Comparación entre Ortega y Kant

Respuesta de
cloesau
a
Usuario
Necesito que me realice una comparación entre la filosofía de Ortega y Gasset y la filosofía de Kant, centrada a poder ser en el racionalismo.
Usuario
Muchas gracias, me ha servido bastante para la comparación entre los dos autores.
Experto
Ortega rechaza el vitalismo y el racionalismo cuando cada uno de ellos pretende absorber al otro, pero acepta ambos cuando se los puede integrar. Esta integración es resultado de una concepción de la vida como <<realidad radical>>. Ésta es la vida, el vivir concreto de cada hombre y de ella surgen el resto de las realidades: <<realidad radicada>>.

La vida consiste, pues, en realizar actividades para responder a las distintas situaciones con que se encuentra. Pero estas actividades no le son impuestas al hombre, las tiene que inventar el mismo. Sin embargo, a un hombre le resultaría imposible inventar toda su vida de forma original. Necesita de la tradición para orientarse en sus posibilidades. Puesto que una de las dimensiones esenciales de la vida consiste en saber, el instrumento para reflexionar sobre la vida es la razón; la razón radical o histórica. La única que le puede servir al hombre para encontrar su propio destino, su vocación.

Ortega afirma que el hombre es una realidad histórica. Esta afirmación encierra varios conceptos:

El hombre es una realidad que no tiene una naturaleza determinada sino que depende de lo que vaya siendo capaz de hacerse a lo largo de su vida. El es perfectible, se va construyendo a sí mismo, y su realidad será la que pueda irse otorgando. Por eso dirá que el hombre no tiene naturaleza, tiene historia; él es un ser histórico porque se forja históricamente.

Lo que el hombre vaya siendo no depende sólo de él, sino de las circunstancias (familiares, sociales, política, económicas...) que le toque vivir. Por eso afirmará:¿? Yo, ¿soy yo y mi circunstancia?, para reafirmar la importancia de todas las realidades que cada cual experimenta. La identidad de cada hombre depende de todo aquello que tiene en relación con él.

El hombre, aunque histórico y circunstanciado, es el único responsable de sí mismo. Nadie puede elegir ni escoger por él. Es él e que debe empeñarse personalmente en la construcción de sí mismo, lo que constituye su vocación. El despliegue de esta vocación convierte a cada vida en un proyecto personal intransferible.

Consecuencia del carácter histórico del hombre es la afirmación de la vida como realidad radical. Es quiere decir: La vida individual de cada hombre no se reduce a su vivir biológico, sino también a lo que hace y a todo lo que le va. Cada ser humano es así una confluencia de realidades subjetivas y objetivas, de obras que realiza, de relaciones que establece. ¿Por eso dirá que todo? ¿Son contenidos de mi vida?. Ella es, pues, el conjunto de actos y sucesos que nos tocó vivir, esto es, de vivencias.

La vida es, en consecuencia, un permanente quehacer, principalmente motivado por mejorar el presente y prever el futuro, aquello que podremos y deberemos ser y no somos. ¿Por eso la vida es una? ¿Actitud qué se ejecuta hacia adelante?, imaginativa, puesto que el hombre consiste más en lo que va a ser que en lo que es. Realiza una afirmación de la vida como realidad radical. Para él, la vida es la capacidad de un conjunto de fenómenos para regularse de un modo autónomo por sí mismo.

Por tanto, la vida individual de cada hombre no se reduce a su vivir biológico, sino también a lo que hace y a todo lo que le va sucediendo. Cada ser humano es así una confluencia de realidades subjetivas y objetivas, de obras que realiza, de relaciones que establece... ¿Por eso dirá que todo? ¿Son contenidos de mi vida?. Ella es, por tanto, el conjunto de actos y de sucesos que nos toca vivir, esto es, de vivencias.

La vida supone la apertura del mundo para ocuparse de él, de los otros, de las cosas, de cuanto acontece... ¿Eso impone un movimiento? ¿Circular? Entre nuestro adentro y nuestro afuera como dirá Ortega, para que las cosas no nos dominen cada cual sea dueño de ellas y no pierda o aliene su identidad personal supeditándose a sus exigencias. El hombre debe ser siempre consciente de todo lo que experimenta y darse cuenta de lo que pasa. O se, debe reflexionar sus vivencias.

La vida es, en consecuencia, un permanente quehacer, principalmente motivado por mejorar el presente y prever el futuro, aquello que podremos o debemos hacer y no somos. Por eso la vida es una actividad que se ejecuta hacia adelante, según el propio Ortega. Es una actividad imaginativa, puesto que el hombre consiste más en lo que va a ser que en lo que es.

Características de la vida


La vida como conciencia: La vida de cada hombre está constituida por lo que él hace y por lo que le pase:¿? ¿Vivir es vivirse?. (Tomar conciencia de que estoy viviendo). El hombre se pone en contacto con la vida mediante la circunstancia.

La vida como fatalidad: Al hombre se le impone la vida, el mundo y la circunstancia que forman parte con esa persona. Vivir no es entrar por gusto en un lugar.

La vida la debemos entender como libertad. La vida es un problema que el hombre necesita resolver. A cada uno se le da una vida y una circunstancia completa, pero lo que no se el impone bajo ningún concepto es cómo va a vivir esa vida. Somos libres para elegir entre varias circunstancias.

El hombre es novelista de su propia vida. El ser del hombre es su propia vida. Es decir, el hombre se realiza a sí mismo con todas las decisiones que va tomando. El hombre se lleva en vilo a sí mismo. El hombre está sosteniendo su propio ser. Vivir es un constante decidir lo que vamos a ser.

La vida como proyecto: La vida es lo que aún no es. La vida es futurización. Es esa paradójica realidad que consiste en decidir el hombre lo que va a ser y, por tanto, la vida es ser lo que aún no se es. La vida es empezar por ser futuro.

Nuestra razón, nuestro modo de conocer es también vital, esto es, se ejerce como un acto no independiente de nuestros intereses vitales y de las circunstancias en que nos encontremos. En esto lo que expresa el concepto de raciovitalismo. Todo conocimiento, en consecuencia, es siempre limitado y condicionado y nada puede ser afirmado como verdad con independencia del influjo que ejerza sobre nuestra vida.

Consecuencia del raciovitalismo es entender la verdad como búsqueda de la verdad, puesto que ella es más unta tara que una posesión. No se nos dan verdades acabadas, por eso debemos estar siempre averiguando lo que son las cosas; ni tampoco se nos dan verdades completas, puesto que conocemos sólo perspectivas, esto es, caras o aspectos de aquello que queremos conocer. Por eso debemos ir completando lo que vamos conociendo.

Sin embargo, el hombre debe convencerse de que nunca puede dejar de integrar las perspectivas, trabajando para formarse un conocimiento cada vez más perfecto. Por eso debe afirmar como verdadero aquello que cree que lo es según sus convencimientos. No es, por eso, justificable ninguna actitud escéptica que nada da por verdadero, ni la relativista que, o no está convencida de nada o cambia según las circunstancias. Que la verdad sea circunstanciada o histórica exige precisamente una búsqueda más rigurosa, comprometida y responsable para vivir de acuerdo a certezas y no en la duda o vacilación.

Cada hombre está obligado a forjar sus propias idea. Estas son el resultado de la responsabilidad intelectual de cada cual. Las ideas se oponen a las creencia, que son convicciones que recibimos de otros, de las generaciones anteriores, de las que no somos responsables. Pero cada hombre y cada generación están obligados a forjar sus propias ideas y vivir a partir de ellas. De hecho, el hombre puede alienarse o perder su identidad personal por dos caminos: viviendo sólo de las creencias heredada, o dimitiendo de su personalidad para vivir de acuerdo con lo que diga o piense la gente, colectividad anónima e irresponsable.

La vida social es connatural con el hombre y sólo por la sociedad él puede realizarse como proyecto personal y libre. Ella exige que muchos compartan los mismos usos y costumbres, lo que hará posible la aceptación sin violencia de las leyes y de la autoridad. Ortega confía en la posibilidad de las sociedades para progresar evolutivamente, entendiendo que toda revolución es una convulsión nunca deseable.

La vida política de los pueblos exige que los intelectuales y los mejor dotados intervengan en la vida pública para que los ciudadanos puedan estar orientados y dirigidos por los mejores. De otro modo, las masas populares se desorientas y, sin que nadie lo pretenda, pueden producirse dos efectos, según la lógica histórica: o la rebelión de las masas contra el poder político (revolución) o el acceso al poder de hombres mal dotados o mal formados y ansioso sólo de poder (dictadura).

Ortega es partidario de un gobierno aristocrático, es decir, constituido por los mejor formados intelectual y moralmente. Esto puede ser posible en una sociedad futura, plenamente instruida, culta y bien formada en la responsabilidad. En ella los gobernantes serían espontáneamente seleccionados entre los mejores, sin necesidad de un sistema democrático propiamente dicho. Sería esta una especie de postdemocracia, ya que se producirían los acuerdos en virtud del buen criterio derivado de la misma cultura y formación intelectual y no por consensos o elecciones democráticas.

¿Las líneas maestras de la filosofía orteguiana pueden trazarse a partir de la crítica de una serie de Ideas o pares de Ideas que giran todas ellas en torno a la oposición Realismo/Idealismo en sus diferentes variantes y en un intento por superar su mutua reducción? Practicada, según Ortega, en la Antigüedad («que ponía como realidad radical la cosa corporal») y en la Edad Moderna («que afirma como realidad radical el pensamiento, ¿la conciencia»? Mediante su yuxtaposición (las Cosas y Yo; Circunstancia y Yo) o mediante su fusión en una única idea: la Idea de Vida. La vida (la vida por antonomasia, es decir, la realidad radical) concebida como principio ontológico fundamental, implica, por un lado, la negación de la independencia absoluta del mundo respecto del pensamiento (y viceversa) y, por otro lado, la afirmación de su conjugación: «lo que hay pura y primariamente es la coexistencia del hombre y el mundo...; lo que hay es el mutuo existir del hombre y el mundo... mutuo serse.» La realidad radical es, en consecuencia, la suma de la existencia humana individual (biográfica) y la circunstancia (que es un espacio antropológico bidimensional constituido por los ejes circular y radial), concebida como el ámbito de los problemas a los que tiene que enfrentarse el Yo (que no se identifica ni con el cuerpo ni con el alma ni con su composición). Por ejemplo: ¿La esencia de la Tierra? ¿Dice Ortega? No nos viene dada ni a través de la Astronomía (tierra-astro), ni de la mitología (diosa-madre), sino sencillamente consiste en una serie de dificultades y facilidades para los individuos: es lo que nos sostiene porque hacemos pie en ella, es aquello que a veces tiembla y nos aterra, aquello que nos aparta de nuestros seres queridos, lo que nos permite huir, &c.

Los primeros escritos orteguianos, digamos hasta 1913, están profundamente marcados por el par de conceptos Subjetivismo/Objetismo. El objetivismo (el racionalismo) caracterizaría a esta primera fase o etapa de su pensamiento que se articula en torno a dos grandes Ideas: las Ideas de Ciencia y de Cultura. Una etapa que Ortega quiso dar por terminada en 1916 con la publicación de Personas, Obras, Cosas (volumen que recoge muchos de los artículos y escritos de juventud hasta 1912) y en cuyo prólogo puede leerse: «Para mover guerra al subjetivismo negaba al sujeto, a lo personal, a lo individual todos sus derechos. Hoy me parecería más ajustado a la verdad... dotar a lo subjetivo de un puesto y una tarea en la colmena universal.» Un puesto que ya empezó a ocupar en su primer gran libro: Meditaciones del Quijote (1914). El objetivismo inicial, por tanto, se matiza y corrige a partir de esta fecha con el par de conceptos Yo-Circunstancia y, sobre todo, con el concepto de «perspectivismo», introducido a partir de 1913 y formulado explícitamente en el ilustrativo titulo de una de sus publicaciones más emblemáticas: El Espectador. (Perspectivismo no muy alejado de algunas categorías tomadas de la biología, en particular las desarrolladas por el biólogo Jacob von Uexkül, como puede apreciarse en muchas de sus formulaciones: «¿Cada individuo? ¿Persona, pueblo, época? Es un órgano insustituible para la conquista de la verdad».) El par de conceptos Yo-Circunstancia se convierten en El tema de nuestro tiempo (1923) en los de Relativismo(Vida)/Racionalismo o en los de Cultura (vida espiritual)/Vida (vida biológica, vida espontánea), cuya oposición pretende soslayarse introduciendo la consabida yuxtaposición de conceptos con la que define su propia filosofía: el racio-vitalismo. Racio-vitalismo con perspectivismo al fondo, podríamos decir: «¿ni el absolutismo racionalista? ¿Qué salva la razón y nulifica la vida? Ni el relativismo, que salva la vida evaporando la razón». «No hay cultura sin vida, no hay espiritualidad sin vitalidad». Sin embargo, esta yuxtaposición acabará siendo reabsorbida en la «vida biológica», ¿cuándo ésta adquiere el valor de vida por antonomasia («las actividades espirituales? ¿Advierte Ortega? Son también primariamente vida espontánea. El concepto puro de la ciencia nace como una emanación espontánea del sujeto, lo mismo que la lágrima»). Y en eso precisamente consiste el Tema de nuestro tiempo: «en someter la razón a la vitalidad, localizarla dentro de lo biológico, supeditarla a lo espontáneo». «La razón pura tiene que ceder su imperio a la razón vital». Pero hay un momento en el que Vida y Cultura aparecen plenamente integrados (fusionados), a saber: el momento de la creación de nuevos valores culturales; el momento de la cultura germinal (que es momento de los genios que marcan el inicio las nuevas épocas) frente a la cultura ya hecha (desvitalizada, esto es, anquilosada, hieratizada). En este momento (el del cambio de valores) es cuando la vida espontánea recupera su valor preeminente: «Contra cultura, lealtad, espontaneidad, vitalidad» (fase contracultural en la concepción orteguiana de la cultura que no supone una vuelta al primitivismo).

En resolución: La doctrina de la razón vital es la propuesta orteguiana para superar la oposición racionalismo/vitalismo, en un doble sentido: en primer lugar, vitalizando a la razón, es decir, insertándola en el contexto de la existencia humana, haciendo de la racionalidad una respuesta a las necesidades vitales previas; en segundo lugar, renegando del sustancialismo de la res cogitans. Así proclamó Ortega su «cartesianismo de la vida» utilizando una fórmula («pienso porque existo») que Unamuno ya había hecho suya en Del sentimiento trágico de la vida, aunque éste prefiera, no obstante, esta otra: «Siento, luego soy». Como consecuencia inmediata, Ortega arroja por la ventana de la vida toda la Ontología tradicional: Las Ideas de sustancia, esencia, existencia, ser, cuerpo, alma, materia, forma, &c., resultan insuficientes, ¿y proclama como fundamento de la verdadera filosofía? La filosofía llamada, por tanto, ¿a inaugurar una nueva época? Un principio dinámico: la vida entendida como acontecer, como aquello que nos pasa («la vida no tiene un ser fijo y dado de una vez para siempre, sino que está pasando y aconteciendo»). Y esto tanto vale para la vida biográfica (la vida como empresa, como quehacer, la vida, en suma, como actividad proléptica), como para la vida cultural (crisis y cambio de las épocas). Su doctrina adquiere, de este modo, una coloración historicista presidida por la teoría de las generaciones, que desarrolla en En torno a Galileo (1933) sentando las bases de la razón histórica, cuyos principios fundamentales se exponen en Historia como sistema (1935).

¿La razón histórica? Término puesto en circulación por Dilthey y que Windelband y Rickert recogen, respectivamente, ¿en Historia y Ciencia natural (1894) y Ciencia cultural y Ciencia natural (1899)? Es la razón vital puesta en movimiento, es decir, es la alternativa metodológica ofrecida por Ortega para el análisis de la vida tanto biográfica como histórica (análisis del cambio de categorías culturales, lo que Ortega llama las creencias, en las grandes épocas: Antigüedad, Edad Media, Renacimiento, Edad Moderna). Esta concepción puede considerarse el resultado de la operación de integración de su perspectivismo vital (antropológico, cultural) al ámbito de la realidad histórica, a través de la definición del ser del hombre (de su sustancia) como ser histórico; el ser del hombre es innumerable y multiforme: en cada tiempo, en cada lugar, es otro. ¿Y cuál es el ser principal de la existencia humana? Entiéndase de un hombre, ¿de un pueblo o de una época? El sistema de creencias en el que vive. La metodología propuesta por Ortega consiste en desentrañar el sistema de convicciones de una determinada época tratando de averiguar, en primer término, la creencia fundamental, de la que se derivarían todas las demás. ¿Pero cómo se averigua el sistema de creencias de una época? Utilizando el método comparativo, esto es, comparando unas épocas con otras.

En este contexto, Ortega proclamará el inicio de un nuevo tiempo, la «aurora de la razón histórica», firmemente convencido de que la cultura moderna (cartesiana) había llegado a su fin: «El hombre, no tiene naturaleza, lo que tiene es historia; porque historia es el modo de ser de un ente que es constitutivamente, radicalmente, movilidad y cambio. Y por eso no es la razón pura, eleática y naturalista, quien podrá jamás entender al hombre. Por eso, hasta ahora, el hombre ha sido un desconocido... ¡Ha empezado la hora de las ciencias históricas! La razón pura tiene que ser sustituida por la razón narrativa... Y esa razón narrativa es la razón histórica».

Pero, ¿cuál es el síntoma en el que funda esta proclamación? El siguiente: la crisis de los fundamentos de las ciencias ejemplares (la crisis de la razón teórica), a saber, la física, la lógica y las matemáticas y la crisis de los fundamentos de las ciencias prácticas (la razón práctica: moral, derecho, política, costumbres...). En suma: la crisis de la fe propia de la Edad Moderna; la crisis de la razón pura y de sus temas fundamentales: Verdad, Conocimiento y SEr.
Una de las preocupaciones de Ortega era que en su época se diese una respuesta satisfactoria desde la filosofía, acorde a la problemática presente. Rechazar el pasado y no tener una nueva concepción le parece grave. Es lo que plantea en "El tema de nuestro tiempo".
Aquí en el texto muestra una actitud optimista porque está difundiendo una alternativa que cree valida. Su propuesta es novedosa y sin embargo no presenta frontal oposición a lo anterior sino que es más bien integradora. Este es el punto fundamental de toda su filosofía y también de este texto: la nueva concepción del ser. El ser entendido como vivir, el ser que está presente en todo y nada puede acontecer sin él. La vida o mejor el vivir es lo primero que se nos presenta, es de lo que todo lo demás depende. Así pues, es la realidad radical.

A finales del s.XVIII escribíaKant que todo hombre podía y debía proceder como mayor de edad, es decir, proceder en todo con pleno conocimiento conseguido por uno mismo y con absoluta libertad y en consecuencia también responsabilidad. Eso debía entenderse por Ilustración. Más que una época o una corriente era un modo de vida que se caracterizaba por la independencia del hombre. El tema acuñado fue "atrévete a saber", con el convencimiento de que la ignorancia era lo que había mantenido postrado al hombre. Y ahora, el saber, el conocimiento, iluminaría la razón del hombre y avivaría su inteligencia para proceder por sí mismo.
Ortega se sitúa en esa nueva posición del hombre ilustrado que es el hombre actual, pero señala que dentro de esa tesitura hay grados, niveles. Para los tiempos presentes un desfase de algunas décadas equivaldría a varios siglos de retraso en épocas pasadas. Esto es lo que entiende por "altura de los tiempos", el punto al que hemos llegado y en el que es preciso situarse para vivir nuestra realidad contemporánea.

http://www.ortegaygasset.edu/circunstancia/numero6/art4.htm