Opinión sobre kant, libertad

Hola, tengo que hacer una opinión sobre kant, y me atrae mucho el tema de la libertad, pero no se como empezar... Tengo que creiticar su idea, sino es la libertad, pues otra cosa..¿me podrías ayudar?

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Respuesta de
Kant y la Libertad
Capacidad de los seres racionales para determinarse a obrar según leyes de otra índole que las naturales, esto es, según leyes que son dadas por su propia razón; libertad equivale a autonomía de la voluntad.
La razón teórica no puede demostrar la existencia de la libertad pues solo es capaz de alcanzar el mundo de los fenómenos, mundo en el que todo está sometido a la ley de causalidad, y por lo tanto en el que todo ocurre por necesidad natural. Sin embargo, desde la perspectiva de la razón práctica, y si queremos entender la experiencia moral, cabe la defensa de la existencia de la libertad: si en sus acciones las personas están determinadas por causas naturales, es decir si carecen de libertad, no podemos atribuirles responsabilidad, ni es posible la conducta moral; de este modo, la libertad es la ratio essendi (la condición de la posibilidad) de la moralidad, a la vez que la moralidad es la ratio cognoscendi (lo que nos muestra o da noticia) de la libertad.
Autonomía De La Voluntad
Llamamos autónomo a un sujeto cuando se da a sí mismo sus propias leyes y es capaz de cumplirlas. La autonomía de la voluntad describe la circunstancia de que cuando un sujeto se comporta moralmente él mismo se da las leyes a las que se somete, pues dichas leyes tienen su origen en la naturaleza de su propia razón.
Esta tesis kantiana es una consecuencia de los ideales de la Ilustración (que tiene en Kant a uno de sus representantes más importantes): la emancipación de la humanidad, tanto social como individualmente, el paso a su mayoría de edad, es una consecuencia de la realización de la Razón en la vida privada y pública.
Filosofía y libertad en kant. José Aleu BenítezPrólogoAlcanzar la idea de los límites objetivos que caracterizan los rasgos genuinos deun pueblo en un determinado momento histórico, sin renunciar a su cultura, constituye el punto de partida que puede hacer posible el ulterior desarrollo de supropia creatividad y grandeza en su marcha hacia la libertad. Ello muchas veceses sólo posible cambiando la forma de mirar lo ajeno, muchas veces consideradocomo adversario, como negador de nuestro propio pensamiento y, lo que es más, de nuestras propias creencias. En una España como la nuestra cargada de tradiciones, de creatividades artísticasy literarias, de epopeyas militares y de abnegación monacal, se imponía unainvestigación seria sobre un concepto tan fundamental como es el de libertad. Unconcepto de libertad que sobrepase los tópicos de liberales y conservadores yexplique por qué se han ensayado tantas veces modelos democráticos y tantasveces han resultado fracasados. En mi memoria yace todavía el recuerdo de la IIRepública, tan apasionadamente querida en sus comienzos, y que unos y otroshicieron fracasar sumiendo al pueblo en un baño de sangre... Algo debió faltar enesas mentes enfrentadas cuando se daban consignas de libertad y en su sagradonombre se hacía la guerra. ¿Se entendía realmente ese concepto o, aún másexactamente, el verdad dero contenido del mismo? ¿Era la libertad simplementeuna cualidad otorgada por el Creador al hombre para que se le sometiese comopersona? ¿Era un producto de la cultura que dignificase al pueblo que opta porPartidos opuestos en el seno de una Constitución? ¿O era infinitamente más? Latrágica situación, por nosotros padecida, me hizo pensar en mi vocación deinvestigador y profesor. ¿Qué meta podía proponerme mejor que estudiar con todaintensidad al autor que más ha hecho, como filósofo, en favor de la libertad? Unhombre que, inmerso en la sociedad brutal y autoritaria de los Reyes y Príncipesde Prusia, consagra toda su obra a esa realidad divina que se llama libertad. Con este propósito, y sorprendido al ver que Kant en todos sus grandes ypequeños escritos considera el tema como el único fundamental y fundamentadorde toda actividad humana, decidí aprovechar la ocasión que me ofrecía miUniversidad para abordar el tema en sucesivos «cursos especiales», en los quealumnos ya entrados en los temas filosóficos me ayudaron a ser tanto másriguroso cuanto más difíciles eran los textos de interpretar. En este libro serecogen los temas tratados y los logros que ahora doy a la publicidad, no sin antesofrecer algunas orientaciones.
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¿En primer lugar hemos tratado el tema de un modo comprensivo y hemos podidocomprobar la enorme coherencia de un sistema en el que explícita oimplícitamente la libertad constituye no sólo el? ¿Hilo conductor? Sino el fundamentode todas y cada una de las partes de su obra. Y he dicho la «libertad», y no el«concepto de libertad», porque para Kant la actividad humana, sea filosófica o no, se hace desde el ejercicio mismo de la libertad. Y cuando no es así, o se recogentradiciones peculiares que conllevan la esclavitud, o se recogen nociones e ideasque sirven a otros intereses confesados o inconfesables. Ser libre es, en todocaso, ser crítico en el sentido más riguroso que esta palabra pueda tener. Nosalgo de mi asombro cuando se trata la ética kantiana como formalista y subjetiva, ajena, se nos dice, a los problemas de la sociedad y de la historia. ¿No será quelos estudiosos de su obra, o los que se dicen serlo, no pasan la barrera de la parte«crítica» de su filosofía? Se habla de que en Kant existe una evolución de supensamiento y hasta se llega a detectar supuestas contradicciones entre el primerKant critico y el póstumo. Sin duda alguna se detecta una evolución, como nopodía ser menos, pero una evolución cíclica que toma siempre en consideraciónlas metas logradas anteriormente para avanzar en su desarrollo. Si atendiésémosa la que Kant ya programó en los «Prólogos» de la primera y segunda edición desu primera Crítica, muchas de las incongruencias se revelarían inconsistentes anteun pensamiento que desde la libertad conquista nuevas metas para la humanidad. Sirva como ejemplo las mismas palabras que Kant refiere en el Prólogo de la segunda edición [Ak. 111, 25,29 -26,6; Ed. Alfaguara (P. Ribas), página. 34]. Enefecto, a propósito de las dificultades que se hicieron a la primera edición de su«Crítica de la razón pura» y ante la imposibilidad de contestar a todas las quepuedan surgir, nos dice: «Por mi parte, no puedo de ahora en adelante, entrar en controversias, aunque tendré cuidadosamente en cuenta todas las insinuaciones, vengan de amigos o adversarios, para utilizarlas, de acuerdo con esapropedéutica, en la futura elaboración del sistema. Dado que al realizarestos trabajos he entrado ya en edad bastante avanzada (cumpliré estemes 64 años), me veo obligado a ahorrar tiempo, si quiero terminar miplan de suministrar la Metafísica de la naturaleza, por una parte, y la delas costumbres, por otra, como prueba de la corrección tanto de laCrítica de la razón especulativa, como de la Crítica de la razón prácticay confiar a los meritorios hombres que han hecho suya esta obra, laaclaración de sus oscuridades casi inevitables al comienzo, y la defensade la misma en su conjunto.» Entre las distintas divisiones recogidas por el mismo Kant y que, sin duda, tuvieronen cuenta las propias de la filosofía wolfiana, aunque corregidas en razón de suspropias investigaciones, se impone ya desde el comienzo el siguiente proyectosistemático:
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Parte CríticaCrítica de la razón puraCrítica de la razón prácticaFILOSOFÍAParte metafísicaMetafísica de la NaturalezaMetafísica de las costumbresDada la estrecha relación que existe entre la «Crítica de la razón pura» y la«Metafísica de la Naturaleza», por una parte, y por otra, entre la «Crítica de larazón práctica» y la «Metafísica de las costumbres», cabe determinar el sistemasegún un esquema semejante, en el que se destaca más la oposición que existeentre Filosofía teorética y práctica. Parte teóricaCrítica de la razón pura(Metafísica general)Metafísica de la naturaleza(Metafísica especial)FILOSOFÍAParte prácticaCrítica de la razón práctica(Metafísica universal)Metafísica de las costumbres(Metafísica especial)Del esquema podemos obtener respuesta al hecho de que Kant designe en los«Principios metafísicos de la ciencia de la Naturaleza» con el nombre de«Metafísica transcendental» a la «Crítica de la razón pura». Ello quedaráplenamente justificado si se tiene presente que dicha «Crítica» encierra, entreotros muchos, un doble aspecto. El primero negativo con respecto a la pretensiónracionalista de lograr, mediante el discurso teórico, una metafísica justificadora delconocimiento de entidades transcendentes. El segundo positivo con respecto a la posibilidad de fundamentar un Conocimiento teórico universal de las entidadessusceptibles de posible experiencia. Ello obviamente pone de manifiesto lainsuficiencia de la filosofía empirista al querer fundamentar lo universal en laexperiencia fáctica de lo singular. Por lo que se refiere a la parte teórica, definida como «Metafísica especial», ponede manifiesto que el objetivo de la primera de las «Críticas» no era simplementedarnos a conocer las condiciones «a priori» que hacen posible la ciencia en general, sino que se trataba también de ofrecer unos conceptos y principios que nos sirvieran como criterios de verificabilidad y que exigían ser aplicados al campode lo «empírico universal» que es, en cuarito fenómeno cognoscible, la «materiamóvil», objeto de estudio en los «Principios metafísicos de la ciencia de la
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Naturaleza». Ya veremos cómo, a pesar del newtonianismo que preside, en estecampo, las investigaciones kantianas, el concepto heurístico de la ciencia acabapor imponerse como consecuencia de su forma de pensar. Finalmente hemos deinsistir en el carácter limitativo de la metafísica teórica general y ello porque unametafísica general de la razón teórica, además de los límites que conlleva toda«generalización», también los acusa por ser «de la razón teórica» y «para la razónteórica». Si los «Prolegómenos a toda metafísica futura», en los cuales se detecta no sóloel carácter peculiar metafísico-especulativo de la primera de las «Críticas», sinotambién hacia adonde apunta el sentido pleno de la metafísica anunciada ahorapor Kant; si, decimos, los «Prolegómenos» deben ser estudiados después de suprimera «Crítica», la «Fundamentación de la metafísica de las costumbres» debeanteceder al estudio de la «Crítica de la razón práctica», y ello porque si la «Críticade la razón pura» tenía por objeto la razón especulativa, ahora la razón, que espura por antonomasia, tiene como objeto la crítica a la razón técnico-práctica, e. d.a la voluntad en cuanto pretende determinarse en asuntos de moralidad pormotivos ajenos a la razón misma. Ello supone que ya la «razón práctica» estáfundamentada metafísicamente. Esta tarea la emprende primordialmente enaquella «Fundamentación de la metafísica de las costumbres». Lo dichoanteriormente sobre la «Crítica de la razón práctica» queda de manifiesto si setiene presente que en la «Fundamentación» pasa Kant de la moral popular o«vulgar», al conocimiento filosófico, también popular, y de éste a la «Metafísica delas costumbres», y de ésta a la «Crítica de la razón práctica». O dicho de otramanera, de la presencia de una «buena voluntad», que conlleva la manifestaciónde la ley moral mediante el «imperativo categórico», se pasa a la consideración desu «posibilidad» y formulación de sus leyes, para al fin mostrar el sentido último dela libertad inteligible, de la que la Ley moral es su máxima expresión. Libertad puraque es voluntad racional, libre de toda otra ley o autoridad que no sea la que larazón práctica se da a sí misma de modo inmediato y categórico. Desde estapureza se puede emprender la crítica a toda otra «razón práctica» que pretendadeterminar la voluntad por otros motivos y establecer en la «dialéctica» lasconsecuencias prácticas («postulados») que se implican en la consideración deaquélla. El sentido absoluto y universal habrá que buscarlo allí donde el «ser» seidentifica con lo que «debe ser» y en cuanto «debe ser», es decir, en la «praxisracional», en esa libertad, cuya realidad constituye, en palabras del mismo Kant, « ... la piedra angular de todo el edificio de un sistema de la razón pura, incluso de la especulativa, y todos los demás conceptos (los de Dios, lainmortalidad) que como meras ideas permanecen sin apoyo en la razónespeculativa, se enlazan con él y adquieren por él consistencia yrealidad objetiva». [cfr. cita (1)]. Ya tendremos ocasión de ver que la «razón práctica», razón por antonomasia, constituye el fundamento incluso del «uso» teórico de nuestra facultad de conocer.
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Por lo que se refiere a la «Metafísica de las costumbres», hay que destacar elcarácter obviamente prácticodeductivo que tiene su tratado de las virtudes(«Principios metafísicos de la doctrina de las virtudes»), al igual que su concepcióndel Derecho racional, llamado equívocamente natural, «Principios metafísicos dela doctrina del Derecho»). Hay que resaltar que los imperativos éticos yconsiguientemente la «libertad personal» que expresan las virtudes, jamás puedenquedar supeditadas a los principios del llamado «Derecho raciona». Porelcontrario, es el Derecho positivo, en cuanto refleja adecuadamente los principiosdel Derecho racional, fundado en la libertad, que permite a la persona, fiel a supropia dignidad, obedecer las leyes «por respeto a las mismas». Y aunque elDerecho llamado natural deriva de la Ley, como tendremos ocasión de ver, y a ellasirve, adquiere su dignidad en la medida en que, transformando a la sociedad civily haciéndola ascender hacia una universalidad jurídica cosmopolita, hace posible que la persona, como ser ético y, consiguientemente, absolutamente libre, asumaesa universalidad, no desde la coacción jurídica propia de la ley externa, sinodesde la libertad racional, propia de la persona. En la persona recta está, pues, enúltimo término, el sentido y aun la culminación de lo que «debe ser», no de lo que«es». Por ello Kant exige un cambio jurídico permanente que, bajo laresponsabilidad ética de cada ciudadano, gobernante o gobernado, aproxime nolas leyes a lo que «es» la sociedad, sino el «ser» de esa sociedad a lo que «debeser»: una sociedad jurídicamente perfecta en la que la violencia y los ejércitospierdan su razón de ser. Este ideal sería pura utopía, si no estuviera dotado deuna exigencia moral que manda categórica e imperativamente la acciónciudadana. Esto no obsta sino que justifica el que la acción nazca de la libertad y para la libertad, única realidad eterna en la que la persona puede esperar suverdadera y eterna liberación. Esfuerzo e ilusión como exigencia imperativa en elcambio social; esperanza que, en función de ese esfuerzo nacido de la libertadábre perspectivas eternas al hombre que en su abnegación, que es afirmación desu libertad, supo luchar por el mundo, para que se acerque a lo que «debe ser». En última instancia, no es la sociedad la que debe hacer a los hombres, sino éstoslos que deben construir la sociedad, interiorizándola en la medida en que esexpresión de su inalienable libertad. Que Kant sostuviera su proyecto inicial hastael final de su vida lo indica el que la «Metafísica de las costumbres» viera la luzpública siete años antes de su muerte, acontecida en 1804. De todas formas, y sin que renunciara al proyecto inicial, ya en 1790 publica su «Crítica del Juicio», queconstituye un objeto de estudio de capital importancia. En efecto, la «Crítica del Juicio» representa no sólo una aportación a la teoríaestética, de incalculable valor, que permite que el placer de lo bello y elsentimiento de lo sublime enlacen el gozo que acompaña a toda creatividad, científica o no, con aquel otro sentimiento que, además de ser puro ydesinteresado, es intrínsecamente bueno e impulsa al hombre recto al ideal de lasuprema aspiración: ser libre en el Reino de la absoluta libertad. Decíamos que, además de esta aportación, Kant protagoniza unas investigaciones sobre lafinalidad de máxima importancia. Éstas son recogidas especialmente tanto en las«Introducciones» a la tercera «Crítica», como en la parte segunda de la misma,
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Titulada «Crítica del Juicio objetivo». Si en la primera «Crítica» su reflexióntranscendental se ocupó de las condiciones «a priori» que hacen posible elconocimiento, limitándolo a una posible experiencia, y de abrir a una meraposibilidad subjetiva las ideas trascendentales de «libertad», «inmortalidad» y de«Dios»; ahora, fundándose en el carácter condicionado de todos nuestrosconocimientos, busca establecer una reflexión sobre la subjetividad que le va apermitir enlazar la «razón teórica» con la «razón Pura práctica» por medio delJuicio, como actividad propia de la razón. La «razón práctica» proporcionaba, desde su propia suficiencia, el «fin final» o, si se quiere, la libertad como expresiónsuprema de la praxis racional. Era pues conveniente pensar este «fin final» enrelación con una finalidad de la naturaleza, que sólo la «razón especulativa» podíaconcebir desde los supuestos ya dados de las dos primeras «Críticas». Y hemossubrayado «podía concebir» porque Kant mantiene su tesis fundamental según la cual la «libertad» es la única realidad que fundamenta su sistema: la reflexióntrascendental que el filósofo lleva a término sobre la actividad subjetiva enlaza conla facultad propia de toda actividad racional. Ni la «facultad de actuar» puede serpensada sin «finalidad», ni ésta sin aquélla. El descubrimiento más significativoradica en que tal investigación lleva a concebir la especificidad de la naturalezahumana en razón de una actividad imprescindible, creadora de ciencia, de historia, de cultura y de moralidad. Tal actividad se caracteriza por la capacidad ilimitadade la razón humana para proponerse fines subjetivos que le permiten adelantarmodelos que orientan la investigación. El éxito de la misma radicará, si es teórica, en su verificabilidad empírica, cuyos criterios fueron ya dados en la «Crítica de larazón pura». Por el contrario, si se trata de un conocimiento moral, dependerá desi las llamadas «máximas» pueden ser intuidas como leyes universales válidaspara todo comportamiento humano. Es decir, estamos refiriéndonos a losprincipios ya establecidos en la «Crítica de la razón práctica». Pero como desdeeste punto de vista racional, y no precisamente teórico, la misma ciencia es unaactividad, resultará que también estos fines relativos y siempre contingentesdeberán recibir su sentido último del «fin final» al que todo otro fin debesubordinarse. De nuevo el imperativo de la libertad, como expresión suprema de la«eticidad», decide el sentido racional o irracional de las acciones que transformanel Universo del hombre. Que Kant, en edad ya muy avanzada, tuviera concienciade esta nueva visión se deduce de sus mismos escritos, de entre los cuales no puedo dejar de citar el párrafo inicial del «Apéndice», sito al final de «El conflictode las facultades» de 1798 (Ak. VII, página. 69 y sigte.): «He aprendido en la Críticade la razón pura que la filosofía no es, en verdad, una ciencia de lasrepresentaciones, conceptos e ideas, o una ciencia de todas las ciencias, o algoparecido; sino una ciencia del hombre, de su representación, de su pensamiento yde su acción; debe representar al hombre en todas sus partes constitutivas talcomo es y como debe ser, tanto según sus disposiciones naturales, como tambiénsegún la condición de su moralidad y de su libertad. En esto la antigua filosofía leasignaba al hombre en el mundo un lugar completamente equivocado, haciéndoloen éste una máquina que, como tal, debía depender completamente del mundo ode las cosas exteriores y de las circunstancias, hacía pues del hombre unelemento casi exclusivamente del mundo. Entonces apareció la Crítica de la razónque le asignó al hombre en el mundo una existericia enteramente activa. El
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Hombre mismo es originariamente creador de todas sus representaciones yconceptos y debe ser el único autor
Saludos
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