre cualquier cosa. Una de las reglas capitales de la retórica es jamás usar premisas universales cuando sólo sabemos algo -no importa si mucho, o poco, o casi todo- sobre alguna cuestión.

¿Y a qué viene todo esto? Ustedes se preguntarán. Si observan un poco más arriba en esta misma página, se encontrarán con un texto escrito por alguien que, a modo de respuesta a la pregunta original, quiso aportar al tema compartiendo con nosotros sus opiniones y juicios respecto a la anécdota del durmiente y enhiesto novio. Cuanto dice es válido como opinión, pero nada más. A partir de un par de experiencias personales, y claramente casi sin ninguna otra información o dato externo, no se puede, y sobre todo no se debe, establecer juicios universales de ningún tipo.

Por su puesto que la mayor parte del tiempo la mayor parte de los varones se despertarán -algunos más rápido, otros no tanto- con los estímulos sensoriales que le son proporcionados por tan generosa compañía. Algunos incluso, como bien lo explica en su respuesta el primer y acertado aportante, acoplarán estas señales al mundo subconsciente y onírico, ojalá como delicioso sueño y no como pesadilla –nunca se sabe con el subconsciente-. Pero siempre hay excepciones. Quizá un metabolismo peculiar, o porque estuvo sin dormir dos días quién sabe por qué razones, o simplemente porque la víspera se pegó tremenda borrachera con los amigos. El caso es que, si buscamos con paciencia y con esmero, nos encontraremos con innumerables casos y ocasiones en que el novio nunca despertó a pesar de los esfuerzos y afanes de su contrariada pareja.

A mí, me ocurrió una vez, sólo una. Si mi novia no me lo hubiera contado, nunca lo habría sabido. A mi descargo puedo decir que casi no había dormido en tres días pues estaba terminando mi tesis de grado. Todas las demás ocasiones similares, siempre tuve un pronto y alegre despertar.

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