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porfiis!!

Experto:
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Fecha: 04/09/2006
Valoración: (4,00 sobre 5) Categoría: Filosofía
30/08/2006
diihegoh, usuario preguntando en Filosofía
Usuario
Hola!

porfis te pido qe me ayudes!! necesito saber 2 similitudes o rasgos comunes en la forma de enseñanza entre sofistas y filosofos. Tambien te agradeceria mucho, ¿que funcion cumple el concepto aréte en la filosofia platonica?


Saludoooz!!!
te agradeceriia mucho tu respuesta!
04/09/2006
diihegoh, experto respondiendo en Filosofía
Experto
Los Sofistas y el Consensualismo
Elementos para Discutir sobre el Problema de la Fundamentación de la Etica

Ricardo López Pérez. Escuela de Periodismo. Universidad de Chile


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Presentación

En el ensayo Pensando en la Posibilidad de una Ética Negativa, (Holzapfel, C. Revista de Filosofía. Vol. XLVII-XLVIII. 1996. Facultad de Filosofía y Humanidades. Universidad de Chile), se encuentra una breve referencia a los sofistas griegos vinculada al problema de la fundamentación de la ética. Concretamente, en el contexto de la disputa universalismo versus consensualismo, se señala que los sofistas serían un antecedente respecto de la segunda de estas posturas. El ensayo no agrega más. Utilizando esa afirmación como una motivación básica, el presente trabajo se propone recoger esa afirmación y aportar algunos antecedentes para justificarla. Si bien se ha intentado actuar con rigor en el uso de las fuentes, está escrito a la manera de un ensayo, de modo que se asume libremente como una reflexión abierta y por tanto sujeta a crítica y corrección.

Un Poco de Historia

En sus orígenes, en la antigua Grecia, el vocablo sofista se utilizó para designar a quien se mostraba experto en alguna actividad. Podía ser la filosofía, la poesía, la música o la adivinación, pero siempre un sofista era un maestro de sabiduría, alguien que se proponía hacer sabio a quien recibiera sus enseñanzas. Hombres célebres como los míticos Siete Sabios fueron llamados sofistas, implicando con ello un profundo reconocimiento a su condición de hombres de excepción.

Otros pueblos tienen santos, en cambio los griegos tienen sabios, hacía notar Nietzsche. Mucho antes de que se popularizara la palabra filósofo, con su sentido de amor a la sabiduría, los hombres capaces de hacer grandes contribuciones eran sencillamente sabios, sophós, y por extensión sofistas, sophistés. Todo esto sucedía todavía a la altura de la Olimpíada 80 (mitad del siglo V). Lo que viene después es diferente: Llegan a Atenas hombres como Protágoras de Abdera, Gorgias de Leontini, Pródico de Ceos, Hipias de Elis o Trasímaco de Calcedonia, a los que habría que sumar el nombre del ateniense Antifón. Todos ellos se atribuyen el calificativo genérico de sofistas y son reconocidos por desarrollar una influyente actividad intelectual. Luego, en virtud principalmente de la intervención de Sócrates, quien vivió contemporáneamente, y Platón, quien sin conocerlos personalmente recoge esta experiencia en sus diálogos, el nombre sofista pasa a formar parte de la controversia y termina siendo una categoría infamante. Una buena palabra se fue transformando gradualmente hasta llegar a ser una expresión vergonzante e indeseable. Un término de censura según la expresión de Jenofonte.

En distintos diálogos de Platón, se califica duramente a los sofistas. En el Protágoras, por ejemplo, Sócrates aconseja a su amigo diciéndole: "Vas a poner tu alma en manos de un sofista, y apostaré a que no sabes lo qué es un sofista" (311 c). Agregando luego: "¿No adviertes, Hipócrates, que el sofista es un mercader de todas las cosas de que se alimenta el alma?" (312 a). En un diálogo posterior, El Sofista, se agrega una singular lista de descalificaciones: Cazadores interesados de jóvenes ricos, mercaderes en asuntos referentes al alma, fabricantes y vendedores al detalle de conocimientos, atletas que compiten con la palabra y se muestran hábiles en el arte de la disputa (231 d).

Platón reprocha a los sofistas básicamente el hecho de que sólo enseñan medios para alcanzar un fin, sin reparar en las exigencias de la moral. Los acusa de ofrecer, según conveniencia, el triunfo para el razonamiento débil por sobre el más fuerte, de hacer prevalecer la apariencia por sobre la realidad. Los reduce a la condición de simples artesanos de la persuasión, completamente fuera de los dominios de la ética.

Aportando otro capítulo en esta historia, algún tiempo después, Aristóteles define a la sofística como un arte de la apariencia, completamente ajena a la verdadera sabiduría, y al sofista como aquel que comercia con una sabiduría aparente y no real. Para completar su contribución, inventa el término sofisma como sinónimo de falacia, de una refutación aparente, mediante la cual se puede defender algo falso y confundir al adversario (Refutaciones Sofísticas, 164-65 a).

Así, finalmente, el pasado luminoso del nombre sofista queda sepultado bajo una montaña de autoridad socrática, platónica y aristotélica. En la actualidad, aun para quienes se han aproximado a la filosofía, sofista equivale a demagogo, a un engañador que no tiene otra moral que su interés particular, a un traficante de apariencias.

No es nada fácil incursionar en la trama de esta polémica historia. La mayor parte de la información disponible sobre los sofistas es indirecta y fragmentaria. De sus obras, que debieron ser numerosas, escasamente se conservan algunos restos no siempre sencillos de interpretar. Jacqueline de Romilly ha calculado que todos los fragmentos de los sofistas no llenarían en conjunto más de veinte páginas (1997). En contraste, la obra del mayor de sus adversarios nos ha llegado en su totalidad. Con todo, parece haber buenas razones para sostener una nueva interpretación sobre el papel de los primeros sofistas, reconociendo en ellos la categoría de educadores, y en consecuencias no ajenos a los problemas de la ética, y el papel de grandes innovadores sociales.

La filosofía académica ha presentado siempre a los sofistas como un todo, sin detenerse en distinciones, y ha interpretado sus aportes a través de ciertos elementos comunes tomados en mayor medida de los diálogos de Platón. Especialmente en los manuales de filosofía aparece una pobre imagen de los sofistas, preparada con unos pocos datos elegidos sin mucha generosidad. Esa versión de caricatura, sin embargo, no resiste un análisis serio, porque en la práctica sólo ha considerado aspectos muy parciales del propio testimonio platónico. En muchos diálogos de Platón intervienen distintos sofistas, y cualquier lector atento puede reconocer que se trata de intelectuales de suficiente categoría. En particular Protágoras y Gorgias están representados como pensadores muy sólidos y de tremenda fuerza dialógica, al margen de las notables diferencias que mantuvieron con el genial filósofo. De ninguno de ellos podría decirse que están por debajo de la discusión que los convoca.

Es efectivo que los diálogos de Platón contienen enérgicas acusaciones contra los sofistas, planteadas normalmente en términos generales, pero ello no impide el reconocimiento de algunos méritos particulares, tal como ocurre en los diálogos Protágoras y Gorgias. En ellos los sofistas que dan nombre al texto obtienen el respeto de Sócrates, quien, no por simple casualidad, se somete a los rigores del diálogo con unos interlocutores representados como hombres cultos y extremadamente hábiles. Ningún escritor o pensador de mérito pierde su tiempo atacando sistemáticamente a un espantapájaros. Platón, uno de los filósofos más importante de occidente, no hubiese mantenido esta vigorosa polémica con los sofistas, sino porque ellos fueron de algún modo importantes en su propio ambiente cultural y en algunas de sus motivaciones intelectuales más profundas. Gastón Gómez Lasa admite una diferencia entre los sofistas "del tiempo de Sócrates, y aquellos contemporáneos de Platón". Respecto de los primeros, opina que "inspiraron en Platón un gran respeto", en tanto que descalifica a los siguientes porque estima que son impostores que usurpan sus ideas de los filósofos jonios y de Sócrates (1992, págs. 262-63).

Podemos interpretar que la energía crítica de Platón contra los sofistas está teñida de su experiencia con sofistas posteriores, actores en una época de fuerte crisis para la democracia ateniense. Ello podría ayudar a explicar la referencia más amable que se hace en un diálogo inicial como la Apología, y el tono más enérgico que se reconoce a continuación.

En este sentido un primer paso consiste en establecer una diferencia entre los primeros sofistas, y todos sus discípulos y seguidores posteriores, que constituyen un conjunto de desigual calidad intelectual y muy difícil de someter a una misma interpretación. Hay bases sólidas para identificar una primera generación de sofistas, distinta de todas las siguientes, compuesta por pensadores pioneros de gran nivel y educadores decididamente innovadores, entre los cuales pese a sus diferencias existe un núcleo común. Algo así como un aire de familia, un parentesco espiritual, que les otorga una identidad específica. En este grupo se incluyen los seis pensadores mencionados: Gorgias, Protágoras, Pródico, Hipias, Trasímaco y Antifón.

Saludos cordiales
04/09/2006
diihegoh, usuario preguntando en Filosofía
Usuario
Muy Bien. Me ha sido de gran utilidad
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