Ayúdenme, mi niño no quiere comer

Hola. Por algún motivo me aparece tu pregunta como si no te la hubiera contestado. Así pues, por las dudas te mando mi parecer. Ante que nada es preciso descartar cualquier posibilidad de enfermedad orgánica. Esto es, si ya los médicos te confimaron que no hay ningún problema biológico para que tu niño produzca tal rechazo pasemos a lo psicológico.
Primeramente, janet, te propongo que separemos dos cuestiones básicas. El problema que efectivamente tiene tu hijo, de la angustia que te provoca este problema. Se que no es fácil, pero hay que intentarlo. Vos decís: mi hijo no quiere comer. Bien, sin embargo come algo. Quiere decir que el rechazo no está a toda la comida en sí, sino a ciertos alimentos. Contás que no quiere dejar la papilla, por un lado y por el otro que le gusta comer papas fritas. Ahora bien, el problema es el pollo y los guisos, que si sos como los peruanos que conozco seguramente te salen muy ricos... Vos contás que en cierto tiempo, le obligaron a comer a tu hijo. También contás que "le escondés el pollo entre el arroz", y el lo descubre y lo rechaza. Bien. Pensemos un instante a cerca de que le puede estar sucediendo a este chiquito. Como vos comprenderás, es lógico que haya un rechazo a aquello que se asocia a una situación molesta. Incluso a nosotros, los mayores nos cae mal la comida cuando estamos angustiados o molestos. De igual manera, de seguro te habrá pasado, que en un momento en que te sentías demasiado angustiada no habrás querido tomar alimento alguno. También seguramente te ha pasado que el manjar más exquisito a tu gusto te ha caído mal cuando has estado en medio de alguna situación de stress, incluso de cansancio. Y que, en otros momentos, que has estado más distendida, la comida más simple y común de la tierra, se te ha antojado un manjar de dioses. ¿No es así? Bien, si estamos de acuerdo en esta situación, es lícito que nos preguntemos entonces: ¿Qué es lo que rechaza tu hijo cuando rechaza tal o cual alimento? Pongámonos a ver la cosa desde su mirada de niño chiquito. Tenemos la situación de que en muchas ocasiones tiene que comer con la nana, sin la presencia de los padres. Por algún extraño motivo, que él no se puede explicar, debe abandonar aquello que se le antoja un manjar, las papillas. Es decir, se le quita algo a lo cual está acostumbrado y le gusta. Por otro lado se le imponen otros alimentos en sustitución. A la vez, tal sustitución en algún momento, en el primero, fue forzada por la angustia de sus papis, de lo cual él no entiende nada, pero lo percibe todo. Lo siente de una manera más directa que nosotros que podemos entender algunas circunstancias o disculpar en otras la acción que nos molesta y priva de algo. Y en muchas ocasiones aún así, nos sentimos mal. Si entendimos que hemos dicho hasta acá, también podemos comprender que cuando uno come, no solo come comida sino también afectos, para bien o para mal. Por eso si nos sentimos bien, disfrutamos de cualquier cosa y si nos sentimos mal no podemos disfrutar de lo más mínimo. Hay otra cuestión a tener en cuenta. Como vos sabes muy bien, a todos nosotros, que somos personas as, que sabemos hablar y podemos decidir por nuestra cuenta, nos cuesta asimilar mucho los cambios bruscos. Pongamos un ejemplo. Si mañana tenés que mudarte a un país de idioma distinto, donde no conoces a nadie, por más que tengas trabajo y casa te va a costar un tiempo de adaptación. Es así, o no? Claro que sí! A todos nos cuesta, un poco más o un poco menos. En el caso de un niño tan chiquito, un cambio brusco de alimentos, brusco por sustituir un alimento por otro, y brusco por estar rodeado de angustia de los papis que se lo imponen, porque tienen miedo, le lleva un tiempo mayor de adaptación. Por lo tanto, podríamos concluir hasta acá. Primero, tu hijo rechaza no "el quererte comer" sino el cambio brusco de comer cierto alimento y comerte a vos! (Es decir a tu lado), por un sustituto, donde ya no puedo "comer a mamá", que me resulta extraño y molesto. Bien, ¿Qué más hemos aprendido de lo que hemos dicho hasta aquí? Qué lo que entra por la vía de los afectos "del lado del amor y de la tranquilidad" se aceptan mejor. Es probable por ejemplo, que el gusto por las papas fritas, si se la haces en bastón, tenga que ver con que el chico puede manipular el alimento. Puede tomarlo con la mano, examinarlo, jugar con él, para luego comerlo. Entonces, te propongo que el pollo, en vez de dárselo con el arroz, si tenés la posibilidad, le des una pata, por ejemplo. Con una pata, el chico va a poder jugar, perderle el miedo y por ende el rechazo, hasta que lo coma. Para fomentar la idea de juego, sería interesante que vos misma frente a él, tomes la pata de pollo, la huelas, y te la lleves lentamente a la boca, mostrando que la disfrutás un montón. Sin forzarlo para nada, simplemente poniendo en su plato otra pata. Seguramente el va a intentar imitarte y va a tomar la pata que está en su plato o te va a pedir tu pata. Si te pide tu pata, vos se la das, pero en el acto, le sacás la pata que estaba en su plato y seguís comiendo plácidamente. Este juego tendría que darte resultado. No te desesperes si no lo hace al instante, no importa si vos tenés que comerte tres patas hasta que el tome la suya. Hacelo. (Una por vez, no es necesario ni recomendable agobiarlo) Para reforzar el juego, hacé la pata con papas fritas, tal y cual le gustan a él. Comé ambas cosas. Con una mano tomás una papa. La saboreas, y si es posible hacé un gemidito de placer. Como si fueras una actriz de telenovela. Que vos juegues en serio en ves de hacer como que juegas va a ayudar mucho. Luego hace lo mismo con la pata en cuestión. Respecto de los guisos, de los cuales ya tengo ganas probar, tené la precaución de que no estén demasiado caliente ni condimientados por lo menos en su plato. Ya que el rechazo a la cuchara puede pasar porque la haya encontrado muy caliente la primera vez y encima la situación molesta de la imposición de la que hablamos antes, pueden formar un sincero propósito para que no la tome. ¿Lo harías vos? ! Tampoco! Al menos no lo harías a su edad!
Entonces bien. Hablemos de lo que aprendimos. Uno, sea chico o grande come afectos con la comida, los afectos que despiertan la situación circundante. Los cambios bruscos nos mueven a rechazar hasta lo mejor de la tierra. Dentro de esos cambios tenemos, las personas con las cuales estoy acostumbrado comer, la comida que estoy acostumbrado, y el lugar (tiempo, frecuencia, etc.) Dijimos que esta situación por más ventajosa que sea, nos lleva un tiempo de adaptación a nosotros los os por lo cual a un niño pequeño con más razón. También nos dimos cuenta que el juego por imitación es una manera de enseñar al niño que no tiene que temer, y el hecho de que otro lo disfrute lo puede animar a que el lo haga, sobretodo si se trata de su mami. También dijimos que es importante que él pueda tener un tiempo donde poder reconocer la comida nueva, olerla, jugar incluso con ella. Hasta que se acostumbre. Entonces, en este...

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