Que quiere decir esta tesis sostenida por R. H. Lotzser

Los valores pertenecen a una región independiente no son cosas, no pertenecen a la realidad sino a un mundo aparte y autónomo

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45.725 pts. Libertad para uno mismo y para los demás.

No soy un entendido en este filósofo pero está en línea con su pensamiento en que la mente tiene su propio mundo aparte del cuerpo al que está unido por un mecanismo físico-psicológico.

En este sentido lo que dice y es que los valores no son de este mundo sino de otro lugar, el mismo en el que habita nuestra mente. Es obvio que los valores no forman parte del mundo material, por lo que resulta igual de obvio que nos está diciendo que en las personas habita un mundo material y uno que no lo es. Es sorprendente encontrar en un filósofo alemán del s.XIX algo que es lo mismo que decía Platón.

¡Gracias! Sabes en que consiste la corriente subjetivita de los valores y cuales eran los argumentos que ellos usaban para defender su posición?

Consiste en creer que las cosas no tienen valor por sí mismas, que su valor no se halla en ellas, que no es objetivo, que no equivale a la cantidad de trabajo que ha sido necesario para crearlo, por lo que no se puede medir, así, el valor se establece en función de lo que cada individuo está dispuesto a pagar por ese bien. Con esto, se relega al ámbito particular algo que en realidad atañe a toda la sociedad y a su sistema económico.

Quienes sostienen este concepto básicamente se apoyan en el hecho de que el individuo intercambia si es para ganar y sino no lo hace, así pues, en un intercambio se debe suponer que ambas partes ganan, ya que de lo contrario no optarían por el intercambio. Así el mercado se regula a sí mismo en función del interés que los bienes suscitan entre los compradores.

Este concepto no obstante goza también de fuertes detractores quienes observan en él incoherencias y errores de concepto. Que el valor no esté en el bien sino que sea definido por el comprador, plantea una referencia circular ya que si el valor en verdad es marginal, no hay modo de fijar un precio, es decir, el valor marginal es la consecuencia del análisis que el comprador hace entre el bien y su precio, pero si el precio a su vez, es un factor que va en función del interés del comprador resulta que hay dos factores que dependen el uno del otro y que ambos deben ser fijados por la misma persona. Esto plantea un sinfín de disquisiciones no solo en terreno económico sino moral.

Lo que nos lleva a la moral relativa, que surge necesariamente de la necesidad de interactuar en un mundo práctico en el que se prioriza el INTERÉS respecto de la moral verdadera, por la sencilla razón de que dependemos de él para vivir, es decir, para subsistir en el plano físico. En un mundo mercantilista en que priva el interés, no se puede operar con términos morales, eso sería como tratar de efectuar operaciones matemáticas con algo que no fueran números, sin embargo la necesidad moral es sabida, por tanto, en economía hay que buscar fórmulas de "edulcorar" y "transformar" adecuadamente la moral hasta que se adapte a la sociedad de forma que ofrezca un concepto verosímil de justicia a fin de obtener unos términos económicamente operacionales y moralmente soportables, lo que permitirá a cada persona guiar su interés a través y dentro de ese marco legal, comúnmente aceptado, aunque no por ello respetado moralmente, ya que estúpido no es el ser humano a pesar de verse presa de su interés es capaz de identificar la injusticia o la falta de justicia. Otra cosa es que esté dispuesto a pagar ese precio a cambio de lo que recibe, aunque también es cierto que llegados a tal extremo, puede ser incluso difícil dilucidar el propio concepto de justicia ya que la justicia suele proteger unos derechos y tales sean esos derechos tal será la calidad de la justicia.

Añadiré un comentario personal sobre un aspecto que me parece importante y que tiene que ver con esto. Aceptar que las cosas no tienen un valor por sí mismas y que el valor es algo relativo que depende de quien las compra da pie a la idea de que lo que uno hace y lo que el otro percibe son dos cosas independientes o inconexas y que por tanto, no hay que obrar pensando en el otro sino que se puede planificar y obrar libremente ya que no podemos ponernos en la mente del otro ni tenemos porque interferir en su apreciación de la realidad, que por supuesto, no tiene porqué coincidir con la mía, así que esto es posible y correcto. Ni es posible ni es correcto. La correspondencia entre lo que uno hace y lo que el otro percibe es del 100%. No porque uno ignore la intención del otro esto va a cambiar la naturaleza de lo que se está haciendo. Si yo hago un corte en la carne de alguien, ese alguien sufre el corte en el mismo sitio y con la misma intensidad que lo he causado. La repercusión de las acciones se produce en el modo en que se han realizado y donde se han realizado y creer otra cosa es de cretino.

Si creemos que nuestra responsabilidad mengua o desaparece por el hecho de que lo que hacemos sea aprobado o consumido por otra persona, estamos cayendo en el más vil de los engaños no hacia el otro sino hacia uno mismo.

Debido a que cada vez es más compleja la sociedad y la economía, el valor del trabajo se asienta en observar el beneficio por encima de lo que se hace en realidad. No es que no importe lo que se hace, el problema está en la dificultad en llegar a saber lo que se hace y por eso nos limitamos a observar y analizar de todos los ángulos posibles el beneficio, pero en realidad no estamos evaluando el trabajo, solo el beneficio. Comparar, es mirar ambos las dos de la ecuación. Sabemos lo que nos reporta el trabajo y que con eso contribuimos a una buena causa, la nuestra, la de alimentar a nuestros seres queridos y consideramos que ahí termina nuestra responsabilidad porque es donde termina nuestra capacidad para cambiar nada. La responsabilidad individual para con la especie no pasa por encima de aquella, o sea, que el individuo está ligado a su realidad por encima de la realidad a la que está sometida su especie, a la cual se ve obligado a contribuir. Según esto, el destino de la especie está en manos de nadie dado que venimos viviendo en base a un sistema que se sigue autoalimentando y autoregulando según la ley natural del más fuerte. Lo que ha cambiado con los años, es que esa fuerza se ha ido desplazando y ahora tiende hacia el control sobre la inteligencia en lo que antes era el control sobre los medios tecnológicos y económicos y antes que eso, era el control sobre la fuerza bruta.

El medio para ser más fuerte ha evolucionado pero no el hecho de que el sistema tiene que basarse en el más fuerte. Seguimos considerando a nuestra especie no por lo que es, sino por la ley natural que rige a cada individuo. Lo demás es una mascarada. La consideración de que el más débil pueda tener lo mismo que el más fuerte es un insulto para la ley natural y para quienes creen en ella. No se justifica que el débil tenga los mismos placeres y honores que el más dotado. Esto ya acaecía así en tiempos de Sócrates y Callicles y sigue siendo así.

Ni ha cambiado ni va a cambiar y la razón es que salvo que se pretenda ir contra esta ley natural, hay un "arriba" que seguirá luchando por estar arriba, y esto crea inevitablemente un "abajo" cuya única ambición es pasar a "arriba". No es una cuestión de virtud tampoco la que regula este movimiento. Es una simple cuestión de capacidad o habilidad y de voluntad.

El contentamiento, la contemplación y la envidia son pues, el suficiente y justo castigo para quienes no están ahí, gozando de las alturas. El enfrentamiento se produce entre la conciencia y la vida.

Es por esfuerzo que cada ser debe ganarse su lugar en la vida. ¿Qué sería un mundo si todos ocuparan lugares iguales? Nadie puede ocupar sin luchar, un lugar que otro antes que él, haya tenido que luchar para ocupar. El trabajo y la competitividad son los avales de la victoria y a estos les corresponde estar arriba. Esto es lo aceptable, lo honorable y por tanto lo respetable y correcto.

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