Creo que soy gay, pero también me gustan las chicas. ¿Me ocurre algo?

Hola tengo un problema. Creo que soy gay, pero también me gustan las tías. Desde hace un tiempo estoy con un chico y bueno la cosa va bien. Pero me siento muy extraño. Demasiado extraño. Jamás he estado con alguien. Y bueno puede ser eso. Y tampoco he mantenido relaciones sexuales con chicos o chicas. Que me ocurre. Y bueno estoy enamorado de este chico, o eso creo. Me gusta y lo quiero que me ocurre,
gracias
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367.050 pts. Espiritualidad, Relaciones Humanas, Dirección de...
Te paso unos artículos sobre homosexualidad tomados de www.interrogantes.net, que es una página web que está muy bien y que te recomiendo que visites, pues tiene muchas cosas prácticas y cosas superinteresantes.
Un cordial saludo con mis mejores deseos para tu felicidad.
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Dr. Fitzgibbons, "Psicología y tendencias homosexuales", Zenit, 16.I.06
WEST CONSHOHOCKEN (Pensilvania, EE. UU.), lunes, 16 enero 2006 (ZENIT.org).- El reciente documento vaticano sobre los candidatos al sacerdocio y las tendencias homosexuales diferencia entre tendencias profundamente arraigadas y las que son expresión de un problema transitorio.
Para profundizar en los diversos aspectos relativos a estas tendencias y en la forma de afrontarlas, Zenit ha entrevistado al doctor Richard Fitzgibbons, psiquiatra que ha contribuido a la redacción del documento «Homosexualidad y esperanza» (disponible en inglés en cathmed.org/publications/homosexuality.html) de la Asociación Médica Católica (de los Estados Unidos y Canadá).
--¿Cómo distinguiría entre personas atraídas por otras del mismo sexo y aquellas que tienen tendencias homosexuales profundamente arraigadas?
--Dr. Fitzgibbons: Las personas con tendencias homosexuales profundamente arraigadas se identifican a sí mismas como personas homosexuales y son frecuentemente reacias a examinar los conflictos emocionales que han provocado esta tendencia. Presentan una fuerte atracción física por los demás hombres y por la masculinidad de otros debido a una profunda debilidad en la seguridad masculina.
Estas personas, en el ámbito sacerdotal, tienen una significativa inmadurez afectiva con excesos de ira y celos respecto a los hombres no homosexuales, una inseguridad que les lleva a evitar amistades cercanas con tales hombres y a una desordenada necesidad de atención.
La mayor parte de estos hombres tuvieron en la adolescencia dolorosas experiencias de soledad y de tristeza, sintieron inseguridad en su masculinidad y una pobre imagen corporal. Algunos estudios de investigación bien realizados han demostrado una incidencia de enfermedades psiquiátricas muy superior en aquellos que se identifican como homosexuales.
Sometidos a una gran tensión, pueden también manifestar una fuerte atracción física y sexual hacia los adolescentes, como ocurrió en relación con el período de crisis en la Iglesia. Al trabajar con hombres heterosexuales se encuentran con frecuencia en dificultad en situaciones de colegialidad o en ambientes de menor formalidad.
Un conflicto no resuelto con la figura paterna normalmente es mal manejado como una rebelión contra el magisterio y la doctrina de la Iglesia sobre la moral sexual. Lamentablemente la actitud de rechazo, de defensa y de rabia no les permite abrirse a buscar la ayuda del Señor en sus debilidades emocionales y de comportamiento.
Las personas con tendencias homosexuales moderadas no se identifican como homosexuales. Se trata de hombres motivados a identificar y superar sus conflictos emocionales. Normalmente buscan ayuda en la psicoterapia y en la dirección espiritual.
El objetivo de la ayuda es sacar a la luz conflictos tempranos, perdonar a quien les ha dañado y aumentar su seguridad masculina --un proceso que con el tiempo puede llevar a resolver la atracción hacia personas del mismo sexo.
Estos hombres aceptan y quieren vivir y enseñar la doctrina de la Iglesia sobre moral sexual en plenitud. No apoyan la cultura homosexual, sino que la consideran antitética respecto a la llamada universal a la santidad.
--¿Existen test psicológicos que puedan ser útiles para identificar a los candidatos con atracción homosexual o con tendencia homosexuales profundamente arraigadas?
--Dr. Fitzgibbons: Sí. Existe el «Boy Gender Conformity Scale» --elaborado por la Universidad de Indiana-- y el «Clarke Sexual History Questionnaire»: pueden identificar con una precisión del 90% a varones con atracciones hacia el mismo sexo. Además, un análisis profundo de las experiencias de la infancia y de la adolescencia con el padre, con los compañeros varones y con el propio cuerpo puede identificar una homosexualidad profundamente arraigada.
Limitarse a preguntar al candidato sencillamente si es heterosexual u homosexual, como se hace en muchos seminarios y comunidades religiosas, no basta.
--¿Qué recomendaría en el caso de un candidato que presente atracciones hacia el mismo sexo o demuestre tendencias homosexuales?
--Dr. Fitzgibbons: Cuando la evaluación revela probables atracciones hacia el mismo sexo, se da la recomendación de emprender el duro trabajo de resolver su dolor emocional con un profesional de la salud mental competente y el director espiritual. Después de que la seguridad masculina del candidato haya aumentado significativamente y ya no tenga atracción homosexual, podría volver a solicitar el ingreso en el seminario.
En nuestra experiencia clínica, aquellos con tendencias homosexuales profundamente arraigadas carecen de una comprensión de los orígenes de sus conflictos y de la posibilidad de curar. Muchos de estos hombres también se comprometen en trabajar en sus conflictos emocionales.
--¿Qué recomendaría en el caso de seminaristas que tienen atracciones hacia el mismo sexo o demuestran tendencias homosexuales o una inmadurez afectiva significativa?
--Dr. Fitzgibbons: Dada la presente crisis en la Iglesia, con el 80% de los casos de abuso que son de naturaleza homosexual relativos a varones adolescentes, los seminaristas y aquellos que se encuentran en formación en las comunidades religiosas que tengan atracciones hacia el mismo sexo tienen una grave responsabilidad para proteger a la Iglesia de más escándalos y sufrimientos.
Deberían intentar comprender y resolver sus conflictos emocionales con un profesional de la salud mental cualificado y un director espiritual.
Los seminaristas con actitudes afeminadas -una señal clara de grave inmadurez afectiva-- frecuentemente, en su infancia, no fueron capaces de identificarse suficientemente con la figura paterna y con sus coetáneos. Se pueden beneficiar de la terapia para eliminar los comportamientos afeminados y fortalecer su aprecio por la masculinidad que han recibido de Dios, a fin de que se puedan convertir en verdaderos padres espirituales.
Los seminaristas con tendencias homosexuales profundamente arraigadas deberían hablar de sus conflictos honradamente con su director espiritual y tomar como guía el reciente documento de la Iglesia. En los últimos 30 años hemos visto a muchos jóvenes superar estas tendencias en el momento en que se ha introducido un elemento espiritual en su plan de tratamiento, así como sucede en el tratamiento de la toxicomanía.
La investigación realizada por el Dr. Bob Spitzer, del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Columbia University, ha dado esperanza a muchos jóvenes sobre la curación de sus conflictos emocionales.
--¿Cuáles son los principales temas emocionales y de carácter que considera que se deben afrontar en los programas de formación humana de los seminarios?
--Dr. Fitzgibbons: Según un estudio nacional de 2005, el 28,8% de los americanos padecerá trastornos de ansiedad en el curso de su vida, el 24,8% trastornos de impulsividad y el 20,8% trastornos de humor.
El origen más frecuente de estos trastornos emocionales en los hombres surge de una falta de cercanía y de afirmación en la relación con la figura paterna y con los coetáneos. Estos conflictos emocionales generan debilidad en la seguridad masculina, tristeza, soledad, rabia y a menudo un desprecio del propio cuerpo. Además, los hijos de familias divorciadas presentan mayor problema de confianza.
La principal debilidad de carácter en nuestra cultura es la del egoísmo, que es un obstáculo mayor para la donación de uno mismo en toda vocación.
Un buen examen psicológico y una anamnesis profunda podrían identificar varios tipos de dolor emocional que el candidato podría afrontar en su vida espiritual con su director espiritual, y si fuera necesario con un profesional de la salud mental cualificado. Las conferencias para seminaristas sobre el tema del crecimiento en la madurez afectiva y en la donación de uno mismo puede ser útil para la identificación y la resolución de los conflictos que interfieren en la maduración afectiva.
--¿Qué criterios indicarían que un seminarista ha alcanzado madurez afectiva?
--Dr. Fitzgibbons: Por mi experiencia profesional, el mayor indicador de madurez afectiva de toda vocación es la sana y equilibrada donación de uno mismo, que comprende la capacidad de acoger a Dios y a los demás.
La madurez afectiva se demuestra también por la capacidad de dirigir las tensiones emocionales más comunes, como la ansiedad, la débil confianza, la ira, la soledad y la tristeza. La ansiedad puede ser superada con el crecimiento en la confianza; la ira con el crecimiento en la virtud del perdón, y la soledad o la tristeza con el crecimiento en la capacidad de recibir el amor de Dios y de otros de una forma normal, y de darse uno mismo.
Puede ser oportuno, además, hacer emerger y afrontar también los conflictos de la infancia y de la adolescencia. Asimismo, un compromiso para crecer en numerosas formas es necesario para el desarrollo de una personalidad sana.
--¿Cómo pueden ayudar los directores espirituales a los seminaristas o a los sacerdotes que experimentan atracción hacia el mismo sexo?
--Dr. Fitzgibbons: Los directores espirituales pueden ayudar a los seminaristas y a los sacerdotes comprendiendo que las atracciones hacia el mismo sexo se pueden tratar y que no están genéticamente predeterminadas. Pueden alentar a los seminaristas y a los sacerdotes a afrontar su sufrimiento emocional con la ayuda del Señor, en particular su soledad.
Los directores espirituales que se comprometen activa y honestamente en la oración de sanación interior, y que pueden ayudar a hacer eficaces las gracias de sanación, a través de la regla para el discernimiento espiritual de San Ignacio de Loyola, pueden facilitar el proceso de sanación.
--La nueva Instrucción del Vaticano afirma que las tendencias homosexuales que sean sólo la expresión de un problema transitorio, como, por ejemplo, el de una adolescencia todavía no terminada, deben ser claramente superadas al menos tres años antes de la Ordenación diaconal. ¿Qué opina al respecto?
--Dr. Fitzgibbons: En mi opinión esta declaración significa que no es suficiente para un seminarista ser casto durante tres años. También debe primero conocerse a sí mismo, esto es, comprender sus conflictos emocionales que ocasionan atracciones hacia el mismo sexo y haber trabajado para resolver esos conflictos.
La castidad por tres años no es suficiente porque, en los momentos de mayor tensión en el ministerio sacerdotal, los problemas no resueltos de soledad, aislamiento o inseguridad derivados del período de la adolescencia podrían conducir a atracciones hacia el mismo sexo -incluso atracción hacia chavales adolescentes, en un intento inconsciente de huir del propio sufrimiento.
Los hallazgos de la reciente investigación del Dr. Robert L. Spitzer y muchos otros estudios clínicos sostienen esta perspectiva de que las tendencias homosexuales pueden ser transitorias y ser solucionadas.
--¿Qué recomienda en el caso de sacerdotes que experimentan atracciones hacia el mismo sexo o tendencias homosexuales?
--Dr. Fitzgibbons: Recomendaría que se hagan más conscientes de los orígenes emocionales de la atracción hacia el mismo sexo y de la posibilidad de curarla, además de la incidencia de graves enfermedades físicas y psiquiátricas asociadas a la homosexualidad.
También, visto que según el informe del Jay College of Criminal Justice de Nueva York el 80% de los casos de abuso por parte de sacerdotes se refiere a chicos adolescentes, los sacerdotes con atracciones hacia el mismo sexo tienen una grave responsabilidad en proteger a la Iglesia y a los jóvenes de más escándalos, cosa que les impone el deber de trabajar para comprender y resolver sus atracciones hacia el mismo sexo. Los chavales adolescentes necesitan ser protegidos de la agresión homosexual.
Hemos visto a muchos sacerdotes crecer en santidad y en felicidad en su ministerio como resultado de la sanación de la inseguridad masculina, soledad e ira de su infancia y adolescencia y, sucesivamente, de su atracción hacia el mismo sexo. Este proceso de curación ha sido descrito en la declaración de la Asociación Médica Católica, «Homosexualidad y esperanza».
Nuestra experiencia de más de 25 años nos ha convencido de la relación directa entre rebelión e ira contra la enseñanza de la Iglesia y comportamientos sexualmente promiscuos.
Parece que se trata de un camino de doble dirección: los que son sexualmente activos disienten de la enseñanza de la Iglesia sobre la sexualidad para justificar sus propias acciones, mientras que aquellos que adoptan ideas rebeldes sobre la moral sexual son más vulnerables a hacerse sexualmente activos porque carecen de defensas contra las tentaciones sexuales.
Crecer en el perdón y en la humildad es esencial en el tratamiento de tales sacerdotes.
--¿De qué manera pueden los obispos y los superiores religiosos ayudar a sus sacerdotes que presenten tendencias hacia el mismo sexo?
--Dr. Fitzgibbons: Si los obispos alentaran a los sacerdotes con tendencias homosexuales a seguir terapia apropiada y dirección espiritual conforme a la doctrina de la Iglesia, también serían testigos de la sanación de sus sacerdotes.
Además, los sacerdotes serían ayudados si los programas para hacer frente a los momentos de crisis no enmascararan el papel de la homosexualidad en los fenómenos de abuso sobre chicos adolescentes. En lugar de ello, estos programas deben describir por qué los varones adultos pueden estar sexualmente atraídos hacia adolescentes y cómo este conflicto puede ser resuelto.
En vista del informe del John Jay College, los obispos deberían considerar proteger a los jóvenes impidiendo a los sacerdotes con una homosexualidad profundamente arraigada enseñar o desarrollar otros ministerios en escuelas, centros superiores y seminarios.
Finalmente, los obispos deberían estar alerta de que existen muchos «expertos» que ignoran la ciencia médica o que están influidos por lo «políticamente correcto».
El Dr. Paul McHugh, miembro del National Review Board de la Conferencia Episcopal estadounidense (USCCB, por sus siglas en inglés. Ndr), ex jefe de psiquiatría del Hospital John Hopkins, declaró recientemente: «Me sorprende el hecho de que esta bomba» --la del abuso sobre chavales adolescentes-- «no haya sido objeto de mayor interés y debate».
McHugh refirió al «National Catholic Register» que estaba «asombrado por el hecho de que la gente por todos los Estados Unidos no estuviera hablando de ello, ni estuviera reflexionando preguntándose por los mecanismos que lo generaron».
Existe toda razón para esperar que, con este nuevo documento, la Iglesia progresará en la necesaria vía de la purificación descrita por Juan Pablo II en su encuentro de abril de 2002 con los cardenales y obispos a propósito de la crisis.
Tomado de Zenit, ZS06011720
David Akinsanya, "Un homosexual harto de serlo", La Razón 14. IX. 05
>> La BBC polemiza con el mundo gay al dar voz a un homosexual "harto de serlo".
Su problema en la infancia
"Simplemente, no quiero ser gay". Con estas duras palabras dejó boquiabierta a la audiencia de la BBC David Akinsanya hace escasas semanas. Y es que el tabú del tema homosexual ha comenzado a resquebrajarse en Gran Bretaña. También el diario "The Independent" se hizo eco de la noticia. David Akinsanya se ha convertido -por obra y magia de los medios de comunicación-, en el representante de toda una generación de homosexuales hartos de serlo. Y cansados de callarlo.
Después de veinticuatro años de vida homosexualmente activa, David se dio cuenta de que deseaba tener hijos. "No quería hacerlo por ninguno de los métodos que los gays tenemos a nuestro alcance. Sé que hay parejas de homosexuales que tienen hijos, pero no quiero ser uno de ellos, porque creo que no es justo para el niño. Lo que deseo es la heterosexualidad con todo lo que conlleva, especialmente tener mujer e hijos", aseguró en el documental de la BBC.
Infancia marcada
"Existe la creencia de que es divertivo ser gay. Pero yo estoy cansado de este estilo de vida", continuó David. Su historia viene de tiempo atrás, tal y como explica. "Una de las razones por las que deseo mi propia familia es porque nunca tuve una cuando era niño", reconoce. Su madre y su padre se separaron antes de que él naciera. En el orfanato, su padre le visitaba de vez en cuando y David le esperaba ansiosamente, porque su única "madre" fue una mujer muy dominante. "Crecí anhelando la atención masculina", explicó David en la TV británica. A partir de los 19 años, David tuvo únicamente relaciones con hombres y dos parejas "estables y satisfactorias", aunque ya hace mucho tiempo de eso.
Ahora sabe que sí se puede cambiar
Hace dos años comenzó a plantearse seriamente si podría ser feliz alguna vez siendo gay. Y en ese momento empezó una búsqueda que le llevaría hasta EE UU, donde participó en algunos cursos en busca de un cambio de orientación sexual. Muchos de ellos eran impartidos por grupos religiosos. "No podía entender cómo la oración podía cambiar mis preferencias sexuales, pero acudí a los cursos con una mente abierta". En uno de ellos, le pidieron que escribiera cosas positivas y negativas de su vida: "Cuando vi lo negativa que parecía mi vida, lloré".
Aunque no todos los cursos fueron eficaces, David está convencido de que no ha perdido el tiempo con ellos. "Ahora tengo más control sobre las decisiones que tomo. Todo este viaje me ha servido para darme cuenta de que la sexualidad sí se puede cambiar, aunque no pueda provocar el cambio en el momento que me gustaría".
Y aunque no es "políticamente correcto" decirlo, David Akinsanya lo ha hecho nada menos que en la prestigiosa BBC, donde él mismo trabaja como periodista...
Leopoldo Varela, "¿Orgullo... o infierno Gay?", Época, 5.VII.05
>> Testimonio de un homosexual atrapado en un mundo de pesadilla
"Comencé cuando estaba en segundo de carrera" -explica Juan José L. F., madrileño de 33 años-. "Iba con amigos a bares de ambiente gay, pero pijos, en la zona de las calles Pelayo y Augusto Figueroa, cerca de la Gran Vía madrileña.
Me atraía lo divertido y lo morboso. Desconectabas, te reías, veías chulazos, nos colocábamos con porros y cubatas. Era una alternativa a las chicas. Pero fue ganando terreno lo morboso. Y empecé a frecuentar otros garitos, picado por la curiosidad.
Un verano, al cabo de un par de años, tuve la experiencia de lo que es un cuarto oscuro. Aquello me cambió la vida. Había oído hablar de ellos, había leído cosas en revistas como Mensual, Shangay Express o Zero, pero nunca había entrado.
Lo primero que te llama la atención es la oscuridad. Luego vas distinguiendo figuras de cuerpos que se mueven despacio. Se acercan. Es una mezcla de miedo y de atracción. ¿Dudas si zambullirte o no en un mar de sensaciones? De pronto, ¿notas un roce de un mano? Tienes una descarga de adrenalina, el corazón galopa dentro del tórax..."
"Desde entonces" -continúa Juan José L. F. su relato- "me enganché a la montaña rusa, así la llamo yo, y no me quise bajar. Te da vértigo, pero cada vez la necesitas más. Comencé a ir todos los findes. Y cuando me conocí todos los cuartos oscuros de todos los clubs, saunas o discos gays de Madrid, descubrí los de Tenerife, Valencia, Roma o Hamburgo -aprovechando las vacaciones.
A veces voy en grupo, con tres o cuatro amigos, o cuando he tenido un novio, ¿he ido con él? Otras voy solo, me pierdo en esos laberintos y tengo relaciones con gente diferente y anónima. Ahí está el morbo. ¿Sitios? Bares y clubes de Chueca, de Gran Vía o de Lavapiés.
¿Qué se siente? La sensación de que no hay barreras, ni freno. ¿Las relaciones sexuales parecen no tener límite? ¿Vas probando experiencias cada vez más fuertes y más prohibidas?
Pero al día siguiente, al volver a la vida cotidiana, te acompaña la angustia, el desprecio por ti mismo. Los recuerdos de esas relaciones se fijan en la memoria como un postit y se quedan clavados y no hay forma de olvidarlos.
Cada vez necesitas hacer cosas más fuertes, porque las anteriores ya te aburren. Necesitas sentir la adrenalina y el corazón galopando dentro del pecho. Y buscas, entonces, experiencias más excitantes, aunque para ello tengas que rebasar los límites de la locura.
Y parece que vas a salir indemne, ¿pero? No. A mayores hazañas sexuales, más ansiedad. Y te odias. Pero a la semana siguiente vuelves a la orgía privada, a la sauna, al festival de leather -"cuero"- (modalidad de sexo duro, donde los participantes llevan arneses, gorras y prendas de cuero). Y ya no puedes escapar.
Las orgías se organizan los jueves o los fines de semana. Se anuncian en los propios garitos, o en la Red. Algunos clubes tienen calendarios programados con antelación. Y hay intercambios con el extranjero y se organizan circuitos por clubes o discotecas gays de toda Europa. Son fiestas monográficas: todos leather, o todos desnudos. O sólo para skin (los rapados) o sólo para los llamados osos (gente peluda).
Deseas morirte
¿Qué es lo que más teme Juan José o lo que más le repugna de ese submundo? "Lo que más temo son las enfermedades. Es un miedo atroz, con el que te despiertas por la noche. Pero lo que más me repugna es otra cosa. Es la sensación de que los otros, en las orgías, te utilizan como si fueras un objeto. Te sientes reducido a cosa, no eres persona.
Te ve un tío en un cuarto oscuro y va a por ti, frenéticamente, como que no se puede contener, y en lugar de hablarte, te empieza a tocar y te abre la bragueta, y notas que le importas un bledo, que lo único que quiere es tu órgano sexual. Y, yo al menos, noto una angustia instalada en el pecho, como una explosión lenta y pesada de tristeza.
Hay ocasiones en que estás a gusto con un tío y tienes un buen rollo. Y, al acabar, hasta hablas con él y te tomas copas. Pero otras veces tienes la sensación de estar siendo utilizado. No lo soporto: el tío quiere tu cuerpo, no te quiere a ti. Y desea poseerte, usarte y se acabó. Y entonces es como si tu tuvieses un momento de lucidez, te despertaras en medio de la pesadilla y dijeras:¿? Pero ¿se ha vuelto loco? ¿Qué hace este tipo sobándome y sodomizándome, fuera de sí, como un energúmeno?. Y entonces odias a ese individuo y te odias a ti mismo: porque resulta que tú eres igual, te ves reflejado en el espejo. Y deseas morirte
El miedo a las enfermedades es una tortura. Mis amigos gays lo niegan, ¿dicen qué habitualmente no están pensando en ello? Pero es mentira. Al revés: casi no piensan en otra cosa.
Imagínate: todo el santo día con prácticas de riesgo: sexo anal, sexo oral, fisting (introducir la mano, el puño -fist, en inglés- e incluso el antebrazo en el recto). Todo el día jugando con el peligro: con el semen o la sangre. Y generalmente sin preservativo. ¿Cómo no vamos a estar temblando, aunque no lo digamos?".
Un susto mayúsculo
"Yo pillé hace cinco años una gonorrea anal. El susto fue mayúsculo. Pensé que también tenía el sida y me hice la prueba. Afortunadamente, no había nada. Y me curé la gonorrea con antibióticos. Pero el miedo, la desazón no te las quita nadie. Cuando vas de médicos, con análisis, con exudados, te sientes un trapo, un desecho humano: eres nada y menos que nada. Y vuelves a odiarte.
Te engañas. Crees que no vas a coger ninguna venérea. En la euforia de una fiesta, cuando estás en pelotas, bien colocado con unos cubatas -o alguna pastilla-, transportado a otra galaxia por la música y el estruendo, te parece que puedes hacer de todo y hacerlo con todos. Entonces que no te hablen de las hepatitis, ni de la sífilis, el herpes o el sida. Pero esa misma noche cuando estás durmiendo la mona, te despiertas de pronto con la sensación de que estás infectado, de que tienes ya el virus dentro, aunque no tengas síntomas.
Eso es lo más angustioso: no puedes huir, no puedes refugiarte de la enfermedad... porque la enfermedad la llevas encima. Y ahí están todos tus recuerdos. Uno por uno, sin olvidarte de una sola de tus aventuras sexuales. Y no puedes dormir. Y te atiborras de pastillas.
He llegado a estar seis meses limpio. Sin practicar sexo ni frecuentar garitos. Por miedo, claro. Convencido de que ya tenía el sida y que la cuenta atrás había sonado en el reloj de mi vida.
Cada visita al médico, cada análisis, cada hora en la sala de espera, esperando la sentencia en forma de resultados, era un inhibidor de la furia sexual. Pero siempre vuelves. Se pasa el miedo, te confías, y vuelves.
En esos meses de sequía, piensas que el mundo gay es una locura. Lo ves con cierta distancia y piensas que estás de atar, todos obsesionados por mojar, por follar (con perdón), ése es el objetivo. Luego están las fiestas, la parafernalia, la ropa, los adornos, pero debajo de todo eso no hay más que un objetivo: sexo duro, es todo. Yo, a veces, lo he hablado - y discutido- con amigos: quitas el sexo duro y ¿qué queda? Nada. Lo que pasa es que esto no se atreven a decirlo muchos".
Te vuelves neurótico
"Yo he visto cosas tremendas en las orgías gays. Fiestas monográficas de pissing (lluvia dorada); de fisting (lo del puño); o incluso de sado-maso (te atan, te azotan, te pinchan, te llegan a apagar colillas en los genitales). O clubes nudistas. En Madrid hay uno, donde es casi imposible no salir sin un par de relaciones o tres.
O lugares con códigos estrictos de ropa (en algunos sitios sólo admiten arneses o prendas de goma y cuero; en otros, con ropa militar). O con códigos de señales: hay orgías donde llevar un pañuelo de un determinado de un color quiere decir que me gusta que me sodomicen, o que me gustan los fetiches, o el beso negro, ¿por ejemplo? Es cuestión de dar con la media naranja.
O gente que lleva su locura a decorarse el cuerpo -genitales incluidos- con tatuajes y piercing, o raparse todo el pelo de su anatomía.
Yo nunca he ido al psiquiatra, como sí han ido otros compañeros gays. Pero sí que me gustaría poder hablar de todo esto, con gente normal, que no esté en ese ajo. Pero para eso necesitas distanciarte, ¿alejarte un poco?
Te vuelves neurótico. Sufres porque ves a amigos tuyos que han pillado el sida, que se han ido al otro barrio, o que de pronto te los encuentras en un garito y están en los huesos, consumidos, y te das cuenta de que ya están en la recta final, y de que han contagiado o van a contagiar a todo bicho viviente. O con pañales de por vida, como dos que yo conocí, que tuvieron que hacerles una colostomía porque se habían destrozado el colon a base de introducirse juguetes en el recto (vibradores, penes de plástico, etcétera).
Lo piensas fríamente y dices: qué locura. Cada club de sexo duro, cada sauna es una bomba de relojería de sida, un foco de infección, cuyas ondas se expanden cada vez más lejos. Y luego está la sensación de esquizofrenia. Haces vida normal y es una tortura mental acordarte, mientras estás despachando con un compañero de trabajo o hablando con tu madre, del fisting, por ejemplo. Y como no hay freno, aplicas tus fantasías sexuales, cada vez mayores y más extravagantes, a la gente normal que te rodea. Y en esos momentos notas que ya no eres dueño de tu mente.
Claro que más de una vez me he planteado dejarlo. Pero estás enganchado y no puedes. ¿Pero no porque alguien te lo impida? Sino porque te lo impides tú mismo. Es como si tuvieras la facultad de querer dividida en dos: por un lado, ¿te repugna todo eso? Pero, por otro, lo deseas. Acabas hecho polvo, neurótico perdido".
Transcripción: Leopoldo Varela.
ÉPOCA ha omitido deliberadamente los nombres de los locales mencionados en este testimonio.
Más información en la revista Época.
Juan Luis Lorda, "Discriminación sexual y Junta de Portavoces de Navarra", Forumlibertas, 8.VII.05
>> ¿Comer yogur por la oreja? ¡Pero si ese orificio no pertenece al sistema digestivo!
Todas las personas son dignas por el hecho de ser personas. Es lo que yo creo. Todo ser humano merece respeto, desde que es concebido hasta que muere. Y ningún adjetivo puede cambiar, quitar o poner, esa dignidad fundamental. Da lo mismo que una persona sea alta o baja, vieja o joven, sana o enferma, hombre o mujer. Es igualmente digna.
Aunque, naturalmente, no es lo mismo ser joven que ser viejo, ser sano que ser enfermo, ser alto que ser bajo, ser hombre que ser mujer. Las palabras sirven para distinguir, que es una operación muy necesaria para la inteligencia. Poner nombres distintos a cosas distintas .
La Junta de Portavoces del Parlamento de Navarra, con rechazo de UPN y abstención de CDN, hizo recientemente una solemne declaración institucional comprometiéndose a "velar por hacer efectivo el derecho al matrimonio entre dos personas, sin discriminación por razón de sexo" y a "trabajar tanto en el ámbito legal como en educativo, cultural, comunicativo y social, de cara a superar los comportamientos homófobos".
La Junta de portavoces, desde luego, está en su derecho a hacer las declaraciones que le parezcan oportunas y con toda la solemnidad que quiera. Es deseable, de todas formas, que, en lo posible, sean coherentes. Aquí faltaría por aclarar qué significa "matrimonio". Si es una palabra cuyo significado depende de la Junta de portavoces o se basa en alguna realidad independiente de la Junta de Portavoces. Y también quién declara y con qué criterio qué es homófobo. Si se le pone a todo el que no le cae simpático a alguien o se basa en alguna apreciación independiente y justa.
Si yo tuviera un amigo que intentara comer yogur metiéndoselo por la oreja, con todo respeto, le podría observar que quizá resulta algo anómalo desde el punto de vista alimenticio. Porque ese orificio no pertenece al sistema digestivo. Yo creo que diciéndoselo no le estaría despreciando ni cayendo en la homofóbia. Y que, en cierto modo, él, si es mi amigo, tiene derecho a que honradamente se lo diga. Procuraría no ofenderle, pero creo que tengo derecho a decirlo y, mucho más, a pensarlo.
El sistema reproductivo humano está tan fijado y es tan rígido como el sistema digestivo. Es decir, hay comportamientos que sirven para la reproducción y otros que no. Y esto no depende de las votaciones de la Junta de Portavoces. Espero no ofender a nadie ni hacer perder a ningún niño o anciano la inocencia. Se da la circunstancia de que cuando dos personas, varón y mujer, se unen adecuadamente, se puede producir ese fenómeno biológico tan precioso que es la concepción de un ser humano. Pero si lo hacen de otra manera o no son varón y mujer, resulta que no se puede producir.
Se da la circunstancia también de que la concepción es un asunto de alto interés público porque es el camino ordinario y masivo de incorporación de los nuevos ciudadanos a la sociedad. Y, en cambio, se da la circunstancia de que todos los demás tipos de uniones no tienen interés reproductivo y, por tanto, apenas tienen relevancia social. Son asuntos privados de dos o más.
Por el altísimo interés que tiene la reproducción humana y por el valor de los hijos, la legislación universal (y también la navarra) protege desde tiempo inmemorial el "matrimonio", que significa literalmente, como ya se ha recordado en este periódico "el oficio de la madre". Y en cambio, apenas ha prestado atención a otro tipo de uniones privadas, que no tienen ese efecto.
Ahora por la presión de grupos gay, confundiendo toda la historia del derecho, se intenta decir que todo es matrimonio. Pero es evidente que se trata de fenómenos muy distintos, con un interés social muy distinto también. Y que es muy conveniente, para la inteligencia y para la vida social, distinguir lo que es distinto.
Que los gays son distintos lo dicen a viva voz ellos mismos. Y que la unión gay es distinta del matrimonio protegido por la tradición de la ley es, sencillamente, una evidencia biológica. Los que defendemos estas verdades mínimas lo único que hacemos es proteger el sentido común, el uso del lenguaje, y, lo que es más importante, la reproducción humana natural, la familia que de allí se deriva y el interés público. Y, por supuesto, tenemos el mismo derecho que los demás a decirlo y a no ser insultados con comportamientos agresivos e intolerantes.
Pero hay más. Todos los que sienten una inclinación homosexual tienen el derecho de saber que no existe un sexo homosexual, sino que hay personas con mayor o menor tendencia homosexual. Que esa orientación parece que, en la generalidad de los casos, es adquirida y no congénita. Que se puede cultivar o que se puede disminuir (aunque tiene su dificultad).
Que tiene derecho a intentar cambiar esa orientación y que en un tanto por ciento de los casos se consigue. Que tiene derecho a manifestar su condición o a no manifestarla. Y que cualquier presión en este sentido (como las amenazas que han salido estos días en los periódicos), es un grave abuso. Todo esto, lejos de ser homofóbia es, sencillamente, decir la verdad, sin ánimo de ofender a nadie. Y con derecho a no ser ofendido.
Por encima de estas consideraciones elementales e ideológicamente neutras, todos los que sienten una inclinación homosexual tienen también el derecho, lo mismo que cualquier otra persona, a saber cómo es la moral cristiana. Y a saber que la moral cristiana considera que el sexo se ordena, por naturaleza, a la vida. Y que hay que vivirlo así, aunque a todos nos cueste. Y que la moral cristiana considera inmoral todo comportamiento que no respeta este orden, sea ese comportamiento homosexual o no.
Y que uno lo puede intentar y lo puede conseguir. Y son muchos los que lo intentan y lo consiguen. Y que uno se puede equivocar y volver a empezar. Y que esto es muy bueno y da mucha alegría. Y que las familias de padre y madre e hijos son sumamente beneficiosas para la sociedad. Y muy necesitadas de que la Junta de Portavoces les preste alguna atención.
Es muy dudoso que sea competencia de la Junta de Portavoces (o del Parlamento español) cambiar el vocabulario español contra su propia tradición jurídica. Lo que es seguro es que no puede cambiar la realidad de la reproducción humana, como no puede cambiar la de la alimentación. Con una declaración de la Junta de Portavoces no se conseguirá nunca que el acto de meter yogur por la oreja sea un acto de alimentación y tenga ese significado biológico y social. Pero pueden declararlo, si quieren, y aumentar la confusión. Si de paso, tienen tiempo para ocuparse alguna vez de los derechos de las familias, mejor.
Tony Anatrella, "Homosexualidad y homofobia", Aceprensa, 8.IX.04
>> Cuando la policía de las ideas sustituye al debate
El recurso más empleado por las asociaciones de militantes homosexuales para cerrar cualquier debate sobre sus pretensiones es la acusación de "homofobia". La palabra "homofobia" se ha convertido en un vocablo fetiche que impide cualquier reflexión crítica y estigmatiza a quienes piensan que la homosexualidad plantea un problema. Seleccionamos los párrafos más significativos del estudio sobre "Homosexualidad y homofóbia" realizado por el psicoanalista francés Tony Anatrella, especialista en psicología clínica y social, publicado en "Lexicón" (1), una recopilación de artículos sobre términos ambiguos y discutidos en cuestiones éticas.
Confusión entre identidad y tendencia sexual
La homosexualidad sigue siendo un problema psíquico en la organización de la vida sexual, que concierne al individuo. Querer trivializar esta orientación y darle un estatuto social equivale a confundirlo con la identidad sexual. Ahora bien, no hay más que dos identidades sexuales: masculina o femenina, no hay identidad homosexual.
La homosexualidad pertenece al grupo de tendencias sexuales numerosas y variadas en el psiquismo humano y que, en el mejor de los casos, están sublimadas y situadas bajo la primacía de la identidad sexual. El individuo sólo puede socializarse y enriquecer el vínculo social a partir de su identidad (de hombre o de mujer). (...)
La tendencia sexual está del lado de la tendencia instintiva parcial, mientras que la identidad es un dato efectivo: esta última pertenece, por tanto, al lado de la cultura y de la elaboración de los instintos. Dar valor a una tendencia en detrimento de las otras da a entender que se podría vivir socialmente a merced de las tendencias instintivas parciales (homosexualidad, voyeurismo, exhibicionismo, sadomasoquismo, trasvestismo, transexualidad, etc.) sin ninguna visión global de sí mismo, del otro y de la sociedad.
La sociedad no tiene que reconocer la homosexualidad, sólo las personas están sujetas a derechos y deberes; y esto no es el caso de una tendencia sexual. Militantes homosexuales hacen de su tendencia sexual un objeto de derecho para casarse y adoptar niños, cuando están en una situación contraria para vivir esa doble realidad que sólo pueden compartir un hombre y una mujer. Dan a veces la impresión de rehuir las preguntas que se plantean sobre este tema y de huir igualmente de su historial psicológico, sobre todo, cuando se sabe que la mayoría de los sujetos descubren su tendencia homosexual de manera atormentada.
Homofóbia y angustia homosexual
Se observa, muy a menudo, que la ansiedad y la angustia que van ligadas a la homosexualidad no son en realidad mero producto de la sociedad fundada únicamente sobre la relación de pareja hombre/mujer y, por tanto, heterosexual. El tormento del descubrimiento de la atracción por personas del mismo sexo encuentra su origen, sobre todo, en razones psíquicas. Estas son numerosas y variadas, empezando por el hecho de no poder establecer una relación afectiva íntima con una persona del sexo contrario. Esta incapacidad remite a una impotencia ansiogénica que unas personalidades frágiles en su narcisismo intentan colmar a través de un reconocimiento social. (...)
Numerosos homosexuales son completamente indiferentes a una militancia activista con la que no se sienten identificados. No están particularmente orgullosos del desfile del "gay pride". Saben que sería incoherente militar a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo, y, todavía más, adoptar niños o "fabricarlos" por cualquier medio. Los niños estarían en una situación de mentira relacional y no podrían gozar del beneficio de la doble presencia de un hombre y una mujer, sus padres, para desarrollarse. El interés del niño se ve negado y la criatura se convertiría únicamente en el apoyo narcisista, en el ensalzamiento y prolongación de personas homosexuales que desearían verse reconocidas a través de ella.
Deseos ilusorios
La necesidad de tener un niño, en estas condiciones, es un deseo imaginario e ilusorio. El niño no es aceptado por sí mismo. Conviene recordar que el niño no es un derecho, a menos que se considere que se pueden "fabricar" niños únicamente para sí, jugando a los aprendices de brujo. Es paradójico que las sociedades occidentales se hayan embarcado deliberadamente en una mentalidad antinatalista, hasta el punto de haber alcanzado un declive demográfico, y que hayan hecho del niño un objeto del disfrute personal del individuo. El niño ya no se concibe como aquel que asegura la renovación de las generaciones y la continuidad de la familia, sino como el doble de uno mismo que hay que repetir.
Sería grave seguir favoreciendo esa regresión que desemboca en todas las patologías del afecto y la dependencia, que revelan, a menudo, trastornos de la estabilidad emocional, de la filiación y de la identidad sexual. ¿Hay qué añadir más problemas todavía a los que ya existen por culpa del divorcio de los padres, y poner a los niños en unas situaciones que son contrarias a sus necesidades y a sus intereses? La sociedad debe velar para que un niño sea acogido, protegido y educado en las mejores condiciones que existan, entre un hombre y una mujer. (...)
Se observa a menudo, en nombre de una orientación sexual y, en particular, de la homosexualidad, una voluntad de cambiar la sociedad, que se considera injusta por estar fundada únicamente a partir de la relación de pareja formada por un hombre y una mujer. La obligación de la diferencia sexual, de la normalidad conyugal y familiar debe ser denunciada. De ese modo, se implanta todo un sistema de vigilancia política, de policía de las ideas, para combatir la discriminación de la que serían objeto los homosexuales.
Para culpabilizar a los heterosexuales
Estos efectos del lenguaje consisten en culpabilizar a la sociedad, y de momento funciona bien esta intimidación, que además manipula los datos de la historia, del derecho y de la democracia. Sin embargo, no hay nada de discriminatorio en decir que sólo hombres y mujeres pueden casarse y ser padres. La sociedad, lo repetimos, sólo puede reconocer la relación hombre-mujer y no las tendencias sexuales. Estos se casan primero porque son hombre y mujer, y no en función de su tendencia heterosexual, que no es más que una consecuencia de su unidad y de su coherencia personal.
No puede haber igualdad psicológica y social entre la pareja formada en nombre de la doble identidad masculina y femenina y una relación entre dos personas del mismo sexo en nombre de su tendencia parcial. La atracción sentimental entre estas personas no cambia nada de ese hecho constitutivo del vínculo social. (...)
La homofóbia es un argumento de mala fe y un producto de la ansiedad de la psicología homosexual. Apelando a la homofóbia, los militantes quieren ante todo culpabilizar a los heterosexuales. Objetivo que, por otra parte, consiguen, sembrando la duda en el espíritu de la gente, como sabe hacerlo el discurso del narcisista perverso que da a entender a los demás que sabe más sobre su psicología para manipularles mejor. (...)
Vigilancia y censura intelectual
La estrategia de vigilancia y de denuncia que desarrolla el "lobby" homosexual prepara una próxima represión que comienza a propugnar una parte de los responsables políticos, bajo la presión de las asociaciones militantes y con la complicidad de los medios de comunicación. Estos últimos desempeñan un papel de censor moral presentando la homosexualidad, a menudo, de manera simplista y sentimental. (...) Este filtrado de los medios hace que sea cada vez más difícil, para la mayoría, encontrar reflexiones sobre lo que significa el hecho de imponer a la sociedad una tendencia sexual disociada de la dimensión relacional del hombre y de la mujer.
En varias organizaciones psiquiátricas, les está hasta prohibido a los facultativos mencionar que han podido permitir a algunos sujetos cambiar de orientación sexual pasando de la homosexualidad a heterosexualidad gracias a la psicoterapia. Nos encontramos, pues, ante una paradoja: se admite que se pueda pasar de la heterosexualidad a la homosexualidad, pero se niega que se pueda producir lo inverso. Semejante cerrazón ideológica es grave, especialmente, cuando se sabe que hay diferentes formas de homosexualidad, y que algunas de ellas son accesibles a un tratamiento analítico, mientras que otras son, efectivamente, irreversibles.
Se juzga como racismo o como homofóbia cualquier crítica, cualquier reflexión que muestre que la homosexualidad representa un serio hándicap psíquico para la elaboración sexual, cualquier contenido humorístico que pueda sonar a burla respecto a la homosexualidad, o incluso el hecho de recordar que la práctica homosexual no es justa moralmente y que la mayoría de las religiones la consideran como una contradicción antropológica de valor universal mientras que únicamente la relación de pareja hombre-mujer está en los cimientos de la sociedad y del derecho. Esta interpretación psicológica no fundada traduce una carencia de pensamiento que ataca a las personas para descalificar mejor su discurso y las preguntas que se plantean. (...)
La homofóbia no refleja la realidad
La utilización del eslogan de la homofóbia es un efecto del lenguaje que no refleja la realidad. La mayoría de las personas son indiferentes a los homosexuales, máxime en una sociedad individualista en la que cada uno hace lo que quiere. En cambio, los problemas surgen cuando se quiere hacer de esa tendencia una norma para la sociedad.
La homosexualidad puede suscitar una inquietud y una desconfianza, en particular, cuando algunos militantes exhiben su tendencia agrediendo a los demás y a la sociedad. ¿Por qué querer pregonar de esa manera sus tendencias, cuando en el mejor de los casos se presenta uno primero como hombre o como mujer, o incluso como ciudadano? (...)
La utilización abusiva de la imagen de la homofóbia, por parte de los doctrinarios de la causa homosexual, nos sitúa ante una interpretación proyectiva. La fobia y el miedo están mucho más presentes en los que se sirven de ellos como un estandarte que en aquellos a los que apuntan los discursos de esos militantes. El mecanismo habitual de la fobia consiste en rechazar hacia el mundo exterior la angustia que inspira una moción instintiva, pero que se vive como un peligro y un disgusto que viene del exterior. (...)
El delito de la crítica
La represión intelectual se pone en marcha hasta pensar en la creación de una sanción penal. En efecto, se pretende en algunos medios asociativos, e incluso políticos, crear un "delito de homofóbia" que sería sancionado por la ley asimilando la situación de los homosexuales a la de los que son víctimas del antisemitismo y del racismo. Pero la orientación sexual de una persona no es una cualidad comparable a la raza o al origen étnico.
"Incluir 'la orientación homosexual' entre las consideraciones sobre cuya base resulta ilegal discriminar, puede llevar fácilmente a considerar a la homosexualidad como una fuente positiva de los derechos humanos, por ejemplo en lo que se refiere a las medidas antidiscriminatorias a favor de las minorías o el trato preferente en las prácticas de empleo. Esto es tanto más perjudicial cuanto que no existe ningún derecho a la homosexualidad, por lo que no debería constituir nunca el fundamento de reivindicaciones jurídicas. Partir del reconocimiento de la homosexualidad como factor sobre cuya base es ilegal discriminar, puede conducir fácilmente, incluso automáticamente, a la protección legal y a la promoción de la homosexualidad. La homosexualidad de una persona sería invocada contra la discriminación que se alega, y el ejercicio de los derechos sería de ese modo defendido por el subterfugio de la afirmación de la condición homosexual, en lugar de serlo en función de una violación de los derechos humanos elementales" (2).
Sería como poco insensato y absurdo querer convertir en delito cualquier crítica relativa a la homosexualidad. En la mayoría de las sociedades, las personas y los bienes están protegidos por unas leyes que garantizan su respeto. No hay por qué instituir reglas particulares que, además, no alcanzan el bien común. Crear un "delito de homofóbia" sería una manera de tomar a la sociedad como rehén por una cuestión problemática de la organización sexual de un sujeto.
El descubrimiento de esta tendencia en uno de sus hijos siempre es un drama para unos padres. ¿Deberían ser denunciados a la justicia bajo el pretexto de que se niegan a acoger en su casa al compañero o la compañera de su hijo o su hija? Numerosos especialistas piensan que la homosexualidad es la resultante de un trastorno de la identidad sexual. ¿Deberán por ello comparecer ante tribunales por no estar conformes con el dictado de las asociaciones homosexuales mediante el cual se arrastra y manipula al poder político? ¿Habrá qué censurar, además, a la Biblia y también a toda una literatura de ficción o científica por el delito de pensar mal, y someterlas a unos autos de fe de siniestro recuerdo?
Una estrategia ya conocida
La homosexualidad es una tendencia sexual que, cuando invade la escena social, es un signo de confusión y de falta de autenticidad relacional. Es decir, que no tiene ningún valor político y no puede ennoblecer la civilización (...). No le corresponde a la sociedad organizar la homosexualidad; de lo contrario, hay que organizar todas las tendencias sexuales y protegerlas por ley. (...) La sociedad sólo puede mantenerse y durar si apoya la organización sexual y social de la relación fundada entre un hombre y una mujer. Lo demás pertenece al ámbito privado y particular, y no tiene que ser honrado por una ley y unos derechos.
(...) No corresponde a la sociedad el tratar la problemática individual y psicológica de la sexualidad humana. Sin embargo, se pide cada vez más a la sociedad que reconozca y legisle sobre todas estas relaciones subjetivas. Si se niega, entonces se le da a entender que no es generosa y que tiene miedo. Esta explotación del miedo y de la culpabilización de los ciudadanos es una estrategia bien conocida y utilizada por todos los que buscan enmascarar la verdad, como fue el caso con el marxismo. (...)
La homosexualidad plantea numerosos problemas en el plano social cuando se la quiere legitimar sin ningún discernimiento y sólo adoptando como buenas las afirmaciones de los "lobbies" homosexuales. Ahora bien, no se puede tratar la homosexualidad en el plano social del mismo modo que en el plano individual. La homosexualidad no está sujeta a derechos: sólo las personas están sujetas a derechos y deberes. (...). Las sociedades occidentales tienen una visión suicida del vínculo social al favorecer todas las expectativas subjetivas de los individuos en detrimento de las realidades objetivas.
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(1) Consejo Pontificio para la Familia. "Lexicón. Términos ambiguos y discutidos sobre familia, vida y cuestiones éticas". Ediciones Palabra. Madrid (2002). 1.142 págs.
(2) Congregación para la Doctrina de la Fe. "Respecto a las proposiciones de ley sobre la no discriminación de personas homosexuales" (Roma, 24 de julio 1992).
Pedro Antonio Urbina, "Tantos casos de homosexualidad", 25.V.05
Fue en otra ciudad, en la suya. Hacía tiempo que no había visto a mi amigo y, poco después de llegar a su tierra, le llamé y nos vimos y tomamos unas cervezas. Hablamos de amigos comunes; uno de ellos seguía viviendo como amante con otro hombre. Se refirió también a algunos conocidos, muchos sólo de oídas, pero la ciudad es pequeña y todo se sabe. Cada vez hay más. Se quedó pensativo, y yo también; luego me preguntó:
-¿Por qué hoy se dan tantos casos de homosexualidad?
Sin buscar una razón, me vino a la memoria el famoso capítulo primero de la Carta a los romanos de san Pablo, y le contesté:
-Porque abandonan a Dios y Dios a su vez les abandona a ellos, y los entrega a esas pasiones, que les llevan a dejar la mujer y a encenderse de deseos sexuales unos hombres por otros hombres.
Me daba cuenta mientras hablaba de que mi contestación era muy libresca, y no quise rectificar para ser lo más fiel posible al texto.
Como mi amigo me miraba sorprendido, añadí:
-Lo dice san Pablo, o sea, es palabra de Dios. Y tú tienes fe y la pones en práctica.
-Sí, pero habrá alguna otra razón.-Insistió.
Yo esforcé mi fe, pues tampoco veía en la explicación de san Pablo la claridad, y repetí:
-Esta es la razón básica, sin duda, y la principal. Dale vueltas verás cómo es así. Yo también lo haré.
Es cierto que hay "otra razón", a la que cabe contestar desde la Medicina y desde la Educación; para esas respuestas no estoy capacitado, pero me atrevo a responder a la "razón básica y principal". *
Y también lo hice: le di vueltas luego a ese texto. No razonándolo sino, como suelo, poniéndome delante el tema, y mirándolo, a ver si luce.
Y, de pronto, dos meses después, al hojear un libro, al ver el n.9 de la Carta Apostólica Mulieris Dignitatem, de Juan Pablo II, me vino la luz. Me parece que es una luz.
Escribe el Santo Padre que el pecado original lleva, además de la medida humana, por la libertad, "una cierta característica diabólica".
Pensé que todo pecado posterior al pecado original tiene también, además, una característica diabólica.
"El pecado provoca -escribe el Papa- la ruptura de unidad originaria, de la que gozaba el hombre". Entonces relacioné esta afirmación con la cita del Génesis, que allí mismo, en la página siguiente de ese libro que había dejado de hojear, estaba: "Pondré enemistad entre ti y la mujer" (3,15). Dios se lo dice al diablo, pero si el pecado humano tiene una característica diabólica, Dios se lo dice también extensivamente al hombre. Perdida para el hombre -y queriendo el hombre esa pérdida- su unidad originaria, pone enemistad entre él, el hombre, y la mujer; el hombre se enemista con la mujer.
Esa unidad originaria de que gozaba Adán, es la que goza todo hombre redimido por Jesucristo, todo hombre bautizado, en gracia y en amor de Dios. Goza de una unidad muy superior a la de Adán.
Y esa enemistad -"enemistad entre ti (el diablo) y la Mujer"- es enemistad con la Madre de Dios, porque va a parir al verdadero Hombre; al Redentor del hombre.
Madre de la Iglesia, madre de todos los hombres, esta Mujer, da a luz a los hombres que gozan de esa unidad superior a la unidad de los orígenes. Esa unidad de los orígenes -dice Juan Pablo II- es "la unión con Dios como fuente de la unidad interior de su propio yo, en la recíproca relación entre el hombre y la mujer (communio personarum)".
Rota voluntaria y pertinazmente esa unión con Dios, se rompe la unidad interior del yo del hombre, y, desintegrado, llevando en sí "una cierta característica diabólica", desune. Hace lo desordenado.
Abandonado de Dios, al que él ha abandonado antes, su desintegrado corazón se abraza a lo que aún más le desintegra: la mentira, que ha elegido en vez de la verdad de Dios (Cfr. Romanos 1,25). Enemistado con la mujer, se abrasa en deseos de otro hombre (Cfr. Romanos 1,27), que no es communio personarum, sino destrucción de personas.
Es evidente que la ruptura de la unión con Dios es desintegración de la unidad interior del yo del hombre y, en...

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