Adaptación de las razas

Mi pregunta es sobre el porque de cada raza y en especial la raza amarilla. Sé que en la mayoría son por adaptaciones genéticas a lo largo de los años. Por ejemblo el caso de la raza negra adaptada al calor africano. Pero no se porque la raza amarilla tiene los ojos rasgados y el color de piel.
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Los mongoloides tienen la piel de pálida a morena clara, cabello begro lacio, ojos marrón oscuro con pliegues apicánticos (solapas en los ojos, dándoles una apariencia inclinada), estatura de baja a media y varas y cuerpos relativamente carentes de vello.
El error que se comete al pensar en el significado de los paquetes de rasgos desde un punto de vista genético conduce a diversas interpretaciones equivocadas.
Los genes responsables del color de la piel, forma del cabello y otros caracteres utilizados para definir las categprías raciales, aparecen con frecuencia gradualmente creciente o decreciente de una región a otra. Tales distribuciones se denominan CLINAS. Los pliegues epicánticos aumenta gradualmente del oeste al este a través de Asia.
Las clinas son el resultado de dos procesos evolutivos: el flujo de genes y la selección. En cualquier caso, las clinas contradicen la noción popular de que hay arquetipos y pura sangre.
El moderno Homo sapiens es una especie polimórfica integrada por muchas poblaciones reproductoras [breeding populations] relativamente aisladas, algunas de las cuales han sido tradicionalmente clasificadas como razas. Con su implicación de subespecie a punto de bifurcarse para formar una especie nueva, el término de raza no es, estrictamente hablando, una designación taxonómicamente adecuada para cualquier población humana contemporánea.
Los conceptos modernos de población y procesos genéticos no se pueden reconciliar con la división tradicional de la especie en tres o cuatro grandes razas. Desde el punto de vista tradicional, estas razas eran arquetipos cuya esencia se manifestaba en individuos de «pura sangre» y cuyo carácter distintivo era tan antiguo como la especie. Sin embargo, en cuanto poblaciones, grupos como los europeos, los asiáticos orientales y africanos no poseen tales atributos. En primer lugar, no existe individuo que se pueda considerar un «pura sangre» más representativo de puede alterar rápidamente la frecuencia de una población que otros de «sangre mezclada». Para tener alguna validez científica, la caracterización de una población debe aludir a frecuencias génicas, y los individuos no tienen frecuencias génicas. Segundo, los tradicionales taxones raciales no se pueden reconciliar con la existencia de clinas genéticas asociadas a frecuencias génicas intermedias o de transición.
No hay justificación alguna para considerar estas clinas como el producto de una hibridación entre hipotéticas razas puras que existieron en el pasado. En vez de ello, las clinas indican la existencia de frecuencias génicas constantemente cambiantes que son resultado de la selección natural, el flujo de genes, la mutación y la deriva de genes. Por último, las divisiones raciales tradicionales se basan en un paquete de caracteres que no varían coordinadamente con las frecuencias génicas de otros genes, tales como los implicados en los grupos sanguíneos ABO. Estas distribuciones no coincidentes con las divisiones raciales tradicionales son predecibles según la ley de la distribución independiente de Mendel.
Dejando a un lado el concepto tradicional de raza, los antropólogos físicos pueden situar el estudio de los polimorfismos humanos sobre una sólida base genética y evolutiva. Los grupos sanguíneos ABO, la anemia de células falciformes y la capacidad de degustar el PTC constituyen ejemplos de polimorfismos cuyos mecanismos genéticos son bien comprendidos. La continuación de la investigación en este campo permitirá con el tiempo explicar la distribución de los alelos responsables de estos caracteres en términos de selección natural y en relación con factores médicos y nutritivos. La implicación de tales factores en la explicación de muchos polimorfismos pone en tela de juicio la antigüedad de las razas actuales. La selección puede alterar rápidamente la frecuencia de un alelo en una dirección convergente entre poblaciones que han estado genéticamente aisladas, o en direcciones divergentes, en poblaciones que tienen altas tasas de flujo genético o de genes.
Queda por ver el grado en que rasgos como la estatura, la forma del cabello, la nariz y el pliegue epicántico pueden ser explicados por procesos adaptativos. Las fuerzas climáticas han sido consideradas como posibles fuentes de presión selectiva para estos caracteres. Un complejo conjunto de procesos adaptativos en los que intervienen la melanina, la radiación solar, el cáncer de piel y la deficiencia de vitamina DE participa en la correlación entre piel pálida y hábitats nórdicos y entre la piel oscura y los hábitats tropicales.
Pese a los persistentes esfuerzos que los deterministas raciales han realizado para probar que las puntuaciones de los tests de CI miden diferencias de inteligencia heredadas, no existe método alguno por el que podamos distinguir la influencia de la cultura y el ambiente de la influencia de la herencia por el rendimiento en el test. Se ha demostrado, sin embargo, que alterando el ambiente y la cultura pueden conseguirse cambios muy grandes en las puntuaciones. Todas las correlaciones entre raza y CI son espurias, dado que es imposible controlar las diferencias ambientales y culturales a las que los distintos grupos raciales se hallan expuestos. Más aún, no es posible concebir un test exento de cultura.

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