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30/08/2006
Experto
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PUEDEN SER DOS COSAS LO QUE TIENES, UNA ES ORGANICA RELACIONADA CON UNA PARTE DEL CEREBRO QUE NO SE DESARROLLA COMPLETAMENTE Y QUE PRODUCEN LO QUE SE DENOMINA HEMIANESTESIA.
O SIN BASE ORGANICA
Estudio del Psicoanálisis y Psicología
Sintomatología.
d
Problemas y Perspectivas
Psicología, Fisiología y Clínica
El Cuerpo En Cuestión
Cuerpo Individuo Sexualidad
Psicología y Psicoanálisis en la Argentina
Problemas y Perspectivas
Psicología, Fisiología y Clínica
El Cuerpo En Cuestión
Cuerpo Individuo Sexualidad
Psicología y Psicoanálisis en la Argentina
Sintomatología.
La sintomatología de la «gran histeria», rica en extremo, mas no por ello carente de ley, se
compone de una serie de síntomas entre los que se incluyen:
Ataques convulsivos.
Están precedidos por un «aura» peculiar: presión en el epigastrio, opresión en la garganta,
martilleo en las sienes, zumbido en los oídos, o partes de este complejo de sensación. Estas
sensaciones, llamadas de «aura», aparecen en los histéricos también de manera autónoma o
representan por sí solas un ataque. Bien conocido es, sobre todo, el globus hystericus, el
sentimiento, referible a un espasmo faríngeo, de una bola que subiría del epigastrio a la
garganta. El ataque propiamente dicho muestra, si es completo, tres fases(60). La primera fase,
«epileptoide», semeja un ataque epiléptico común, en ocasiones un ataque de epilepsia
unilateral; la segunda fase, de los «grands mouvements» muestra movimientos de gran
envergadura, como los llamados «movimientos de saludo», posturas en forma de arco (arc de
cercle), contorsiones y similares. La fuerza desarrollada a raíz de ello es a menudo enorme;
para distinguir estos movimientos de un ataque epiléptico vale puntualizar que los movimientos
histéricos son ejecutados siempre con una elegancia y una coordinación que contrastan
fuertemente con la tosca brutalidad de los respingos epilépticos. Aun en las más violentas
convulsiones histéricas, casi nunca se producen heridas de alguna gravedad. La tercera fase,
alucinatoria, del ataque histérico, la de las «attitudes passionelles», se singulariza por posturas
y ademanes que corresponden a unas escenas apasionadas que el enfermo alucina y suele
acompañar con las palabras correspondientes. Durante todo el ataque la conciencia se puede
mantener o perderse; esto último es más frecuente. Ataques de la índole descrita suelen
componerse en series, de suerte que el ataque completo puede durar desde varías horas hasta
días enteros. A diferencia de lo que ocurre en la epilepsia, el aumento de temperatura es
desdeñable. En casos rudimentarios, cualquier fase del ataque o cualquier fragmento de una
fase puede aislarse y subrogar por sí solo el ataque. Tales ataques abreviados se encuentran
desde luego, con frecuencia muchísimo mayor que los completos. Poseen particular interés los
ataques histéricos que en lugar de las tres fases presentan un coma que sobreviene en forma
apopléctica, los llamados «attaques de sommeil». Este coma puede asemejarse al dormir
natural, o ir acompañado de tal disminución en la actividad respiratoria y circulatoria que se lo
tenga por muerte. Se han verificado casos en que tales estados se prolongaron durante
semanas y meses; en este dormir continuado, la nutrición corporal disminuye poco a poco,
aunque ello no supone peligro mortal. Este síntoma de los ataques, tan característico, falta en
aproximadamente un tercio de los histéricos.
Zonas histerógenas.
Estrecha relación con los ataques mantienen las llamadas «zonas histerógenas», lugares
hipersensibles del cuerpo cuya estimulación leve desencadena un ataque, el aura del cual suele
iniciarse con una sensación proveniente de ese lugar. Estos lugares pueden tener su sede en la
piel, en las partes profundas, huesos, mucosas, y hasta en los órganos de los sentidos; son
más frecuentes en el tronco que en las extremidades y muestran ciertas predilecciones: por
ejemplo, un lugar de la pared abdominal correspondiente a los ovarios en mujeres (y aun en
hombres(61)), la coronilla, la región situada bajo el pecho, y en los hombres los testículos y el
cordón espermático. A menudo la presión ejercida sobre estos lugares no desencadena la
convulsión, sino las sensaciones de aura. Desde algunas de estas zonas histerógenas se
puede ejercer también un influjo inhibidor sobre el ataque convulsivo. Por ejemplo, con una
presión fuerte en la zona de los ovarios algunas enfermas despiertan del ataque histérico o del
dormir histérico. En el caso de estos enfermos se puede prevenir un ataque en cierne si se les
hace llevar un cinturón a modo de braguero cuya almohadilla oprima la región de los ovarios.
Las zonas histerógenas son ora numerosas, ora escasas, unilaterales o bilaterales.
Perturbaciones de la sensibilidad.
Son los signos más frecuentes de la neurosis, y los más importantes para el diagnóstico;
perduran aun en los períodos de intervalo, y revisten significatividad tanto mayor cuanto que en
la sintomatología de las afecciones encefálicas orgánicas las perturbaciones de la sensibilidad
desempeñan un papel proporcionalmente menor. Consisten en una anestesia o una
hiperestesia, y en materia de extensión y grados de intensidad muestran una libertad máxima,
que no se alcanza en ninguna otra enfermedad. Pueden estar afectados de anestesia: piel,
mucosas, huesos, músculos y nervios, órganos de los sentidos y vísceras; sin embargo, la
anestesia de la piel es la más frecuente. Con respecto a la anestesia histérica de la piel, todas
las variedades de sensación en la piel pueden disociarse y mostrar un comportamiento por
entero independiente unas de otras. La anestesia puede ser total, o afectar sólo la sensibilidad
para el dolor (analgesia, que es la más habitual), o sólo la sensación de temperatura, de presión
o de electricidad, o bien las sensaciones musculares. La única posibilidad que no se presenta
en la histeria es el deterioro exclusivo de la sensibilidad táctil, conservándose las restantes
cualidades. En cambio, a veces ocurre que meras sensaciones táctiles producen una
impresión dolorosa (alphalgesia). La anestesia histérica suele ser de grado tan alto que la más
intensa faradización de troncos nerviosos no origina ninguna reacción sensible. En cuanto a su
extensión, la anestesia puede ser total, y aquejar -en casos raros- a toda la superficie de la piel
y a la mayoría de los órganos sensoriales; más a menudo, empero, consiste en una
hemianestesia semejante a la producida por lesión de la cápsula interna; pero se distingue de la
hemianestesia debida a una afección orgánica porque por lo común rebasa en alguna parte la
línea medía -p. ej., abarca la lengua, la laringe o los genitales en su totalidad- y porque los ojos
no son alcanzados en la forma de la hemianopsia, sino como ambliopía o amaurosis de un ojo.
Además, la hemianestesia histérica tiene una libertad mayor en su forma de distribución; a
veces, un órgano de los sentidos u otro órgano del lado anestésico se sustrae por completo de
la anestesia; por añadidura, cualquier lugar sensible dentro del cuadro de la hemianestesia
puede ser subrogado por el lugar simétrico del otro lado (transfert {trasferencia} espontánea.
Por último, la anestesia histérica puede presentarse en focos dispersos, ser unilateral o
bilateral, o aparecer meramente en ciertas zonas, monopléjica en las extremidades o en forma
de parche sobre órganos internos afectados (laringe, estómago, etc.).
En todos estos nexos puede ser subrogada por una hiperestesia. En la anestesia histérica, los
reflejos sensibles p. ej., los reflejos conjuntival, estornutatorio y faríngeo están por lo común
disminuidos; en cambio, se conservan los reflejos de la córnea y la glotis, de importancia vital.
Los reflejos vasomotores y la dilatación de las pupilas por estimulación de la piel no son
perturbados ni aun en caso de anestesia grave de esta. La anestesia histérica es en general un
síntoma que tiene que ser examinado por el médico, pues aunque su extensión e intensidad
sean muy grandes suele escapar por completo a la percepcíón del enfermo. Como diferencia
respecto de las anestesias orgánicas, cabe destacar que la perturbación histérica de la
sensibilidad por regla general no estorba a los enfermos en ninguna de sus actividades
motrices. Los lugares de la piel histéríco-anestésicos a menudo son isquémicos, no sangran si
se los punza. Empero, esta es sólo una complicación, y no una condición necesaria de la
anestesia. Artificialmente es posible separar entre sí ambos fenómenos. A menudo existe una
relación recíproca entre anestesia y zonas histerógenas, como si toda la sensibilidad de una
gran parte del cuerpo se hubiera comprimido en una sola zona. Las perturbaciones de la
sensibilidad son aquellos síntomas sobre los cuales se puede fundamentar el diagnóstico de
histeria aun en las formas más rudimentarias. En la Edad Media, el descubrimiento de lugares
anestésicos y no sangrantes (stigmata diaboli) se consideraba prueba convincente de brujería.
Perturbaciones de la
actividad sensorial.
Pueden afectar a todos los órganos de los sentidos, y presentarse de manera simultánea con
alteraciones de la sensibilidad de la piel o independientemente de estas. La perturbación
histérica de la visión consiste en una amaurosis unilateral o ambliopía, o en una ambliopía
bilateral, nunca en una hemianopsia. Sus síntomas son: fondo de ojo normal, cancelación del
reflejo conjuntivo (debilitamiento del reflejo de la córnea), estrechamiento concéntrico del campo
visual, reducción del sentido de la luz y acromatopsia. A raíz de esta última, se pierde primero la
sensación del violeta, y las que más persisten son las sensaciones del rojo y el azul. Los
fenómenos no responden a ninguna de las teorías sobre la ceguera para los colores; las
diversas sensaciones de color se comportan de manera independiente entre sí. A menudo se
trata de perturbaciones de la acomodación, y de falsas inferencias extraídas de ellas. Los
objetos cobran diferente magnitud según se los acerque al ojo o se los aleje de él, y se los ve
duplicados o multiplicados (diplopía monocular con macropsia y micropsia). La sordera
histérica rara vez es bilateral; casi siempre va unida más o menos completamente a una
anestesia del pabellón de la oreja, del conducto auditivo externo y aun del tímpano. También en
caso de perturbación histérica del gusto y el olfato se descubre por lo general una anestesia de
la piel correspondiente al órgano sensorial respectivo. Parestesias e hiperestesias de los
órganos sensoriales inferiores son frecuentes en los histéricos; a veces hay un extraordinario
refinamiento de la actividad sensorial, sobre todo del olfato y la audición.
Parálisis.
Las parálisis histéricas son más raras que las anestesias, y casi siempre están acompañadas
de anestesia de la parte del cuerpo paralizada; en afecciones orgánicas, en cambio,
predominan las perturbaciones de la motilidad, que aparecen independientemente de una
anestesia. Las parálisis histéricas no toman para nada en consideración el edificio anatómico
del sistema nervioso, que, como es sabido, se traduce de la manera más nítida en la
distribución de las parálisis orgánicas(62). Sobre todo, no existen parálisis histéricas
equiparables a lis parálisis periféricas lacialis, radialis y serratus, o sea, que afecten a grupos de
músculos, o a músculos y piel, en las conjunciones que son establecidas por una inervación
anatómica común a ellos. Las parálisis histéricas sólo son comparables a las corticales, pero
se distinguen de ellas por una serie de rasgos. Existe una hemiplejía histérica que empero, sólo
afecta al brazo y la pierna del mismo lado. No hay una parálisis facial histérica; a lo sumo, junto
a la parálisis de las extremidades aparece un espasmo de los músculos faciales y de la lengua,
que se establece ora del lado de la parálisis, ora del contrapuesto, y se exterioriza, entre otras
cosas, por una desviación excesiva de la lengua. Otro carácter diferenciador de la hemiplejía
histérica reside en que la pierna paralizada no se mueve describiendo círculos en la articulación
de la cadera sino que es arrastrada como un apéndice muerto. La hemiplejía histérica va unida
en todos los casos a una hemianestesia, en la mayoría de los casos muy acusada. Además, en
la histeria hallamos paralíticos un brazo o una pierna por sí, o ambas piernas (paraplejía). En
este último caso puede presentarse, junto a la anestesia de las piernas, una parálisis intestinal y
vesical, con lo cual el cuadro clínico se asemeja mucho al de una paraplejía espinal. La parálisis
puede extenderse, no ya a una extremidad íntegra, sino a fragmentos de ella: mano, hombros,
codos, etc. En todo esto no se produce preferencia alguna por la porción terminal del miembro,
no obstante que uno de los caracteres de la parálisis orgánica es que siempre se acusa de
manera más nítida en la porción distal que en las proximales. A raíz de una parálisis parcial de
una extremidad, la anestesia suele presentar los mismos límites que la parálisis, y está
circunscrita por circunferencias perpendiculares al eje longitudinal del miembro. En las parálisis
histéricas de las piernas, el triángulo de piel entre los músculos glúteos, correspondiente al
sacro, escapa a la anestesia. En todas estas parálisis, no importa cuánto duren, faltan los
fenómenos de la degeneración descendente; con frecuencia hay un alto grado de flaccidez
muscular, la conducta de los reflejos es inconstante; por su parte, las extremidades paralizadas
pueden atrofiarse, y de hecho sufren una atrofia que se desarrolla con mucha rapidez, llega
pronto a la detención y no está acompañada por alteración alguna de la excitabilidad eléctrica. A
la parálisis de las extremidades corresponde agregar la afasia histérica, la mudez en sentido
estricto, que consiste en la incapacidad para pronunciar un sonido articulado o [incluso] para
ejecutar movimientos fonatorios implícitos. Siempre va acompañada de afonía, que también se
presenta por sí sola; en ella se mantiene, y aun se acrecienta, la capacidad de escribir. Las
restantes parálisis motrices de la histeria ya no se dejan referir a partes del cuerpo, sino sólo a
funciones; por ejemplo, la astasia y la abasia (incapacidad de mantenerse en pie y de caminar),
que ocurren no obstante conservarse la sensibilidad de las piernas así como la fuerza tosca de
ellas, y persistir la posibilidad de ejecutar todos los movimientos en posición horizontal. Esta
división entre las funciones y sus músculos no se observa en caso de haber lesiones
orgánicas. Todas las parálisis histéricas se singularizan por ser de gran intensidad y no
obstante, poder circunscribirse a una determinada parte del cuerpo, mientras que las parálisis
orgánicas por lo general se extienden a un ámbito mayor cuando su intensidad se acrecienta.
Contracturas.
En formas más graves de histeria hay una inclinación general de la musculatura a responder
con una contractura a estímulos leves (diathèse de contracture). La mera aplicación de una
venda de Esmarch puede bastar para ello. Semejantes contracturas a menudo sobrevienen
también en casos menos graves, y en los más diversos músculos. En las extremidades se
singularizan por su excesiva magnitud y pueden producirse en cualquier postura, no explicable
por una estimulación de troncos nerviosos singulares. Son enormemente tenaces; a diferencia
de las contracturas orgánicas, no ceden mientras se duerme; y su intensidad no varía por obra
de la excitación, la temperatura, etc. Sólo aflojan en narcosis muy profunda, para restablecerse
con toda su magnitud tras el despertar. En los restantes órganos, tanto de los sentidos como
vísceras, las contracturas musculares son muy frecuentes y, en una serie de casos,
constituyen el mecanismo por el cual en las parálisis se cancela la función. También la
tendencia a los espasmos clónicos está muy acrecentada en la histeria.
Caracteres generales.
La sintomatología histérica posee una serie de caracteres generales cuyo conocimiento es
significativo tanto para el diagnóstico como para la concepción de esta neurosis. Los
fenómenos histéricos tienen preferentemente el carácter de lo excesivo: un dolor histérico es
descrito por el enfermo como doloroso en grado máximo; una anestesia y una parálisis
fácilmente pueden volverse absolutas; una contractura histérica opera el máximo de
contracción de que un músculo es capaz. Y a todo esto, cada síntoma puede presentarse por
así decir aislado: anestesias y parálisis no van acompañadas por los fenómenos generales que
en los casos de lesiones orgánicas atestiguan la afección encefálica, y que por su significación
eclipsan, en general, a los síntomas focales. junto al lugar de la piel de insensibilidad absoluta,
se encuentra también uno de sensibilidad absolutamente normal; y junto a un brazo paralizado,
una pierna enteramente intacta del mismo lado. Es particularmente característica de la histeria
la conjunión entre un desarrollo máximo de la perturbación y su más tajante deslinde; además,
los síntomas histéricos son móviles de una manera que de antemano refuta toda conjetura de
lesión materia Esta movilidad de los síntomas sobreviene de manera espontánea (p. ej., tras
ataques convulsivos que suelen alterar la distribución de parálisis y anestesias o cancelarlas), o
bien por influjo artificial ejercido con los medios llamados astesiógenos, como la electricidad, la
aplicación de metales, el uso de estímulos sobre la piel, de magnetos, etc. Este último influjo
parece tanto más notable cuanto que un sistema nervioso histérico exterioriza, como, regla,
gran resistencia a todo influjo químico por medicación interna, y reacciona de manera
directamente anómala frente a narcóticos como la morfina y el clorhidrato. Entre los medios
capaces de remover síntomas histéricos cabe destacar, en particular, el influjo de la excitación
y de la sugestión hipnótica, esta última porque apunta de manera directa al mecanismo de una
perturbación histérica y no puede ser sospechosa de ejercer influjos que no sean psíquicos. En
el desplazamiento de síntomas histéricos se destacan algunas llamativas constelaciones.
Mediante intervenciones «astesiógenas» es posible trasferir (übertragen} una anestesia,
parálisis, contractura, temblor, etc., sobre el lugar simétrico de la otra mitad del cuerpo
(transfert(63)), al tiempo que se normaliza el lugar originariamente afectado. Así, en la histeria
se comprueba la relación simétrica que, por otra parte, también desempeña un papel somero
en el estado fisiológico -así como, en verdad, las neurosis no crean nada nuevo, sino que sólo
desarrollan y exageran unas relaciones fisiológicas-. Otro carácter, importante en extremo, de
las afecciones histéricas es que de ningún modo ofrecen un reflejo de la constelación
:anatómica del sistema nervioso. Se puede decir que, acerca de la doctrina sobre la estructura
del sistema nervioso, la histeria ignora tanto como nosotros mismos antes que la
conociéramos(64). Como es sabido, los síntomas de afecciones orgánicas espejan la anatomía
del órgano central y son las más confiables fuentes para nuestras noticias sobre este último.
Por eso se debe rechazar la idea de que habría en la base de la histeria una posible
perturbación orgánica, y tampoco es lícito invocar como causa de perturbaciones histéricas
unos influjos vasomotores (espasmos vasculares). Un espasmo vascular es una alteración esencialmente orgánica cuyo efecto es comandado por unas constelaciones anatómicas, y se
distingue de una embolia, por ejemplo, sólo por no generar una alteración permanente.
Junto a los síntomas físicos de la histeria cabe anotar una serie de perturbaciones psíquicas, en
las que ciertamente algún día se descubrirán las alteraciones características de esta
enfermedad, pero cuyo análisis apenas ha sido abordado hasta ahora. Se trata de alteraciones
en el decurso y en la asociación de, representaciones, de inhibiciones de la actividad voluntaria,
de acentuación y sofocación de sentimientos, etc., que se resumirían, en general, como unas
modificaciones en la distribución normal, sobre el sistema nervioso, de las magnitudes de
excitación estables. Una psicosis, en el sentido que le dan los psiquiatras, no pertenece a la
histeria, pero puede desarrollarse sobre la base del status histérico, y en tal caso se la debe
concebir como una complicación. Lo que popularmente se suele calificar de «temperamento
histérico» -la inconstancia de la voluntad, los cambios de talante, el acrecentamiento de la
excitabilidad con relajación de todos los sentimientos altruistas- puede presentarse en la
histeria, pero no es absolutamente necesario para su diagnóstico. Existen histerias graves en
las que falta por completo una alteración psíquica de esa índole; muchos de los enfermos que
pertenecen a esa clase se cuentan entre las personas más amables, de voluntad más firme y
mente más clara, y sienten nítidamente las exteriorizaciones de su enfermedad como algo
ajeno a su ser. Los síntomas psíquicos tienen su significatividad para el cuadro total de la
histeria, pero no son más constantes que los síntomas fís icos tomados por separado, los
estigmas. En cambio, las alteraciones psíquicas, que es preciso postular como base del status
histérico, se despliegan por entero en el ámbito de la actividad encefálica inconciente,
automática. Quizá quepa destacar todavía que en la histeria el influjo de procesos psíquicos
sobre los procesos físicos del organismo está acrecentado (como en todas las neurosis), y que
el enfermo de histeria trabaja con un excedente de excitación en el sistema nervioso, el cual se
exterioriza ora inhibiendo, ora estimulando, y es desplazado con gran libertad dentro del sistema
nervioso. ver nota(65)
La histeria se debe considerar como un status, una diátesis nerviosa, que de tiempo en tiempo
produce estallidos. La etiología del status hystericus ha de buscarse por entero en la herencia:
los histéricos están siempre dispuestos por herencia a unas perturbaciones de la actividad
nerviosa, y entre sus parientes se encuentran epilépticos, enfermos psíquicos, tábicos, etc.
También se observa una trasferencia hereditaria directa de la histeria, que, por ejemplo, está en
la base de la aparición de histeria en muchachos (por herencia materna). Todos los otros
factores ocupan un segundo plano frente a la herencia, y desempeñan el papel de unas causas
ocasionales cuyo significado se suele sobrestimar en la práctica(66). Sin embargo, las causas
accidentales de la histeria son importantes, puesto que desencadenan la emergencia de
estallidos histéricos, de histerias agudas. Como factores aptos para propender al desarrollo de
una predisposición histérica, cabe mencionar: educación afeminadora (histeria en hijos únicos),
despertar prematuro de la actividad intelectual en niños, excitaciones frecuentes y violentas.
Todos estos influjos son igualmente aptos para hacer madurar neurosis de otra índole (p. ej.,
neurastenia), de suerte que en esto resalta el decisivo influjo de la predisposición hereditaria.
Como factores que producen estallidos de afección histérica aguda, corresponde consignar:
traumas, intoxicaciones (plomo, alcohol), preocupaciones, emociones, enfermedades
agotadoras y, en suma, todo cuanto sea capaz de ejercer un vigoroso efecto nocivo. Otras
veces, unos estados histéricos se desarrollan a menudo con ocasiones ínfimas u oscuras,
Por lo que atañe al influjo predominante, tantas veces aseverado, de unas anormalidades de la
esfera sexual sobre la génesis de la histeria, es preciso decir que su significatividad suele
sobrestimarse. En primer lugar, se halla histeria en niñas y niños sexualmente inmaduros, y por
otra parte la neurosis aparece también con todos sus signos distintivos en el sexo masculino,
sólo que es muchísimo más rara en este (1:20). Además, se ha observado histeria con
insuficiencia total de los genitales, y todo médico habrá visto una serie de casos de afección
histérica en mujeres cuyos genitales no mostraban ninguna clase de alteración anatómica -y, a
la inversa, la mayoría de las mujeres con afecciones en los genitales no padecen de histeria-.
No obstante, se debe admitir que unas constelaciones funcionales relativas a la vida sexual
desempeñan un gran papel en la etiología de la histeria (así como de todas las otras neurosis), y
ello a causa de la elevada significatividad psíquica de esta función, en particular en el sexo
femenino. El trauma es una causa ocasional frecuente de afecciones histéricas, en doble
dirección: en primer lugar, un fuerte trauma corporal, acompañado de terror y parálisis
momentánea de la conciencia, despierta una predisposición histérica inadvertida hasta
entonces; y, en segundo lugar, por convertirse la parte del cuerpo afectada por el trauma en
sede de una histeria local. Así por ejemplo, en ciertos histéricos, tras un accidente con leve
contusión de una mano, se desarrolla una contractura de esta mano o, bajo condiciones
análogas, una coxalgia dolorosa, etc. Tener noticia sobre estas pertinaces afecciones posee el
máximo valor para los cirujanos, cuya intervención en tales circunstancias sólo puede ser
nociva. No siempre es fácil el diagnóstico diferencial de estos estados, en particular en el caso
de las afecciones articulatorias. Los estados provocados por traumas generales graves
(accidentes ferroviarios y similares), conocidos como «railway spine» y «railway brain(67)»,"
son concebidos por Charcot como histeria, en lo cual concuerdan autores norteamericanos
cuya autoridad en esta materia es indiscutible. Esos estados suelen presentar el aspecto más
sombrío y grave, van unidos a una depresión y una desazón melancólica, y al menos en una
serie de casos muestran combinación de síntomas histéricos con neurasténicos y orgánicos.
Charcot ha demostrado también que la encefalopatía del saturnismo pertenece a la histeria, y
que muchas anestesias de los alcohólicos no constituyen una afección particular, sino que son
síntomas de histeria. A pesar de ello, se opone a postular otras tantas subvariedades de histeria
(traumática, alcohólica, de saturnismo, etc.); sostiene que la histeria es siempre la misma, sólo
que es despertada por diferentes causas ocasionales. También en una sífilis reciente se ha
observado un estallido de síntomas histéricos.
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