¿Qué debo hacer con mi hija de 3 años,que es inquieta y nunca hace caso?

Mi niña tiene 3 años y siempre ha sido muy inquieta. Pero no nos obedece en nada por las buenas, siempre tenemos que utilizar las amenazas o los castigos y aun así muchas veces tampoco nos sirve. Se sube a los armarios más altos, nos da pánico salir de casa con ella porque siempre nos monta numeritos. Y aunque no le hacemos caso con sus rabietas ella continua. ¿Qué estamos haciendo mal?
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Ante todo disculpad la tardanza en contestar; creía que tenía marcada la no disponibilidad, y no sabía que tenía preguntas pendientes.
Lo segundo deciros que probablemente no estáis haciendo nada mal, simplemente vuestra hija os ha tomado el pulso. Hoy en día con el poco tiempo que tenemos para dedicar a los niños, es más difícil educar que nunca, ya que si los vemos sólo un par de horas al día, no queremos pasarlas discutiendo con ellos. Pero es necesario.
Ante todo debéis revisar sus ritmos básicos. Debe dormir doce horas de sueño nocturno, así que si la levantáis a las 8:00-8:30 para ir al cole, debe acostarse a esa misma hora de la tarde. Recordad que los niños que duermen poco están más inquietos, llorones y pegones.
Si duerme lo suficiente, es el momento de aplicar un decálogo de normas básicas.
1. No ser demasiado indulgentes con ella. Ponerle límites, y en consecuencia causarle frustraciones, es parte de la educación y contribuye a su felicidad. Los niños sin disciplina que mandan en los adultos sufren mucho. Debéis ejercer vuestra autoridad con cariño, pero sin complejos, ya que vuestra hija necesita saber que sois más sabios y fuertes que ella, y por lo tanto podéis orientarla y protegerla, y también necesita saber cómo deseáis que se comporte, al fin y al cabo sólo desea complaceros. No os va a querer menos por eso, todo lo contrario, ya que es lo que necesita. Poneos de acuerdo en una serie de normas básicas que sean las primeras en aplicar los dos, así les será más fácil aprenderlas.
2. Sed constantes con las normas. Si alguna vez de las que ha tenido una rabieta, al final le habéis consentido (seguro que por evitar un numerito en la calle), ella ha aprendido que puede seguir insistiendo, por si acaso volvéis a ceder. Sed pacientes y reforzad con alabanzas cada comportamiento positivo, así intentará portarse mejor, ya que se sentirá bien cuando la alabéis. Si se porta mal, a veces funciona mejor ignorarla que castigarla, si es posible. Cuando la castiguéis hacedlo con un castigo inmediato y simbólico, como ponerla cara a la pared y contar hasta tres, y luego decidle que la queréis mucho, y la querréis siempre, haga lo que haga, ¿pero qué si hace?.. os enfadáis, y eso puede traer consecuencias.
3. No la amenacéis en vano. Cuando se porte mal, advertidle primero sobre lo que ocurrirá si sigue haciendo eso, pero cumplid siempre lo que digáis. Es por eso que hay que medir las amenazas y que estas sean de castigos leves que estemos dispuestos a cumplir: quitarle un juguete durante un ratito, ponerse cara a la pared, ¿quitarle algún privilegio como ver sus dibujos preferidos? Si el castigo es muy severo, probablemente no lo cumpliremos, y así no sirve. Por ejemplo, no podemos decirle que los Reyes no le traerán juguetes, si aunque nosotros no le compremos lo harán sus tíos abuelos, etc.
4. Evitad recurrir al chantaje. Si lo utilizamos de vez en cuando y en sentido positivo, pueden servir de estímulo (? ¿Venga tres cucharadas más y podrás ir a jugar?), pero si abusamos de ello la niña esperará siempre una recompensa. ¿Cuidad especialmente los chantajes que lleven el? ¿No? (Si no vienes enseguida, no verás tus dibujos preferidos) porque además de implicar una amenaza, posponen el castigo; y cómo la niña no sabe todavía auto controlarse, no surten efecto.
5. No le deis mensajes ambiguos. ¿Si utilizamos ironías del tipo? ¿Ya has hecho una buena? ¿o? ¿Venga vuelve a hacerlo?, la niña entiende que las palabras son de aliento, pero capta el tono de enfado de vuestra voz y el lenguaje corporal también de enfado, y no acaba de entender que debe hacer. Este tipo de mensajes merman su auto confianza. Es mejor ser claros, diciéndole lo que debe hacer y lo que no, dándole un mensaje cada vez. Si queremos que recoja los juguetes, luego se lave las manos y luego venga a cenar, es mejor decirle cada una de las cosas por separado, por que todas juntas todavía son difíciles de entender y obedecer para ella.
6. Dejadle manifestar sui enfado. Es lógico que si le prohibís algo o la contradecís se enfade, y coja una rabieta. Es importante que manifieste su ira y que le digamos que comprendemos que este enfadada, pero que mandamos nosotros y eso no se puede hacer. Si tiene una rabieta que creéis que no puede controlar, cogedla por los hombros o mantened algún contacto físico, para ayudarle a que se le pase.
7. Evitad la sobreprotección. Debéis valorar si cuando se sube a las estanterías o armarios (depende de cómo lo haga) implica un peligro real u os inspira más miedo. Si la veis capacitada para ello invitadla a que se suba a toboganes altos, o columpios; y prohibidle que lo haga en las estanterías, porque eso no toca.
8. No perdáis los nervios. Los adultos sois vosotros y tenéis que estar por encima de ella, y que no consiga sacaros de vuestras casillas. Se que es muy difícil, pero evitad las situaciones más propicias cómo por la mañana cuando se le hace eterno vestirse o el desayuno, y por la noche cuando ella quiere que juguéis y tenéis tareas de la casa pendientes.
9. Rechazad el complejo de culpa. Aunque algún día perdáis los nervios y le gritéis en exceso o incluso se lleve algún azote, no os sintáis culpables. Analizad si podríais haberlo hecho de otro modo, e intentad sacar lo positivo de esta experiencia.
10. Recordad dos cosas imprescindibles: amad a vuestra hija sin condiciones, y procurad educarla para que ella también se quiera.
Espero haberos orientado. Si necesitáis respuestas más concretas, no dudéis en volverme a escribir.

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