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Bueno, pues te cuento :)
Verás. Todos los verbos necesitan un número de complementos que obligatoriamente hay que darles. Estos complementos se llaman "ARGUMENTOS". Los hay con ningún argumento (como cuando dices "llueve"), con un argumento (Pedro ríe), con dos (Pedro cogió la piedra) o con tres (Pedro colocó la piedra en la mesa). Generalmente (recuerda que el lenguaje está lleno de contraejemplos y excepciones, te hablo siempre en general y sin entrar en temas demasiado complicados). Generalmente, como decía, el primer argumento es el sujeto de la oración, el segundo es el complemento directo y el tercero es el indirecto (si es una persona) o el circunstancial (si es un lugar, un tiempo, un instrumento, un modo...).
Bien, visto esto, pasamos al verbo "soñar". ¿Cuántos argumentos necesita obligatoriamente este verbo? Necesitamos que alguien sueñe. Nada más. ¿Solo un argumento? En absoluto. El verbo soñar tiene trampa, como otros muchos. Hay argumentos que están "incluidos" dentro del verbo. Por ejemplo, generalmente decimos "Pedro está comiendo en la cafetería", o "Pedro está comiendo solo", pero el argumento que realmente necesita el verbo "comer" es... exacto: comida. Pero es algo que está implícito dentro del verbo, no sé si me explico...
De este modo pasa con el verbo soñar. Una prueba la tienes en la sustitución. En este caso, la palabra "la" sería sustituto de objeto directo (segundo argumento). Como es un pronombre, debería poder ser sustituible por un nombre:
*Ayer Cristina soñé (no sé si estás familiarizado con la terminología, pero un asterisco delante de una frase significa que es agramatical).
Ayer con Cristina soñé.
No es, por tanto, correcto. Por otro lado, si quieres explicarlo semánticamente, un sueño generalmente es un suceso, una acción, no sueles soñar con una imagen estática de una persona (aunque el mundo de la semántica es tan variado que claro, es posible interpretarlo así... y el mundo de los sueños, ni te cuento lo variado que es ;) ).
No sé, espero haberte aclarado más o menos la cosa. En esencia, "soñamos sueños", no "soñamos objetos", ni "soñamos personas", ni "soñamos lugares". Si eres escritor de poesía, has de saber que la licencia poética es inmensa con un verbo tan (perdón por la redundancia) poético. Te dejo, para muestra de esto, un poema precioso de Pablo Neruda, y te animo a soñar como te venga en gana, más allá de la lingüística. Tus sueños son tuyos. Haz de ellos lo que quieras.
Yo te soñé una tarde
Mujer, hecha de todas mis ficciones reunidas
has vibrado en mis nervios como una realeza
llorando en los senderos de la ilusión perdida
siempre he sentido el roce de tu ignota belleza.
Marchitando mis sueños y mis buenas quimeras
te he forjado a pedazos celestes y carnales
como un resurgimiento, como una primavera
en la selva de tantos estúpidos ideales.
He soñado tu carne divina y perfumada
en medio de un morboso torturar de mi ser,
y aunque eres imprecisa, sé como eres, amada,
ficción hecha realeza en carne de mujer.
Yo te miro en los ojos de todas las mujeres,
te miro pero nunca te he podido encontrar
y hay en el desencanto el encanto de que eres,
o que serás más bella que una mujer vulgar...
Te sentirán mis sueños eternamente mía
brotando de la bruma de todas mis tristezas
como germinadora de raras alegrías
que avivarán la llama de tu ignota belleza.
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