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14/11/2006
Experto
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Los máximos valores los perdemos de vista.
Siempre debemos de ver nuestra situación como algo que debe de dejarnos una enseñanza.
Todos los días me levanto con el dolor de las partes del cuerpo que me molestan, y me digo, señor gracias porque estoy vivo, señor gracias porque puedo caminar y decir que me duelen los pies, las piernas, las rodillas, señor gracias que tengo mis piernas, otros no las tienen. También digo, señor gracias porque me duelen los brazos, las muñecas, los dedos, los hombros, porque los tengo, existen otras personas que no tienen brazos, siempre recuerdo, señor gracias que me duele la espalda, la cintura, el cuello, algunas otras personas ya no pueden sentir esos dolores, son cuadrplégicos, paraplégicos.
Por todo lo anterior y demás que podemos tener, siempre doy las gracias. Siempre.
Y por lo más importante, estoy vivo y puedo reponerme de todo.
Mi cuerpo es único, soy YO. No existe nadie igual a mí. Tarde años en descubrirlo pero eso pasa. Pero no dejar de lado que es uno. Nadie siento lo que yo, veo lo que yo, sabe lo que yo. Soy especial, aunque no haga nada, soy especial.
Todo depende desde donde lo quiere uno ver, desde el fondo o desde la punta del hoyo en donde pensamos que nos encontramos.
Ahora, otro acervo que se debe de tener es lo siguiente. Sube una persona a ver a Dios y le dice, señor ayudame con mi cruz que ya no la puedo soportar y cargar con ella, es muy pesada. El señor le indica una pequeña puerta al fondo del lugar donde se encontraban platicando y le dice: Hijo, ve, abre la puerta y deja ahí tu cruz, busca dentro de ese cuarto la que más te agrade y tomala, es tuya.
El hombre se apresura a seguir las instrucciones, pensando en que el señor no vaya a cambiar de opinión. Abre la puerta, deja la cruz en un espacio vacío que vió. Y empieza a recorrer el inmenso número de cruces que están dentro, tarda horas. Harto de buscar y cansado, al final ve a lo lejos en un rinconcillo, una pequeña cruz.
Le dice emosionado a Dios: Señor, ya la encontre, es aquella que esta en aquel rincón, la puedo tomar?
Y el señor le contesta: Si, hijo mío. Si la puedes tomar. Pero no se te olvide algo hijo mío, la cruz que eliges es la que deberás de soportar toda la vida. El hombre le contesta: Si señor, eso es lo que voy a hacer.
Bueno hijo mío, le indica el señor, esa cruz que te llevas es la misma con la que llegaste a mi presencia.
Si tomamos la moraleja, es lo mismo que le comento, todo esta dentro de uno mismo, nadie va a venir a resolver nuestros problemas.
Le puedo escribir y escribir, pero si dentro de ustede no quiere realizar cambios, nunca va a salir de donde se encuentra...
Saludos
David Enciso
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