Informe psicológico

Me gustaría saber dónde puedo encontrar modelos de informe psicológico,
soy psicólogo recién licenciado y quería saber si otro colega puede asesorarme,
gracias
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Informe Psicológico - pericial en abusos sexuales a menores
Se propone un modelo de Informe Psicológico-Pericial estándar en abusos sexuales a menores en el ámbito jurídico español. Se expone la estructura y desarrollo de los apartados que se pueden observar (Datos de Identificación y Motivo del Informe, Metodología, Valoración Personal, Anamnesis, Diagnóstico, Conclusiones y Valoración del abuso/no abuso, Conclusión Jurídica y Orientaciones). Se pretende sistematizar la realización de este tipo de informes, de forma que éstos tengan la mayor fiabilidad posible y avalen técnicamente las conclusiones del perito. Pretendemos informatizar este tipo de informes con el fin de reducir el tiempo de elaboración y la sistematización en los resultados. Propugnamos que el informe pericial sea realizado con prontitud y que confirme o descarte un abuso sexual a un menor con el fin de evitarle una segunda victimización.
A model of the standard Expert Psychological Report sexual abuse against minors, in the Spanish legal field, is proposed. The structure and development of the different sections which can be observed (Facts, Reason for Report, Methodology, Personal Evaluation, "Anamnesis", Diagnosis, Conclusions, Evaluation of abuse or non-abuse, Legal Conclusion and Suggestions) are exposed. The methodology to execute the carrying out of interviews with minors who have suffered sexual abuse and some of the legal and ethical problems of carrying it out are set out. It is intented to record this type of reports with the aim of reducing the time spent on planning so that these have the greatest reliability possible and technically endorse the specialist´s conclusions. In this way we can avoid the minor living his/her traumatic experience again.
Informes psicológicos sistematizados e informatizados en abusos sexuales
La creciente conciencia social sobre el problema de abusos sexuales a menores, hasta no hace pocos años en el más absoluto anonimato, ha hecho que la preocupación por el menor y la atención al mismo sea la base principal en la mejor atención y cuidado de nuestra infancia (Urra y Vázquez, 1993; Vázquez, 1995; López, 1995, y Pérez y Borrás, 1996). Hacer un buen informe
pericial que con prontitud confirme o descarte un abuso sexual a un menor puede ser la mejor llave para evitarle una segunda victimización.
De forma tradicional, el peritaje psicológico en el ámbito jurídico se ha realizado en el campo de la psicología clínica (imputabilidad de un acusado, responsabilidad en enfermos mentales, valoración de secuelas y déficits intelectuales). El eje central en el informe pericial en abusos sexuales es la propia víctima y las cuestiones relacionadas con ella. En este caso podremos hablar de la psicología del testimonio (Alonso-Quecuty, 1991) donde analizar, demostrar y establecer la fiabilidad y validez del testimonio del menor es el elemento básico en la elaboración del informe y donde ha de fundamentarse su desarrollo y conclusiones.
La sistematización en el desarrollo de los Informes Psicológicos es lo que nos ha llevado a la búsqueda y elaboración de un tipo de estándar informatizado en materia de abusos sexuales. Pretendemos unificar criterios con relación a los informes periciales en abusos sexuales mediante el uso generalizado de un modelo de informe donde se lleven a cabo de forma estructurada y estandarizada todas las posibles variables que pudiera tener un informe pericial en abusos sexuales a menores.
El desarrollo del software con programas combinados, vinculados e interconexionados nos ha permitido desarrollar una serie de estructuras y diseños que simplifican grandemente el trabajo en la elaboración de este tipo de informes psicológicos. Esta sistematización nos permite un ahorro considerable de tiempo, una clarificación de los resultados, la búsqueda de una forma de expresión no ofensiva para nuestros clientes/pacientes y nos impedirá inferir de forma arbitraria argumentos no comprobados.
Solo una estudiada, cuidada y aséptica expresión en el desarrollo de los informes estandarizados buscará el consenso entre las diversas corrientes psicológicas en donde solo el criterio objetivo (observable, medible y cuantificable) mediante el proceso científico, tendría valor como dato. Llevar a cabo un informe protocolizado e informatizado nos permitirá en un futuro una mejora en la comparación de los datos estadísticos entre los diversos estudiosos del tema. El desarrollo de un diseño omnicomprensivo será un "continuum" donde los criterios cada vez serán más fiables y la colaboración
con diversas instituciones y estamentos se podrá llevar a cabo de forma consensuada y fiable. En el tema de abusos sexuales, el nuevo Código Penal español de 1996, aunque imperfecto, ha permitido matizar aspectos de la conducta sexual que anteriormente no estaban definidos operativamente. Igualmente, el COP, con la organización y control de peritos psicólogos en los turnos de oficio, ha permitido una actuación ordenada de los que trabajamos en centros privados para la Administración de Justicia. Sólo desde la sistematización de contenidos, conceptos y estructuras consensuadas y validadas podremos hacer ciencia.
Fases en la pericial Psicológico-jurídica
El ordenamiento jurídico español indica una serie de fases a cumplir en el ámbito de actuación del perito. En primer lugar se lleva a cabo la nominación del perito. Dicha nominación se puede realizar citando a un Psicólogo del Equipo Técnico Institucional del juzgado correspondiente, si lo hubiere, o a un Psicólogo privado. Existen dos vías para dicha nominación, la proposición consensuada de las partes litigantes o mediante insaculación. Posteriormente y una vez nominado el perito, éste deberá leer atentamente los autos, valorar la trayectoria del proceso, llevar a cabo la anamnesis inicial, analizar los datos generales y estudiar todos los documentos aportados al expediente como prueba documental. Una vez realizado este proceso y si no existieran causas de fuerza mayor que impidan la realización del mismo, se procedería a su nombramiento, aceptación y juramento. Resumidamente, las fases de las que se compone el campo de actuación de un perito a partir de la nominación son las siguientes: Nombramiento: acto judicial en la que el perito psicólogo es nombrado en función del consenso de las partes o por el azar de la insaculación.
Aceptación: acto mediante documento donde el perito acepta el cargo para estudiar y valorar a uno o varios clientes. Dicha aceptación implica la responsabilidad de realizar dicha tarea. Juramento: compromiso de desempeñar bien y fielmente su cargo quedando garantizadas la objetividad y la ética profesional. Se evita de ese modo el parentesco familiar o de amistad así como el estar involucrado en el pleito que se juzga.
Gracias por la información.
Conoce alguna referencia bibliográfica que marque las pautas para desarrollar un informe psicológico clínico.
¿Sería el mismo esquema de informe psicológico en casos diferentes al de abusos?
Un saludo
Diez claves para la elaboración de informes psicológicos clínicos (de acuerdo a las principales leyes, estándares, normas y guías actuales)
Eloísa Pérez, Manuel Muñoz y Berta Ausín
Correspondencia:
Manuel Muñoz.
Facultad de Psicología. Universidad Complutense de Madrid. Campus de Somosaguas, s/n. 28223 Madrid. España.
E-mail: mmunoz@psi.ucm.es
El informe psicológico clínico (IPC) es la comunicación (escrita u oral) confidencial y científica realizada por un Psicólogo a su cliente, representante legal o autoridad legal competente, de los resultados de un proceso de evaluación/intervención psicológica.
La comunicación escrita u oral de un IPC es parte imprescindible, no sólo del proceso de evaluación psicológica clínica, sino del proceso de intervención en su totalidad. Desde los orígenes de la Psicología Clínica una de las principales tareas del Psicólogo siempre ha sido la elaboración de IPC y así se ha recogido en las diversas definiciones legales del campo del Psicólogo Clínico.
Han sido muchos los autores que han realizado algún esfuerzo por definir y especificar la forma en que debe abordarse este tipo de tarea. Incluso, han sido bastantes los que han incidido en los aspectos éticos y legales de este tipo de documentos. Deben destacarse las aportaciones en este sentido realizadas en nuestro país por Vicente Pelechano (1976), Rocío Fernández-Ballesteros (1983, 1992), Carmen Martorell (1985), Alejandro Ávila, Pilar Ortiz y Fernando Jiménez (Ávila et al., 1992; Jiménez, 1997) o, más recientemente, por Rocío Fernández-Ballesteros y la Comisión nombrada por la European Association of Psychological Assessment (EAPA) para el desarrollo de las Guías para el Proceso de Evaluación Psicológica (GAP) (Fernández Ballesteros et al. , 2001; 2003).
Igualmente se han publicado trabajos centrados en este tipo de problemas fuera de nuestras fronteras, cabe destacar los de Tallent (1998) y Wolber y Carne (2002). También, pueden señalarse algunas publicaciones que, centrándose en el informe forense, añaden alguna novedad a este campo (Torre, 1999; Catalán, 1999; Rodríguez, 1999).
Sin embargo, en los últimos años, el panorama ha dado un salto cualitativo muy importante, que ha delimitado y hecho más complejo este campo.
Por un lado, hay que destacar el aumento de la demanda y de las responsabilidades del Psicólogo Clínico que ha sido muy importante en los últimos años en todo el mundo y muy especialmente en nuestro contexto próximo.
Por el otro, debe indicarse la publicación de códigos éticos y deontológicos, estándares y guías científicas, manuales de estilo y leyes que afectan directamente a esta labor.
Desde 1987 se encuentra vigente el Código Deontológico del Psicólogo (COP, 1987), que ya incluía referencias directas a este ámbito y que, a nuestro parecer, ha centrado la actividad hasta el momento en nuestro país. Los cambios más recientes afectan de forma muy importante a los aspectos profesionales y técnicos, éticos y legales.
En primer lugar, se han revisado y especificado aquellos aspectos relacionados con la calidad de la evaluación: la revisión de los estándares de aplicación de los tests educativos y psicológicos de la American Psychological Association (APA) (AERA, APA & NCME, 1999) y la publicación de las GAP (Fernández Ballesteros et al., 2001; 2003) significan un aumento en los requerimientos técnicos de la evaluación psicológica.
En segundo lugar, la revisión del Código Ético de la APA (APA, 2002), que es una referencia obligada en el desarrollo profesional de nuestra disciplina en el mundo, nos sitúa ante una posición ética muy exigente.
En tercer lugar, la quinta revisión del Manual de Publicación de la APA (APA, 2001) aporta algunas referencias importantes para mantener un lenguaje adecuado, científico y garante de los derechos de las personas.
Finalmente, la aparición de nuevos marcos legales en nuestro país delimitan éste campo, el Real Decreto de creación de la titulación de Psicólogo Especialista en Psicología Clínica (Real Decreto 2490/1998), el Real Decreto de Estatutos del Colegio Oficial de Psicólogos (Real Decreto 481/1999), la Ley de Protección de Datos de Carácter Personal (Ley Orgánica 15/1999) y la reciente Ley básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica (Ley 41/2002) señalan hitos históricos en el uso de la información y en el quehacer clínico del Psicólogo.
Todo ello parece apuntar la necesidad de recordar y actualizar aquellos aspectos esenciales que el Psicólogo debe considerar a la hora de elaborar un IPC.
Nuestra intención no es la de proponer un código o unas directrices exhaustivas acerca de cómo elaborar un informe, tampoco está entre nuestros objetivos ofrecer una guía técnica de elaboración de informes, para lo que referimos al lector a los trabajos ya mencionados. Solamente queremos señalar algunos aspectos que nos parecen clave para mejorar la calidad de nuestro trabajo, respetando los derechos y obligaciones técnicas, formales y legales que dignifican nuestra profesión y a los que debemos someternos.
Cada clave se presenta en forma de enunciado, seguido de una pequeña exposición del significado y de una tabla de apoyo documental que recoge los principales artículos y estándares indicados en cada documento que se relacionan directa o indirectamente con cada una de las claves.
Se presentan siempre en primer lugar los aspectos legales de obligado cumplimiento, en segundo lugar los códigos éticos y deontológico españoles y de la APA, en tercer lugar los aspectos técnicos (estándares y guías) y finalmente, los requerimientos de estilo.
Poseer la cualificación adecuada
La primera clave a considerar es previa a la elaboración de cualquier posible informe y nos sitúa ante los condicionantes científicos, éticos y legales establecidos para ejercer profesionalmente este tipo de tareas.
En primer lugar, la elaboración de informes psicológicos debe ser llevada a cabo por Licenciados en Psicología que hayan recibido la formación clínica adecuada y se encuentren colegiados en el Colegio Oficial de Psicólogos (salvo funcionarios públicos y otras excepciones que señala la Ley General de Colegios Profesionales).
De forma complementaria, el reciente reconocimiento de la Psicología Clínica como especialidad sanitaria hace explícita la capacitación del Psicólogo Clínico Especialista para realizar diagnósticos y evaluaciones psicológicas, entre otras funciones.
A estos aspectos básicos deben añadirse algunos otros de contenido ético y profesional como son los que inciden en la necesidad de mantener una formación continuada y una actualización profesional.
Por otra parte, el Psicólogo debe ser consciente de su nivel de competencia profesional y de sus limitaciones a la hora de emprender la elaboración de cualquier tipo de informe clínico.
Para completar esta serie de requerimientos, el evaluador debe, además, conocer y observar los principios éticos y los requisitos legales específicos vigentes en el ámbito territorial en el que actúe (por ejemplo: las distintas Comunidades Autónomas o los distintos estados de la Unión Europea) (Tabla 1).
2. Respetar la dignidad, libertad, autonomía e intimidad del cliente
La segunda clave establece los principios básicos que deben guiar toda la actividad profesional del Psicólogo pero, muy especialmente, en lo que a la elaboración de informes se refiere.
Existe un acuerdo general respecto a la obligación del Psicólogo de respetar la dignidad, la libertad, la autonomía y la intimidad del cliente (persona o grupo).
En lo que a la elaboración de informes se refiere, esta serie de obligaciones deben tenerse presentes al decidir qué información puede solicitarse al cliente y qué tipo de información personal puede o debe ser revelada en el informe. A la hora de recabar información para la realización de un informe, el Psicólogo está obligado a respetar escrupulosamente la intimidad del paciente y únicamente recabará la información necesaria para desempeñar la labor para la que ha sido requerido.
De la misma forma, el informe recogerá únicamente información pertinente del paciente o cliente y se tendrá especial cuidado a la hora de poner por escrito cuestiones de la vida privada de la persona evaluada.
Más adelante, en las siguientes claves se abordan con mayor detalle alguno de estos principios básicos (Tabla 2).
prespetar y cumplir el derecho y el deber de informar al cliente
Son muchos los manuales y textos de intervención psicológica clínica que aconsejan incluir la información al cliente entre las tareas propias de la evaluación y el tratamiento psicológico, pero son menos los que indican la existencia del precepto legal que establece la obligatoriedad de ofrecer toda la información al cliente para que sea éste quién decida finalmente entre las opciones de tratamiento que se le puedan ofrecer en cada ocasión.
El cliente tiene derecho a elegir el tratamiento. De esta forma, el Psicólogo tiene la obligación de informar verázmente al cliente, siempre y en cualquier circunstancia, de modo adecuado a sus posibilidades de comprensión, incluso en caso de incapacidad, déficit cognitivos, ausencia de conciencia de enfermedad, etc.
En estos casos, se informará también a su representante legal.
Igualmente, existe la obligación formal y legal de hacer informes que recojan las intervenciones clínicas y de cumplimentar los informes pertinentes relacionados con los procesos asistenciales en los que se intervenga.
El cliente tiene derecho a la información asistencial y al acceso a la historia clínica. Igualmente, el cliente tiene derecho a recibir un informe de alta y los certificados acreditativos de su estado de salud.
Un caso especial hace referencia al supuesto en el que es el propio cliente quién no quiere ser informado, es decir, el cliente puede ejercer también su derecho de no recibir información.
El ejercicio de este grupo de derechos y obligaciones de informar se complementa con la recomendación académica de devolver la información al cliente de forma verbal (Turkat, 1985; Muñoz, 2003).
El Psicólogo discutirá con el cliente la información obtenida a través del proceso de evaluación psicológica en una entrevista que puede denominarse de devolución de información. A través de esta comunicación oral del informe, el Psicólogo acumulará pruebas para el contraste de hipótesis; ofrecerá al cliente una explicación acerca de sus problemas y los tratamientos posibles, así como un esquema explicativo que permita al cliente formular su problema y/o modificar el esquema del mismo, con el fin de partir de una misma formulación que facilite el cambio.
Esto facilitará una oportunidad de diálogo con el cliente acerca de las posibles opciones de tratamiento a seguir, con objeto de ajustarlo en lo posible a sus preferencias y ayudar a aumentar la efectividad y adherencia al tratamiento.
Como contrapartida al derecho a la información, el cliente tiene el deber de colaborar en su evaluación y facilitar al Psicólogo los datos que le solicite en cada momento, de forma veraz y colaboradora (Tabla 3).
4. Organizar los contenidos del informe
Como documentos científicos que son, los IPC deben estructurarse de forma lógica y apropiada a sus fines.
Aunque no existen disposiciones legales específicas a este respecto, numerosos autores han sugerido diferentes organizaciones de los contenidos de un informe, más o menos similares o complementarias, que han servido de base para la elaboración de los mismos desde hace años (Sundberg, 1976; Maloney y Ward, 1976; Pelechano, 1976; Nay, 1979; Ávila et al. , 1992; Fernández Ballesteros, 1992; Martorell, 1985).
Recientemente, las GAP aportan una serie de puntos básicos a incluir en los informes psicológicos que, fundamentalmente, se pueden resumir en: el nombre del autor, del cliente y del sujeto a quién se presentará o enviará, las fuentes de información, instrumentos, procedimientos y tests utilizados, los pasos y procedimientos utilizados para responder a las demandas del cliente, un resumen con las conclusiones más importantes y una serie de recomendaciones apropiadas.
Asimismo, las GAP destacan la importancia de estructurar los datos siguiendo criterios psicológicos y colocarlos en la parte de resultados que necesariamente debe incluirse en el informe, donde, además, debe reflejarse el peso dado a la información obtenida, los datos en que se basan las afirmaciones realizadas, las inconsistencias encontradas y la valoración con respecto a las demandas del cliente (Tabla 4).
Describir los instrumentos empleados y facilitar la comprensión de los datos
Los tests psicológicos y todo lo relacionado con ellos, como la construcción, adaptación, traducción, distribución o aplicación, ha sido, sin duda, uno de los aspectos relacionados con la evaluación psicológica, que más normas, principios, estándares y guías ha generado a lo largo del tiempo (APA, 1999, Muñiz y otros, 2001, Hambleton, 2001, Bartran, 2001).
Aunque existen algunas consideraciones generales a tener en cuenta para el correcto uso de los tests en el proceso de evaluación - que aquí recogemos como punto de partida, como son la obligatoriedad de utilizar siempre medios o procedimientos suficientemente contrastados, instrumentos cuya validez y fiabilidad haya sido debidamente establecida y medidas y tests actualizados - las normas y guías para la inclusión de estos aspectos en el informe psicológico no son demasiado numerosas.
Algunas de ellas, provienen de los estándares establecidos por la APA para la interpretación y comunicación de los resultados de los tests, como son las recomendaciones de no interpretar los tests de forma aislada, sino basándose en múltiples tipos de tests convergentes y datos colaterales y en una comprensible fundamentación normativa, empírica y teórica, teniendo en cuenta las limitaciones de dichos tests y explicando de manera adecuada cualquier información suplementaria que minimice las posibles interpretaciones erróneas de los datos (Tabla 5).
6. Incluir el proceso de evaluación, las hipótesis formuladas y justificar las conclusiones
Tanto el Código Ético de la APA, como los Estándares de aplicación de las pruebas psicológicas y las GAP, destacan la importancia, que en el IPC, debe adjudicarse a la correcta descripción de los distintos pasos del proceso de evaluación y a la forma en que deben plantearse las conclusiones.
Teniendo en cuenta que el informe es un documento científico, la presentación de datos técnicos deberá facilitar el contraste de los resultados por otros psicólogos y, para que esto sea así, el profesional que realiza el informe debe seguir una serie de requisitos en cuanto a la forma en que se presentan los resultados.
El proceso de evaluación debe ser lo suficientemente explícito como para que pueda ser reproducido y valorado, así como para que pueda quedar constancia del mismo. De esta manera, las conclusiones, reflejadas en el informe, que deberán ser justificadas en relación con las demandas del cliente, responderán a las hipótesis planteadas de antemano y se basarán en las opiniones recogidas y en la información y técnicas suficientes para sostener sus descubrimientos.
Debe hacerse explícito, además, el nivel de confianza depositado en cada una de las conclusiones, justificando la relación existente entre las conclusiones y los datos, teniendo en cuenta la información contradictoria.
Es importante señalar que la integración de los datos debe ser adecuada, suficiente y de utilidad para responder a las demandas del cliente, por lo que es conveniente indicar cualquier limitación significativa de las interpretaciones.
Finalmente, el informe recogerá, de forma implícita o explícita, el juicio o valoración clínica que el Psicólogo hace del cliente. El lector puede dirigirse a la obra de Antonio Godoy (1996) para una reflexión respecto a las garantías y alcance de los juicios clínicos (Tabla 6).
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